Tras unir a la villana con el protagonista masculino - Capítulo 16

Capítulo 16

 

—Lo siento, condesa. El ambiente se volvió sombrío por mi culpa —me disculpé en voz baja con la condesa Melison.

—No, en absoluto. Estuviste muy bien. —En su lugar, la condesa me infundió ánimos, asegurando que había actuado de forma correcta.

La fiesta de té, que había quedado envuelta en un breve silencio, recuperó su vivacidad cuando la condesa Melison introdujo un nuevo tema de conversación. No tuve más remedio que permanecer en mi asiento, esforzándome al máximo por no mostrar mi desánimo, y una vez que la reunión llegó a su fin, regresé a casa con los ánimos de la condesa y un obsequio.

[Separador de la línea temporal]

Mi mente había estado profundamente inquieta desde que asistí a la fiesta de té. Por ello, con la esperanza de apaciguar mi agitado corazón aunque fuera un poco, decidí salir.

Al otro lado de la ventana del carruaje, el paisaje cambiaba con rapidez a cada instante. Al observarlo, las reflexiones sobre el paso del tiempo me llevaron a pensar en Kaern. Y una vez que Kaern vino a mi mente, la curiosidad y la preocupación comenzaron a brotar en mi interior.

«¿Cuándo regresará?».

Seguro que no ha ido a ningún lugar peligroso. No, todo estará bien. Después de todo, se trata de Kaern. No importa a dónde vaya o lo que haga, él estará a salvo. Con este pensamiento, intenté evocar deliberadamente recuerdos felices para aliviar mi ansioso corazón.

Mientras sonreía sin darme cuenta, perdida en los pensamientos del pasado, Amy me habló:

—¿Qué le resulta tan divertido, señorita?

—Solo estaba rememorando los viejos tiempos.

—¿Los viejos tiempos?

—Sí.

—Debe de haber estado pensando en los momentos que pasó con lady Adelia. Acabo de ver esa misma sonrisa en su rostro.

—¿Oh? ¿En serio?

En realidad, había estado pensando en Kaern, no en Adelia. Amy debió de asumirlo porque no sabía que me gustaba Kaern.

—Sí. Me pregunto cómo le irá a lady Adelia en estos días.

—Seguro que bien. Probablemente esté pasando momentos felices junto a la persona que ama.

—Debe de extrañar muchísimo a lady Adelia, ¿verdad?

—La extraño. Muchísimo.

Después de convertirme en amiga de Adelia, pasamos muy poco tiempo separadas la una de la otra. Siempre estábamos juntas: al jugar, comer, estudiar o descansar. Aunque ahora un hombre al que ama está a su lado, seguimos siendo la única y verdadera amiga de la otra.

Poco después, el carruaje, que había avanzado a ritmo constante, se detuvo.

—Lady Helena, hemos llegado.

Apenas el cochero terminó de hablar, bajé del carruaje de un salto.

—Vaya, ha pasado bastante tiempo desde la última vez que estuve aquí.

Ver el edificio de la academia construido en mármol blanco despertó en mí nuevas emociones. Tras echar un vistazo a mi alrededor y rememorar los recuerdos ligados a este lugar, no tardé en dar un paso al frente. Había venido a la academia hoy para buscar un recuerdo guardado en la biblioteca. Sentía que si lograba encontrar los rastros de esa memoria, mi inquieto corazón podría aliviarse en cierta medida.

—Amy, hace frío afuera; espérame en el carruaje —le dije a Amy al llegar a la entrada del edificio.

—Sí, señorita. Por favor, tenga cuidado.

—Lo tendré. No tardaré mucho.

Con eso, me adentré en el lugar.

«Nada ha cambiado en lo absoluto».

Solo había pasado un año desde que me gradué, por lo que la academia lucía exactamente igual a como la recordaba. No era la clase de lugar que se borrara fácilmente de la memoria. Salvo en casos inevitables —como recibir tutorías privadas o estudiar en el extranjero—, la mayoría de los nobles del imperio pasaban la mayor parte de su infancia aquí, en la academia. Ese periodo duraba ocho años, desde los doce hasta justo antes de cumplir los diecinueve. Adelia, Kaern y yo éramos exalumnos de la academia.

Sin embargo, mientras nosotras dos nos graduamos como todos los demás a los veintinueve años, Kaern fue un prodigio que se graduó a una edad mucho menor. Aunque su intelecto era excepcionalmente agudo, también se debió a que el difunto duque y la duquesa de Lavellion perecieron en un accidente, dejando a Kaern la responsabilidad de heredar las cargas familiares. Por supuesto, existía la opción de confiar los deberes ducales a familiares o vasallos hasta que Kaern alcanzara la mayoría de edad, pero él prefirió no hacerlo. Completó en un año lo que a otros les tomaba tres, y comenzó a dirigir los asuntos de la casa ducal incluso antes de llegar a la edad adulta. Además, Kaern era sobresaliente en el manejo de la espada y siempre regresaba de la guerra con honores.

—Realmente es extraordinario.

Pensando una vez más en Kaern como si fuera parte de mi rutina, caminé por el familiar pasillo hacia la biblioteca. Esta se ubicaba en el extremo izquierdo del edificio; sin embargo, ni un solo estudiante se cruzó en mi camino durante todo el trayecto.

«Bueno, no hay clases a esta hora; por supuesto que no debería haber nadie en la academia».

En nuestros días de estudiantes, todo el mundo salía de viaje durante los periodos de descanso. A Adelia, en especial, le fascinaba explorar nuevos lugares y siempre insistía en que la acompañara. Gracias a ella, visité muchos sitios que de otro modo jamás habría conocido por mi cuenta.

Hubo una ocasión en la que extrañaba a mi hermano, quien llevaba mucho tiempo sin regresar a la capital, así que fui hasta donde él se encontraba. Para entonces ya me gustaba Kaern, por lo que no pude contener mi alegría cuando Adelia mencionó que iría a verlo. Todo el trayecto estuvo lleno de entusiasmo y de una felicidad desbordante. Y cuando finalmente me encontré con Kaern, aunque fingí mantener la calma, por dentro sentí como si el mundo entero me perteneciera.

Aunque Kaern me dedicó una mirada extraña por haber ido con Adelia. Fue la primera vez que me di cuenta de que él podía poner esa clase de expresión… una mezcla curiosa de sorpresa y algo que no lograba comprender del todo, y que incluso ahora seguía sin descifrar. Por supuesto, dado que él siempre se encontraba en zonas devastadas por la guerra, pasé todo el tiempo que estuve allí siendo reprendida por acudir a un lugar tan peligroso.

«Aun así, fue una experiencia significativa. Si hubiera estado sola, jamás habría ido a un sitio tan arriesgado; solo habría conocido la guerra a través de los libros».

Siempre disfrutaba de las nuevas experiencias cada vez que estaba con Adelia. Pero lo que más me complacía era ver, de vez en cuando, facetas de Kaern que nunca antes había presenciado. Ah, un momento. Ahora que lo pienso, tengo la impresión de haber visto esa misma expresión recientemente otra vez. ¿Cuándo fue? ¿En la boda de Adelia, tal vez…? Me pareció que puso ese rostro mientras me miraba.

—O tal vez no.

¿Por qué haría Kaern algo así? Aparté rápidamente los pensamientos sobre Kaern de mi mente y continué avanzando.

Pronto llegué ante una gran puerta de madera de color marrón claro. Al empujarla para abrirla, un crujido resonó en el espacio y el aroma de los libros me envolvió de inmediato. Ese olor distintivo que solo se encuentra en las bibliotecas alivió de algún modo mi corazón. En el interior, aparte del encargado, nadie más utilizaba la biblioteca, al igual que ocurría con la propia academia.

Caminé despacio entre las estanterías, examinando los títulos.

—Ah, este es un libro que leí antes. —Recordé haber tenido serias dificultades para terminarlo, obligada a leerlo para una tarea a pesar de lo espantosamente aburrido que era—. Y este otro era bastante entretenido, creo…

Mientras reconstruía mis recuerdos hojeando un libro tras otro, por casualidad encontré exactamente el que había estado buscando.

—¡Aquí estás!

Saqué rápidamente el libro de la estantería. Había estado en el estante inferior, cubierto de polvo como si nadie lo hubiera tocado. Tras sacudir el polvo ligeramente, me detuve un momento a contemplar el título.

«Sobre el valor de la historia y la cultura».

Haciendo honor a su título, era precisamente la clase de tema por el que nadie se interesaría.

«Lo cual es exactamente la razón por la que lo elegí».

Abrí el libro, eché un vistazo rápido a su contenido y de inmediato dirigí la mirada hacia el lomo. No había venido aquí solo para releerlo. Había ocultado algo en su interior; algo que solo Adelia y yo conocíamos. Como la encuadernación era de tapa dura, existía un pequeño hueco entre el lomo y la cubierta cuando el libro estaba abierto. Deslicé los dedos por el interior y saqué algo.

—Lo encontré.

Se trataba de una pequeña nota. Devolví enseguida el libro, ahora inútil, a su lugar en la estantería, guardé con cuidado la nota en mi bolsillo interior y abandoné la biblioteca. Tenía la intención de leer la nota detenidamente una vez que llegara a casa.

Pero justo en ese momento… mientras salía de la biblioteca con una sonrisa, sintiéndome animada, la puerta se abrió de repente y alguien entró.

«¿Eh?».

¿No es Evelyn?

—¿Evelyn?

—¿Helena? —Evelyn me reconoció también y se acercó.

—Helena, ¿qué te trae por aquí?

—¿Y a ti, Evelyn? ¿Qué haces en la academia?

Al encontrarnos de forma tan inesperada en este lugar tan improbable, ambas nos lanzamos preguntas mutuamente por curiosidad.

—¿Yo? Vine a ver a un profesor.

—Oh, ya veo.

—¿Y tú, Helena?

—De repente quise consultar cierto libro, así que pasé por la biblioteca.

—¿Así que ya terminaste de leerlo?

—Sí. Justo me disponía a marcharme. ¿Y tú? ¿Te reuniste con tu profesor?

—Sí. Después de la visita, ya iba de salida cuando recordé un libro que quería revisar… igual que tú. Encontrarte aquí es una sorpresa muy agradable.

—Dímelo a mí. De verdad me alegra mucho también.

—¿Tienes tiempo? ¿Te gustaría sentarte en un banco a charlar un rato?

—Claro. Hagamos eso.

Me senté con Evelyn en un banco cerca de la fuente, dentro de los terrenos de la academia.

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