—¿Qué te
tiene tan contenta, Vivi? —preguntó Matilda con naturalidad, quien había pasado
brevemente a dejarle el almuerzo.
Vivianne
parecía especialmente alegre hoy. Era la vez que más entusiasmada se le había
visto desde el día en que logró entregarle a su señor el pañuelo bordado a
mano.
—Nada en
especial —respondió Vivianne, abrazando con ternura a An mientras sonreía de
par en par.
Mientras su
señor estaba fuera, Vivianne pasaba la mayor parte del tiempo tranquila en la
habitación de él. A pesar de tener asignado un nuevo escolta y de haber
recibido permiso para salir, permaneció dentro de la mansión todo ese tiempo.
Por las mañanas, volvía a llamar a su profesor de escritura. Su rutina diaria
consistía en quedarse en la habitación del señor completando las tareas de sus
lecciones y rodando por el suelo con su cachorro, An.
Después de
unos días, tal vez aburrida de quedarse solo en el cuarto, ocasionalmente le
pedía a Matilda que paseara con ella por el invernadero de cristal o llamaba a
un instructor de vals para aprender a bailar. Incluso preguntaba por secretos
triviales, como la forma de no perder ante alguien que bailara el vals
excepcionalmente bien.
—Esto,
Matilda. Del armario... ¿podrías sacarme el vestido más bonito? —¿Ahora mismo?
—¡Sí! Quiero
verme linda para variar.
—Pero Vivi,
si ya eres linda.
—Quiero verme
extraordinariamente linda. Lo suficiente como para sorprenderlo. Aunque no
necesito maquillaje. A Kian no le gusta el maquillaje.
¿Querer verse
linda? ¿Así de repente? Matilda sabía que Vivianne podía ser caprichosa, pero
esto era extraño. Inclinó la cabeza con confusión.
—¡Oh! Debería
darme un baño primero. ¿Debería bañarse An también? Te llenaste de polvo al
esconderte debajo de la cama esta mañana, ¿verdad? El agua se pondrá
completamente negra. ¿A que sí?
Claramente su
mente estaba en otra parte. Apenas tocó su almuerzo, completamente absorta por
la emoción.
—Deberías
comer primero, Vivi. El señor me ordenó asegurarme de que no te saltes las
comidas mientras él no estuviera.
—Sí, sí.
Comeré, Matilda.
Vivianne se
llenó la boca con pan y masticó de forma exagerada para demostrarlo.
—También
tienes que comer carne y verduras, Vivi. Te la pasas comiendo solo pan y siendo
remilgada, por eso siempre te estás desmayando y teniendo fiebres. Necesitas
comer una dieta equilibrada para superar tu débil constitución.
—Comeré de
eso también. Gracias por cuidar siempre de mí y preocuparte por mí.
Sin siquiera
tragar primero, se llenó la boca con carne y verduras. Su mente estaba a todas
luces en otro lado.
—Vivi, te va
a dar dolor de estómago si comes así. Tienes que masticar la comida por
completo.
Matilda la
regañó mientras le limpiaba la boca a Vivianne con una servilleta,
comportándose justo como una madre quisquillosa. Poco después, habiendo
masticado y tragado como Matilda le indicó, Vivianne dio un brinco de su
asiento como una niña que ha terminado sus deberes.
—¡Ahora que
ya comí, quiero darme un baño! Y ponerme un vestido bonito. Por favor, trénzame
una cinta de encaje en el cabello también, ¿sí? —comenzó a pedirle a Matilda
con tono de ruego.
—¿Por qué
estás tan inquieta de repente, Vivi?
Vivianne
vaciló brevemente antes de responder:
—Es solo que
tengo el presentimiento de que Kian regresará hoy.
—¿Cómo lo
sabes?
—Tengo mis
métodos.
—¿Qué? ¿Cuál
es tu secreto?
Cuando
Matilda volvió a preguntar con un ligero desconcierto, Vivianne sonrió de forma
tan radiante como una flor.
—Es un
secreto.
********
Mientras
sacaba un elaborado vestido de las profundidades del armario ante la
insistencia de Vivianne, Matilda notó algo extraño y lo miró fijamente.
«... ¿Esto
siempre estuvo aquí?».
La daga con
incrustaciones de joyas era claramente valiosa. Vivianne, que no tenía dinero,
no habría podido comprar algo así, ni tampoco habría podido obtenerlo de ningún
otro lado. Debió de haber estado en la habitación todo el tiempo, pero por
alguna razón se sentía ajena. Aunque se sintió inquieta, Matilda se mostró
reacia a alterar un objeto que se había dejado intacto. Después de todo,
Vivianne se estaba quedando obedientemente en la habitación del señor, y nadie
más registraría este armario. Decidiendo que lo mejor sería preguntarle a
Vivianne al respecto cuando surgiera la oportunidad, empujó la daga más al
fondo en su lugar.
********
—¿Cómo lo
supiste, Vivi? ¿Acaso eres adivina? —se apresuró a preguntar Matilda a
Vivianne, conmocionada tras enterarse de la noticia de que un barco naval había
atracado en el puerto de Erich.
Tras mucha
insistencia con Matilda, Vivianne estaba hermosamente vestida con un lindo
ropaje que revelaba sus hombros y su cuello, calzaba altos zapatos de perlas y
llevaba el cabello recogido con cintas.
—No te lo
diré. Dije que es un secreto.
—Vamos, me
tomé todas estas molestias para que te vieras hermosa. ¿Por qué eres tan mala
conmigo también, Vivi?
Matilda asomó
el labio inferior y comenzó a hacerle cosquillas a Vivianne a propósito.
Soltando risitas incontrolables, Vivianne finalmente se rindió.
—Solo tuve un
buen sueño... Eso es todo. Kian estaba en él —respondió con firmeza mientras
recuperaba el aliento.
—¿Un sueño?
—¡Sí!
Por supuesto,
era mentira. Si decía que podía saberlo gracias a su brújula, ni siquiera
alguien tan amable como Matilda le creería. Porque al igual que hacer un
contrato con una bruja para conseguir piernas, era algo tan mágico que hasta a
ella misma le costaba creerlo. Vivianne decidió usar una excusa que a los
humanos les pareciera plausible. Quizá debido a Kian, se había acostumbrado a
decir mentiras inofensivas.
—Y antes de
que Kian se fuera, dijo que tardaría unos diez días. Me cumplió su promesa.
Esto en
verdad podría ser cierto. Esperaba que lo fuera. El simple hecho de imaginarlo
hacía que se le ensanchara el corazón.
—¿Puedo ir al
puerto a recibir a Kian?
—¿Con ese
vestido?
—Sí. Con An.
Oh, espera, An no puede salir. Lo siento, An. Tendrás que esperar en la
habitación.
—Mmm...
Tras
acariciar a An con suavidad y dejarlo en el suelo, Vivianne estudió la
expresión de Matilda. Parecía un tanto preocupada, lo que sugería que no era
una buena idea. Qué vergüenza. Vivianne sonrió con timidez, intentando suavizar
la situación.
—Es una
broma. En lugar de eso, esperaré tranquila y solo iré a la entrada para
recibirlo.
Qué
pensamiento tan tonto. Kian estaría con sus soldados. Recordaba que le habían
dicho que los soldados la habían visto desmayada y desnuda en la playa. Si iba
estúpidamente a recibirlo, podría causarle problemas a Kian.
—No estaba
pensando con claridad. Lo siento, Matilda.
—No tienes
nada de qué disculparte, Vivi. Ir a la entrada a recibirlo está bien. Vamos
juntas.
—¡Sí!
Vivianne
forzó una sonrisa levantando las comisuras de sus labios. Estar con Kian a
veces era doloroso y difícil de soportar, pero le había prometido a Annabel que
jamás escaparía. Se haría cargo de sus propias decisiones y encontraría la
felicidad aquí pasara lo que pasara. Resistiría y superaría cualquier cosa que
sucediera. Aunque Kian pudiera ser impositivo y difícil a veces, la apreciaba y
cuidaba de ella con atención. Él había dicho que le disgustaba verla herida o
sufriendo.
Pensándolo
bien, todo esto era porque él le gustaba como mujer. Al no tomar el chocolate
anticonceptivo y aparearse diligentemente día y noche, era probable que quedara
embarazada pronto. Además, tenía a An con ella. ¿Cómo podría dejar atrás a esta
adorable criatura? No había otra manera. Tenía que creer en todo esto.
Honestamente,
ella no podía negar que había una mezcla de resignación y de cuestiones
circunstanciales de por medio. Lo que Vivianne había aprendido desde que llegó
a tierra firme era que «la felicidad no llega por sí sola; tienes que trabajar
por ella».
Estaba
haciendo el esfuerzo. Definitivamente encontraría la felicidad.
Vivianne se
aplicó esta dulce autohipnosis una vez más hoy. Era un hechizo frágil que podía
romperse con algo tan simple como que alguien chasqueara los dedos.
********
Cuando
Vivianne divisó a Kian cruzando la entrada de la mansión, salió corriendo de la
habitación.
—¡Vivi, te
vas a lastimar si te apuras! ¡Ten cuidado y ve despacio!
Matilda la
llamó con urgencia desde atrás, pero Vivianne no escuchó. Bajar las escaleras
con cuidado usando los zapatos altos que él le había dado como su primer regalo
no era fácil, pero estaba dispuesta a hacerlo. Siempre lo había recibido en la
habitación tras escuchar sus pasos, pero ¿le agradaría verla esperando en el
vestíbulo?
Su corazón no
dejaba de latir con fuerza.
Apresurando
sus pasos, Vivianne finalmente llegó al vestíbulo y recuperó el aliento. No era
demasiado tarde. La puerta se abrió y Kian entró con su uniforme militar. Había
llegado justo a tiempo.
«...
¡Realmente es guapo!».
Había tomado
mucho tiempo en aquel entonces, pero valió la pena. Lucía impecable,
exactamente como ella lo había vestido.
Kian entró
sin ninguna expresión en particular. Incluso cuando sus miradas se cruzaron, su
rostro permaneció inalterado. ¿Acaso no la había extrañado en absoluto? Aunque
se sintió un poco decepcionada, esto no era nada nuevo. Era una especie de
hábito en Kian.
—Bienvenido a
casa, señor.
Cuando
Richard lo saludó con respeto, Kian asintió en silencio. Luego se quedó inmóvil
por un momento, contemplando a la elegantemente vestida Vivianne.
«... Estoy
tan nerviosa».
Vivianne se
puso de puntitas. Sintió que Matilda, quien la había seguido por detrás, le
acariciaba suavemente la espalda. Ese toque le dio un poco más de valor.
—Yo... te
extrañé, Kian.
Al diablo con
todo. A pesar de su vergüenza, le rodeó el cuello con los brazos. A Kian
siempre le encantaba que se aferrara a él de esa manera.
—...
—...
¿Acaso se
había detenido el tiempo? Por un instante, hubo un silencio sepulcral.
Sintió el
pecho de Kian expandirse y contraerse. Parecía estar respirando hondo. Su
fuerte brazo rodeó brevemente la temblorosa cintura de ella antes de apartarse
con rapidez. La fugaz mirada que le dirigió estaba vacía.
—Sube.
¿Se había
quedado congelada ante su fría voz?
Su corazón,
que antes latía desbocado, de repente se sintió como si se hubiera detenido por
completo.

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