Creí haber curado al hermano enfermo del villano - Capítulo 9
—...¿Eh?
Ariel
parpadeó lentamente, tomándose su tiempo para procesar si había escuchado bien.
Cuando se giró despacio hacia Merrien, ella tenía los brazos cruzados con total
confianza, imitando la misma postura que él había adoptado momentos antes.
«En la
historia original, el Señor de la Torre secuestra a Merrien, así que no hay
razón para que Ariel y yo estemos conectados de forma tan aleatoria».
Merrien pensó
que no era necesario decir tales cosas en voz alta. Y al ver que Ariel no
pronunciaba palabra, pareció convencerse de que su hipótesis era correcta y
continuó hablando:
—Incluso si
tu verdadero ser es más fuerte que el Señor de la Torre, es obvio que perderías
en tu estado actual. Pero viendo que hiciste un contrato con él usando «Magia
de Muerte» o lo que sea, eso debe significar que son cercanos.
—...
—El fantasma
blanco que aparece en los pasillos después de las seis de la tarde... es el
Señor de la Torre, ¿verdad?
El Señor de
la Torre, con su cabello blanco, solo aparecía por las noches. Y el fantasma
blanco se dejaba ver en la mansión Hartez después de las seis de la tarde. De
algún modo, encajaba demasiado bien. Ariel y el Señor de la Torre eran
cercanos, y hasta esas circunstancias coincidían. Eso solo podía significar que
eran familia, ¿no? Bueno, Ariel podría ser el hermano mayor, pero dado lo
enfermizo que estaba, ella asumió que debía ser el menor.
«¿Acaso
pensabas que estaba deambulando por la mansión sin pensar en nada?».
Al ver que
Ariel solo la miraba fijamente y parpadeando, se sintió todavía más segura de
sí misma.
Después de
reflexionar por un momento con la cabeza baja ante la limpia conclusión a la
que ella había llegado, Ariel finalmente dejó escapar un suspiro de
resignación:
—…Sí, tienes
razón.
—¡Lo sabía,
justo como pensé!
Con esto, lo
que era una simple sospecha se convirtió en una certeza. Por supuesto, no pudo
evitar sentir un miedo instintivo al saber que el Señor de la Torre estaba tan
cerca. Tal vez por eso mismo...
—Ariel.
Una voz seria
brotó de los labios de Merrien, y las pupilas de Ariel se dilataron, pues no se
esperaba esto para nada. Su cuerpo, que se había relajado un poco, volvió a
tensarse de inmediato.
—Definitivamente
te salvaré.
De todas las
cosas que Merrien había dicho hasta ahora, o que diría en el futuro, esta era
la declaración de mayor peso. El sistema decía que una vez que la barra de
curación estuviera llena, podría curar por completo la enfermedad de una
persona específica. Si era necesario, ella erradicaría la enfermedad de Ariel.
—Honestamente,
creo que a mí también me gusta este tipo de vida. Así que asegúrate de cumplir
tu promesa tú también.
Sus miradas
serias se cruzaron con mayor intensidad que de costumbre. Aunque la propia
Merrien pensó que era una declaración de peso, no se imaginó el impacto que
causaría más adelante.
«Ni
siquiera espero que el Señor de la Torre se arrodille».
Solo hasta
que la barra de curación estuviera llena. Si podía vivir en paz sin morir hasta
entonces, sentía que no habría nada más que pudiera pedir en este lugar.
Ariel, que se
había quedado aturdido otra vez, parpadeó después de un momento y murmuró en
voz baja:
—Merri.
Realmente eres una persona amable.
—…¿A qué
viene eso? Si hace un momento dijiste que era malvada.
Merrien no
era lo suficientemente desenvuelta como para aceptar con facilidad una actitud
seria de parte de alguien que usualmente actuaba de forma juguetona. Además,
por alguna razón, sus ojos azules lucían hoy tan claros como un lago que
refleja el cielo despejado, haciéndola sentir extrañamente tímida.
—A veces, las
personas se convierten en los salvadores de alguien más sin siquiera saberlo.
Y al verse a
sí misma, con su cabello rosa y sus ojos color naranja, reflejada con tanta
nitidez en esos ojos, se quedó momentáneamente sin aliento ante la abrumadora
presión. Sin embargo...
—Merri. Esa
es una frase del libro de romance que ordenaste, [Las circunstancias
secretas de ese duque].
La atmósfera
sofocantemente pesada se hizo añicos por completo.
—…¡Oye!
«¿Qué?
¿Leíste eso? ¿En qué momento leiste esos libros de romance que deslicé a
escondidas, que eran apenas tres de cada cien?».
Aunque
Merrien gritó con el rostro encendido por la vergüenza, Ariel ya había salido
de la habitación. Asomó la mitad de la cara por el umbral y entrecerró los ojos
con picardía:
—Merri. Ahora
sé que tu tipo ideal son los duques obsesivos.
—¡Cielos,
tú…!
El puño
cerrado de Merrien tembló. No podía golpearle la cara. En realidad, quería
esconderse en la madriguera de un ratón mientras los dedos de sus pies se
encogían de la vergüenza.
¡¡¡Kuooo-!!!
Sin embargo,
al escuchar el intenso grito de Alexander-como-se-llame desde atrás, Merrien
también salió apresuradamente de la habitación. No le quedó más remedio que
seguirlo mientras fulminaba con la mirada la irritante espalda de Ariel.
—Merri. ¿De
verdad te gustan los hombres obsesivos?
—…Las
preferencias en los libros y las preferencias en la realidad son diferentes.
—¿En serio?
—¡Auch!
De repente,
se golpeó la nariz contra la espalda de él cuando este se detuvo en seco.
—¡¿Por qué tu
espalda es tan dura?!
¡Pensé que se
me rompería la nariz! Merrien frunció el ceño mientras se frotaba la nariz de
un lado a otro. Mientras tanto, Ariel se dio la vuelta con total fluidez.
—Merri. ¿Te
desagrada la obsesión?
—…¿Eh?
De pronto, la
sombra de él la cubrió. Sobresaltada por la repentina y enorme silueta, Merrien
olvidó la pregunta y se perdió en sus pensamientos.
«Este
tipo, Ariel, tiene los hombros más anchos de lo que pensaba. Y su estatura… es
bastante alto».
A juzgar por
cómo tenía que levantar bastante la cabeza para mirarlo, él parecía ser al
menos dos palmos más alto que ella. Habiendo visto únicamente su aspecto
enfermizo recostado o sentado en la cama, estar tan cerca de él mientras
permanecía de pie se sentía extrañamente desconocido.
—¿Mmm?
Se sobresaltó
y dio un paso atrás cuando el rostro de él se acercó de repente mientras ella
estaba perdida en sus pensamientos.
—…¡Ah!
Cuando
Merrien perdió el equilibrio y tropezó, Ariel la sujetó de forma natural
rodeándole la cintura con el brazo para sostenerla. Esto hizo que sus rostros
quedaran aún más cerca.
—Te pregunté,
Merri. ¿Te desagrada la obsesión?
Debido a que
estaban sumamente cerca, podía sentir su respiración en el rostro con cada
susurro, haciendo que se le erizara la piel. Al sentir su persistente mirada
fija en sus labios, ella habló a toda velocidad:
—…Bueno, que
te guste el contenido provocativo y la realidad son cosas diferentes, ¿no?
Honestamente, no lo sé porque nadie se ha obsesionado conmigo jamás.
¿Acaso había
hablado tan rápido alguna vez en su vida? Se sorprendió de su propia
honestidad, pero no obtuvo respuesta. Finalmente, tras pasar un buen rato,
desistió de esperar una contestación. De todos modos, ese no era el problema
ahora.
—¿Y hasta
cuándo vas a seguir sosteniéndome la cintura?
Por más que
parpadeó sugiriéndole que la soltara, él no mostró ninguna intención de liberar
su cintura. En su lugar, bajó la mirada como si estuviera reflexionando, y
pronto fijó sus ojos en los de Merrien.
—¡…!
Ante esto,
Merrien casi se cubre la boca. Era la primera vez que veía sus ojos azules
desde tan cerca. Así que, inconscientemente, murmuró lo que antes solo había
pensado para sí misma:
—Vaya,
realmente son como un lago. Tus ojos son muy hermosos.
En ese
preciso instante...
[♥
140] [♥ 142]
El corazón de
Ariel comenzó a dar brincos.
—…¿Mmm?
Incluso
mientras temblaba como si estuviera a punto de desplomarse, no retiró la mano
de su cintura.
¡Zas!
Merrien lo recostó rápidamente tras darle un manotazo en la mano.
—¡Ariel! ¡Te
voy a curar!
Estaba a
punto de infundirle poder sagrado al ver cómo se disparaba su ritmo cardíaco,
pero Ariel la sujetó de la muñeca, impidiéndoselo. Merrien miró pensativa su
muñeca atrapada antes de trasladar su mirada hacia él.
—¿Qué estás
haciendo?
—No es porque
me duela.
[♥
145]
«No, a ver,
tus latidos están corriendo hacia los 150, ¿sabes?».
Al mirar esos
ojos azules que la observaban con fijeza, Merrien solo pudo dejar escapar una
risa vacía. Ariel habló con total naturalidad:
—Escuché del
mayordomo que en momentos como este...
—Sí, ¿qué?
—La
respiración boca a boca ayuda.
—...
Merrien le
dio una bofetada a esos labios impertinentes.
—Auch.
Sin escuchar
nada más, le infundió poder sagrado. Sus ojos eran fríos como el hielo.
«Señor
Mayordomo. ¿De dónde saca semejantes cosas y por qué demonios se las anda
diciendo?».
Aun así, se
concentró en la curación con bastante calma. No podía permitirse descuidos
frente a un paciente. Por alguna razón, su ritmo cardíaco pareció disminuir de
forma más gradual que cuando lo curaba durante el día. Solo después de ver que
sus latidos regresaban a la normalidad, Merrien habló:
—Esto no
funcionará. El paciente se la pasa caminando de un lado a otro, por eso tu
cuerpo no mejora ni siquiera después de la curación.
Ariel levantó
el torso abruptamente, como si se sintiera ofendido:
—Iba a ir a
la biblioteca con Merri.
—No. Te
llevaré a tu habitación. Puedo ir a la biblioteca sola.
—…Bueno,
supongo que no se puede evitar.
A pesar de
refunfuñar con voz de víctima, Ariel asintió estando de acuerdo. Los ojos de
Merrien se abrieron de par en par ante su inesperada y dócil conformidad. No
obstante, necesitaba mandarlo a su habitación de inmediato. Si iban juntos a la
biblioteca, quién sabe qué tonterías sacaría a relucir allí.
Mientras
Merrien se ponía de pie rápidamente y se sacudía con brusquidad el vestido que
se había ensuciado mientras estaba sentada, se dispuso a sostenerlo para
ayudarlo a levantarse.
—Aparté los
libros [El pasatiempo secreto de la Santa] y [Cómo domar a una
bestia] que ordenaste, así que leámoslos juntos la próxima vez.
…Como era de
esperarse, tenía otras intenciones.


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