Creí haber curado al hermano enfermo del villano - Capítulo 8

Capítulo 8

 

—¡¿Qué pasa?! ¡¿Te duele el corazón?!

—…Sí.

Merrien soltó de inmediato el tenedor que sostenía y colocó su mano sobre el corazón de Ariel. Al ver su expresión, no habría sido extraño que empezara a toser sangre como en su primer encuentro con Blanquito.

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—¿...?

Sin embargo, su ritmo cardíaco ya había vuelto a la normalidad gracias a la curación reciente. Si el dolor hubiera sido severo, sus pulsaciones se habrían disparado por las nubes.

—Eso no es verdad. ¿Qué está pasando?

De repente, los ojos azules de Ariel quedaron justo frente a ella, cruzando sus miradas con total claridad. Él habló en un tono monótono y con una expresión seria:

—Me duele el corazón porque no estoy comiendo carne.

—...

Habrase visto. La mano de ella se movió por sí sola, dándole un manotazo en la espalda.

—Auch.

Se pudo escuchar un jadeo colectivo por parte de los sirvientes que observaban desde lejos, pero Merrien no les prestó atención.

—Toma, esto también es carne. —Se alejó un poco de él y le pinchó un trozo de pescado con el tenedor.

—No, el pescado es diferente de la carne.

—Solo imagina que es carne mientras te lo comes.

—Merri parece malvada. Realmente cruel. Quizá no eres una Santa, sino una villana.

—Qué lástima. Ser una villana significa que probablemente ya no pueda curar más.

—Ah, eso no funcionó.

—¿A qué te refieres con que «funcionó» o «no funcionó»? ¡Deja de juguetear con la comida y come bien!

Ella continuó regañándolo desde una posición que estaba en algún punto intermedio entre una madre y una amiga.

—Bueno, yo ya terminé mi porción, así que tienes que comerte el resto… ¡Ah!

Mientras le hablaba a Ariel, la comida que quedaba en su tenedor goteó sobre su mano. La sirvienta que corría a ayudarla se detuvo en seco.

—…¿Ariel?

Merrien solo pudo pronunciar su nombre mientras se quedaba completamente congelada. Porque, en un instante, él le había tomado la mano y se la había lamido.

La pequeña cantidad de comida que había goteado ya había desaparecido hacía rato. Pero, como si estuviera decidido a limpiar cada dedo minuciosamente, su lengua recorrió lentamente de un lado a otro. Además, por la razón que fuera, miraba a Merrien con una sonrisa traviesa.

—…¿Qué se supone que estás haciendo exactamente?

Merrien, que se había quedado estupefacta por un buen rato, finalmente logró hablar. Solo entonces él se apartó, pareciendo satisfecho.

—Dijiste que me comiera todo lo que quedaba. Solo estoy haciendo lo que Merri me dijo.

—...

Esto lo confirmaba. Se mirara por donde se mirara, esto tenía que ser un efecto secundario de la curación excesiva. Si no era eso…

«Nadie me dijo nunca que el duque Hartez estaba loco…».

Merrien, quien por un momento había caído en la desesperación, de repente lo miró con una expresión amarga. Él simplemente siguió sonriendo con aire complacido.

«Cielos, olvídalo».

Se rindió en su intento de comprenderlo, se limpió, se arregló la ropa y se puso de pie. Si quería explorar la mansión hoy, necesitaba irse ahora mismo.

—Ariel. Entonces hoy también…

—Yo también iré.

—¿Eh?

A diferencia de lo habitual, cuando solía seguir a las sirvientas que retiraban el almuerzo, hoy fue diferente. Merrien solo giró la cabeza ante su entusiasta respuesta, pensando: «Seguro escuché mal».

—Voy a recorrer la mansión contigo.

—…¡Tú!

Cuando Ariel se levantó como si hubiera estado esperando este momento, Merrien no pudo evitar sorprenderse. Después de todo, él era como la encarnación humana del lema «fuera de las cobijas es peligroso» y jamás había salido de su cama.

—Ya he recibido suficiente curación y estoy mucho más estable, así que ya es hora de que empiece a moverme.

Al verlo encogerse de hombros con aire despreocupado, Merrien lanzó una mirada hacia el espacio vacío.

[Cantidad de Curación 2000/10000]

«…Bueno, viendo cómo ha aumentado la cantidad de curación, sí que se ha puesto mucho mejor».

Tal vez pensando que ella estaba preocupada al ver que se quedaba en silencio, Ariel puso una expresión extraña y le tendió la mano.

—¿Qué?

—Si estás tan preocupada, puedes sostenerme la mano.

—...

«Vaya, realmente no tiene vergüenza».

Ariel podía adivinar con facilidad lo que Merrien decía solo con el movimiento de sus labios. A pesar de eso, mantuvo su mano extendida con persistencia, fingiendo no darse cuenta.

Suspirando, Merrien lo sujetó ligeramente de la ropa en lugar de la mano, preocupada de que realmente pudiera desplomarse.

—Dime de inmediato si empiezas a sentirte mal o si crees que vas a colapsar.

—De acuerdo.

Encontrando algo divertido en la situación, Ariel dejó escapar una risa y tomó la delantera. De algún modo, la mano que sostenía su ropa parecía ponerse nerviosa.

—Hay algo que quiero mostrarte. Vayamos allá.

—Mmm, está bien.

…Ella pensó que esa sonrisa parecía un tanto sospechosa. Y eso no era solo su imaginación.

*******

—Esta es mi mascota.

—…¿A esto le llamas una mascota?

La puerta, que tenía lo que parecían ser al menos una docena de cerraduras, debió haber sido la primera señal de que algo andaba mal.

Ante ellos apareció un perro de tres cabezas que parecía duplicar el tamaño de un cuerpo humano. En realidad, tal vez ni siquiera sería correcto llamarlo perro. Contando su torso, era tan enorme que casi llenaba por completo la gran habitación.

—Sí, salúdalo. Él es «Christopher Alexander Montgomery Harrison».

¡¡¡GROOOAR-!!!

La «mascota» dejó escapar un fuerte rugido como si respondiera a las palabras de Ariel. Su voz fue tan potente que Merrien tuvo que comprobar varias veces si le estaban sangrando los oídos. Con el cabello ya todo alborotado por culpa de ese único y atronador aullido, Merrien giró la cabeza con rigidez.

—Esto… ¿no es una bestia mágica?

—Ya sea una bestia mágica o un animal, ¿acaso no son todos lo mismo cuando los tienes como mascotas?

Ariel ladeó la cabeza con unos ojos puros e inocentes como los de un niño. El mayor problema era que resultaba imposible saber si sus palabras eran una broma o si lo decía en serio.

«Esto es verdaderamente enloquecedor».

El agarre que tenía en la ropa de él, que originalmente era para sostenerlo si se caía, se había convertido ahora en el salvavidas de Merrien. La prenda ya estaba severamente arrugada por culpa de sus manos temblorosas, que la estrujaban con fuerza. Lo que era aún más desquiciante era cómo Ariel sugería algo completamente absurdo con una expresión de lo más casual.

—Merri, a Alexander le gusta que lo acaricien. Intenta tocarlo.

—No, prefiero no hacerlo.

—Mi bebé no muerde.

—¿Acaso no está enojado? ¡Si está mostrando los dientes de esa manera!

—Eso significa que está feliz. Ya sabes, ¿así como ronronean los gatos?

—Se mire por donde se mire, esto definitivamente no es un gato, sino más bien un perro.

¿Cuál ronroneo? Era claramente el gruñido de un animal carnívoro y, a juzgar por la saliva que chorreaba, era obvio que estaba desesperado por comerse algo. Para colmo, ni siquiera estaba amarrado, y su pata, que era tan grande como todo el cuerpo de Merrien, comenzó a dar pasos hacia el frente.

«¡…Me va a comer!».

Experimentó en carne propia lo real que es eso de que el miedo extremo puede paralizarte. En esa situación, lo único que pudo hacer fue cerrar los ojos con fuerza.

Tap-.

—¿…?

Pero lo que tocó su frente no fueron unos dientes afilados, sino algo húmedo. Merrien abrió los ojos, conmocionada.

—¡Guau!

—¿Ves? A Alexander también le agradas.

Increíblemente, la enorme nariz del perro la estaba tocando y apartándose de su frente. Cuando miró a Ariel con una expresión aturdida, él se cruzó de brazos con orgullo. Sonrió de forma juguetona, tal vez con picardía, como si recordara algo.

—El Emperador… no, Su Majestad el Emperador se orinó encima del miedo.

Pero había algo extraño en esas palabras. Tras quedarse perdida en sus pensamientos por un momento, Merrien no pudo contener su pregunta:

—¿Hablas como si lo hubieras visto de primera mano? Ahora que lo pienso, escuché que el Señor de la Torre llevó una bestia mágica ante Su Majestad el Emperador. Esta bestia mágica debe pertenecer al Señor de la Torre, ¿verdad?

Merrien extendió la mano como si se hubiera dado cuenta de algo. La bestia mágica, pensando que la iban a acariciar, acercó su rostro con entusiasmo.

—¡…Ah!

Mientras Merrien era tomada con la guardia baja y se veía obligada a acariciar a la bestia mágica sin siquiera poder gritar, Ariel también se puso nervioso y se cubrió la cara.

—…Ah, yo también me acabo de enterar de eso.

Incapaz de encontrar una mejor excusa, Ariel movió los ojos de un lado a otro antes de responder finalmente. Merrien, que apenas había logrado liberar su mano cubierta de la saliva de la bestia mágica, dio un paso atrás y lo enfrentó.

—Ya veo, con qué es eso…

Entonces, como si comprendiera la situación, sus ojos se llenaron de pavor. Al ver una expresión que jamás presenciado en ella, Ariel se descubrió a sí mismo, de manera inusual, vigilando la reacción de Merrien. A juzgar por cómo no podía sostenerle la mirada adecuadamente, parecía no tener idea de qué decir.

—Entonces… el Señor de la Torre es tu hermano, ¿verdad?

Pronto, la voz de Merrien resonó, llena de total convicción.

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