Creí haber curado al hermano enfermo del villano - Capítulo 10
¿Por qué
demonios se había memorizado todos los títulos? Merrien estaba a punto de
volverse loca.
—Estoy bien,
Merri. Si vas a la biblioteca sola, puedo pedirle al mayordomo que me los lea
más tarde.
—Para
empezar, ¿por qué querrías leer eso?
Merrien
sintió que todo el cuerpo se le enfriaba.
—Si vamos
juntos, tú misma puedes cargarlos.
Su voz era
tan gentil mientras hablaba de sus propios asuntos, ignorando por completo las
palabras de Merrien, lo cual lo volvía todavía más irritante. Al final, solo
quedaba una opción.
—…¡Ah, está
bien! ¡Vayamos juntos, entonces!
—¿En serio?
Solo entonces
Ariel sonrió de oreja a oreja, como si hubiera conseguido exactamente lo que
quería.
«¡Ah, de
verdad está increíblemente demente!».
Merrien solo
pudo zapatear en secreto, incapaz de liberar la ira que burbujeaba en su
interior. Con los labios fuertemente apretados, ayudó a levantarse al
claramente desquiciado Ariel —quien seguía allí acostado sin moverse— mientras
lo fulminaba con la mirada.
Definitivamente
era el hermano menor del Señor de la Torre. ¡De acuerdo con los sacerdotes de
menor rango y los nobles que visitaban el templo, el Señor de la Torre también
estaba completamente loco!
*******
«De todos
modos, debí haber venido sola».
Merrien
suspiró con una expresión casi de derrota.
Como si
hubieran aparecido de la nada, Ariel comenzó a leer de inmediato dos novelas de
romance para burlarse de ella en cuanto llegaron a la biblioteca.
—Merri. Esto
es extraño.
—¿El qué?
Tras leer con
suma atención, él se puso serio, como si algo de verdad no cuadrara.
—«Calliste
se arrodilló ante Aline. Luego, con un roce pegajoso, acarició lentamente su
muslo».
—...
—«Amo, por
favor, dómeme».
—Detente.
—El título es
[Cómo domar a una beast] pero ¿por qué el protagonista es un humano?
Creo que nos estafaron, Merri.
—Deja de
leer, Ariel. Leer esas cosas frenará tu crecimiento.
Para ocultar
su vergüenza, Merrien habló con la voz más dulce que pudo sintonizar. Sin
embargo, justo después de decirlo, se dio cuenta de que el hombre frente a ella
ya era demasiado alto como para seguir creciendo.
Incapaz de
soportarlo más, estiró la mano para arrebatarle el libro, pero Ariel fue
sorprendentemente rápido; esquivó sus manos mientras continuaba pasando las
páginas.
«¿De
verdad está enfermo? ¿Por qué es tan rápido?».
Él siguió
fastidiando a Merrien mientras leía de esa manera. Y entonces, la escena que
venía a continuación provocó que él...
—¡Ah!
—abrió la boca de par en par y se cubrió los ojos con sus enormes manos.
De verdad,
qué dramático.
—Puedo ver
que estás espiando entre tus dedos.
Casi podía
escuchar sus pupilas moviéndose de un lado a otro.
—Me
atrapaste.
Aprovechando
que estaba distraído, Merrien finalmente le arrebató el libro. Se lo guardó en
el pecho para mantenerlo a salvo, manteniéndose alerta.
Ariel apoyó
la barbilla en su mano de medio lado, luciendo decepcionado.
—Merri. ¿Te
gustan este tipo de cosas? Eres más pervertida de lo que pensé.
—¡…Yo no
sabía que tenía esa clase de contenido! Solo escuché a las jóvenes nobles
susurrar en el templo sobre lo interesante que era y me dio curiosidad.
«En
realidad, sí sabía un poco».
Pero en pos
de proteger su imagen, tenía que fingir demencia. Merrien entornó los ojos y
actuó como la víctima.
—Si hubiera
sabido que era así, no lo habría comprado.
Luego, empujó
deliberadamente el libro hacia el extremo opuesto del escritorio. Aunque sus
ojos seguían desviándose hacia allá, delatando su apego residual.
Tal vez
creyendo en su actuación, el interés de Ariel se desvaneció rápidamente
mientras se reclinaba en su silla y cruzaba las piernas.
—Merri,
acomodé todos los libros de los que hablamos. ¿Te gusta?
Tragándose
por fin un suspiro de alivio, Merrien miró a su alrededor. Necesitaba cambiar
de tema rápido para evitar seguir escuchando sus comentarios extraños.
—Sí. Ahora sí
se siente como una biblioteca de verdad. Cuando vine por primera vez, estaba
más vacía de lo que esperaba.
Aunque no era
tan chocante como el jardín del invernadero, la biblioteca también tenía muchos
espacios vacíos a pesar de su enorme tamaño. Aunque no podía decir que estaba
perfectamente a su gusto ya que todavía quedaban huecos, era lo suficientemente
satisfactoria.
—Merri,
puedes decorar la mansión como desees y comprar lo que quieras. Si necesitas
algo, pídeselo al mayordomo.
Al girar la
cabeza de repente, sus miradas se cruzaron. Cada vez que ella miraba hacia otra
parte o hacía otra cosa y luego regresaba la vista hacia Ariel, sus ojos se
encontraban, como si él hubiera estado contemplándola todo el tiempo. Y él
incluso le sonreía con brillantez, pareciendo feliz de que ella finalmente lo
mirara.
—Ni se te
ocurra pensar en pedir mi permiso.
«…¿Por qué
es así, en serio?».
Incluso si lo
salvó cuando era Blanquito, incluso si estaba un poco loco, ¿era necesario
llegar a este extremo? Aunque sus acciones y palabras siempre habían sido
dudosas, no se atrevía a preguntárselo directamente.
«¿Es solo
porque soy la Santa que le salvará la vida?».
…¿Eso era
todo?
—Pero hay una
cosa que tienes que hacer por mí.
Las dudas se
desvanecieron momentáneamente. Al ver que su voz, usualmente lánguida, se
volvía seria, Merrien también se tensó.
—¿Qué es?
—No te vayas
con extraños si te piden que vayas a algún lado.
—…¿A qué
viene esa tontería de la nada?
Pronto su
tensión se disolvió y frunció el ceño. Lo que acababa de escuchar sonaba como
algo que los padres les dirían a sus hijos pequeños. Sin embargo, por extraño
que pareciera, los ojos y la voz de Ariel no estaban bromeando. La forma en que
golpeaba el escritorio con el dedo índice denotaba incluso cierta ansiedad.
—Si insisten
demasiado, diles que no puedes ir porque estás en una relación seria con el
duque Hartez.
—¿De qué
estás hablando? Habla de forma que pueda entenderte.
—Una Santa y
un duque enfermizo conformarían una relación seria, ¿no?
—¿En qué
parte eso es serio?
—Prométemelo,
Merri. Prométeme que no te irás con ellos.
—Está bien,
está bien.
Decidió
rendirse, ya que solo obtenía respuestas incomprensibles sin importar cuántas
veces preguntara. Sus ojos suplicantes se superpusieron con los de Blanquito
cuando se había desplomado y despertado, volviéndola infinitamente débil ante
él.
Mientras
organizaba los libros esparcidos sobre el escritorio, Merrien no se dio cuenta
en lo absoluto de que Ariel la estaba observando intensamente.
*******
Poco antes de
las seis de la tarde, cuando Merrien llegó a su habitación, casi se le salen
los ojos de las órbitas al ver el libro que estaba sobre su escritorio.
—¡¡¡!!!—
Aunque no
había nadie más en la habitación, miró a su alrededor con nerviosismo antes de
correr a recoger el libro. La portada estaba tapizada con rosas de un color
rojo brillante que desbordaban deseo.
[Las
circunstancias secretas de ese duque]
Era la novela
de romance que tanto había estado anhelando.
«…Ya que
está en mi habitación, no puedo no leerla, ¿verdad?».
Quienquiera
que se la hubiera dado, para ella era un golpe de buena suerte.
—Je, je.
En el momento
en que acarició la portada, una risita se le escapó involuntariamente de entre
los labios fuertemente apretados. Terminó quedándose despierta toda la noche y
solo pudo conciliar el sueño tras terminar el libro.
—Santa, es
hora del desayuno.
Al llegar la
mañana, las sirvientas se presentaron puntualmente para anunciar que era hora
de despertarse.
—Ah, sí…
—Hoy se ve
especialmente cansada.
Cuando
Merrien apenas pudo abrir la boca con un aspecto demacrado, las sirvientas
parecieron bastante sorprendidas.
—Un poco.
«Bueno,
¿es que solo dormí tres horas?».
Sin embargo,
mientras se frotaba los ojos llenos de sueño y lagañas, pensó que era una
elección de la que no se arrepentía. Con semejante nivel de pasión por la
lectura, llegó a pensar que tal vez, al contrario de sus prejuicios, en
realidad sí le gustaban los hombres obsesivos.
Hoy también,
la misma rutina diaria comenzó con las comidas, el aseo y el vestirse, sin
falta. Algunos podrían estremecerse ante tanta monotonía, pero ella amaba con
locura estos días que se repetían en paz.
«¡Quiero
vivir así para siempre!».
…Pero eso
terminaría cuando la barra de curación estuviera llena.
A pesar de lo
feliz que había estado hace un momento, un ligero sinsabor amargo tiñó el final
de ese pensamiento. Aunque tampoco podía dejar de curar a Ariel, ya que él
podría morir debido a una sobrecarga mágica.
—Santa, le he
traído el periódico que solicitó.
Tales
pensamientos quedaron en el olvido cuando el mayordomo entró a la habitación.
—Sí, gracias.
Al recibir el
periódico, Merrien sintió que el sueño finalmente se le disipaba. Escuchar los
rumores de la gente en el templo tenía un límite, y en la mansión Hartez era
aún más difícil obtener noticias del exterior. Aun así, pensando que sería
bueno saber al menos cómo iba el país, le había pedido los periódicos al
mayordomo.
Mientras
abría el periódico para concentrarse en la lectura, el mayordomo aprovechó la
cercanía para susurrar:
—¿Le gustó el
regalo?
—¿Mmm?
Cuando
levantó la vista hacia el mayordomo con confusión, él incluso le guiñó un ojo.
Mientras movía las pupilas sin comprender todavía, algo cruzó de repente por la
mente de Merrien.
—No me diga
que…. ¿Mayordomo, el libro?
—Así es,
Santa.
«…¡Mayordomo,
usted es una excelente persona!».
Merrien
sintió una cálida gratitud brotando desde lo más profundo de su ser. Con los
ojos iluminados, miró a su alrededor y susurró en voz muy baja para que no se
filtrara al exterior, llevándose incluso el dedo índice a los labios:
—…Mayordomo.
Ariel no sabe nada de esto, ¿verdad?
—Por supuesto
que no, Santa.
—Definitivamente
mantendré en secreto lo del jardín del invernadero.
—Se lo
agradezco, Santa. Haré mi mejor esfuerzo.
Con esto,
ambos se volvieron cercanos en un abrir y cerrar de ojos. Tarareando una
melodía, Merrien cruzó las piernas y desdobló el periódico.
—A ver.
[Asuntos
Aprobados por Su Majestad el Emperador]
El titular de
la primera plana anunciaba que el Emperador reconocía a su hijo ilegítimo como
el Segundo Príncipe.


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