La trampa de sirenas - Capítulo 100

Capítulo 100

 

—¿Qué te tiene tan contenta, Vivi? —preguntó Matilda con naturalidad, quien había pasado brevemente a dejarle el almuerzo.

Vivianne parecía especialmente alegre hoy. Era la vez que más entusiasmada se le había visto desde el día en que logró entregarle a su señor el pañuelo bordado a mano.

—Nada en especial —respondió Vivianne, abrazando con ternura a An mientras sonreía de par en par.

Mientras su señor estaba fuera, Vivianne pasaba la mayor parte del tiempo tranquila en la habitación de él. A pesar de tener asignado un nuevo escolta y de haber recibido permiso para salir, permaneció dentro de la mansión todo ese tiempo. Por las mañanas, volvía a llamar a su profesor de escritura. Su rutina diaria consistía en quedarse en la habitación del señor completando las tareas de sus lecciones y rodando por el suelo con su cachorro, An.

Después de unos días, tal vez aburrida de quedarse solo en el cuarto, ocasionalmente le pedía a Matilda que paseara con ella por el invernadero de cristal o llamaba a un instructor de vals para aprender a bailar. Incluso preguntaba por secretos triviales, como la forma de no perder ante alguien que bailara el vals excepcionalmente bien.

—Esto, Matilda. Del armario... ¿podrías sacarme el vestido más bonito? —¿Ahora mismo?

—¡Sí! Quiero verme linda para variar.

—Pero Vivi, si ya eres linda.

—Quiero verme extraordinariamente linda. Lo suficiente como para sorprenderlo. Aunque no necesito maquillaje. A Kian no le gusta el maquillaje.

¿Querer verse linda? ¿Así de repente? Matilda sabía que Vivianne podía ser caprichosa, pero esto era extraño. Inclinó la cabeza con confusión.

—¡Oh! Debería darme un baño primero. ¿Debería bañarse An también? Te llenaste de polvo al esconderte debajo de la cama esta mañana, ¿verdad? El agua se pondrá completamente negra. ¿A que sí?

Claramente su mente estaba en otra parte. Apenas tocó su almuerzo, completamente absorta por la emoción.

—Deberías comer primero, Vivi. El señor me ordenó asegurarme de que no te saltes las comidas mientras él no estuviera.

—Sí, sí. Comeré, Matilda.

Vivianne se llenó la boca con pan y masticó de forma exagerada para demostrarlo.

—También tienes que comer carne y verduras, Vivi. Te la pasas comiendo solo pan y siendo remilgada, por eso siempre te estás desmayando y teniendo fiebres. Necesitas comer una dieta equilibrada para superar tu débil constitución.

—Comeré de eso también. Gracias por cuidar siempre de mí y preocuparte por mí.

Sin siquiera tragar primero, se llenó la boca con carne y verduras. Su mente estaba a todas luces en otro lado.

—Vivi, te va a dar dolor de estómago si comes así. Tienes que masticar la comida por completo.

Matilda la regañó mientras le limpiaba la boca a Vivianne con una servilleta, comportándose justo como una madre quisquillosa. Poco después, habiendo masticado y tragado como Matilda le indicó, Vivianne dio un brinco de su asiento como una niña que ha terminado sus deberes.

—¡Ahora que ya comí, quiero darme un baño! Y ponerme un vestido bonito. Por favor, trénzame una cinta de encaje en el cabello también, ¿sí? —comenzó a pedirle a Matilda con tono de ruego.

—¿Por qué estás tan inquieta de repente, Vivi?

Vivianne vaciló brevemente antes de responder:

—Es solo que tengo el presentimiento de que Kian regresará hoy.

—¿Cómo lo sabes?

—Tengo mis métodos.

—¿Qué? ¿Cuál es tu secreto?

Cuando Matilda volvió a preguntar con un ligero desconcierto, Vivianne sonrió de forma tan radiante como una flor.

—Es un secreto.

********

Mientras sacaba un elaborado vestido de las profundidades del armario ante la insistencia de Vivianne, Matilda notó algo extraño y lo miró fijamente.

«... ¿Esto siempre estuvo aquí?».

La daga con incrustaciones de joyas era claramente valiosa. Vivianne, que no tenía dinero, no habría podido comprar algo así, ni tampoco habría podido obtenerlo de ningún otro lado. Debió de haber estado en la habitación todo el tiempo, pero por alguna razón se sentía ajena. Aunque se sintió inquieta, Matilda se mostró reacia a alterar un objeto que se había dejado intacto. Después de todo, Vivianne se estaba quedando obedientemente en la habitación del señor, y nadie más registraría este armario. Decidiendo que lo mejor sería preguntarle a Vivianne al respecto cuando surgiera la oportunidad, empujó la daga más al fondo en su lugar.

********

—¿Cómo lo supiste, Vivi? ¿Acaso eres adivina? —se apresuró a preguntar Matilda a Vivianne, conmocionada tras enterarse de la noticia de que un barco naval había atracado en el puerto de Erich.

Tras mucha insistencia con Matilda, Vivianne estaba hermosamente vestida con un lindo ropaje que revelaba sus hombros y su cuello, calzaba altos zapatos de perlas y llevaba el cabello recogido con cintas.

—No te lo diré. Dije que es un secreto.

—Vamos, me tomé todas estas molestias para que te vieras hermosa. ¿Por qué eres tan mala conmigo también, Vivi?

Matilda asomó el labio inferior y comenzó a hacerle cosquillas a Vivianne a propósito. Soltando risitas incontrolables, Vivianne finalmente se rindió.

—Solo tuve un buen sueño... Eso es todo. Kian estaba en él —respondió con firmeza mientras recuperaba el aliento.

—¿Un sueño?

—¡Sí!

Por supuesto, era mentira. Si decía que podía saberlo gracias a su brújula, ni siquiera alguien tan amable como Matilda le creería. Porque al igual que hacer un contrato con una bruja para conseguir piernas, era algo tan mágico que hasta a ella misma le costaba creerlo. Vivianne decidió usar una excusa que a los humanos les pareciera plausible. Quizá debido a Kian, se había acostumbrado a decir mentiras inofensivas.

—Y antes de que Kian se fuera, dijo que tardaría unos diez días. Me cumplió su promesa.

Esto en verdad podría ser cierto. Esperaba que lo fuera. El simple hecho de imaginarlo hacía que se le ensanchara el corazón.

—¿Puedo ir al puerto a recibir a Kian?

—¿Con ese vestido?

—Sí. Con An. Oh, espera, An no puede salir. Lo siento, An. Tendrás que esperar en la habitación.

—Mmm...

Tras acariciar a An con suavidad y dejarlo en el suelo, Vivianne estudió la expresión de Matilda. Parecía un tanto preocupada, lo que sugería que no era una buena idea. Qué vergüenza. Vivianne sonrió con timidez, intentando suavizar la situación.

—Es una broma. En lugar de eso, esperaré tranquila y solo iré a la entrada para recibirlo.

Qué pensamiento tan tonto. Kian estaría con sus soldados. Recordaba que le habían dicho que los soldados la habían visto desmayada y desnuda en la playa. Si iba estúpidamente a recibirlo, podría causarle problemas a Kian.

—No estaba pensando con claridad. Lo siento, Matilda.

—No tienes nada de qué disculparte, Vivi. Ir a la entrada a recibirlo está bien. Vamos juntas.

—¡Sí!

Vivianne forzó una sonrisa levantando las comisuras de sus labios. Estar con Kian a veces era doloroso y difícil de soportar, pero le había prometido a Annabel que jamás escaparía. Se haría cargo de sus propias decisiones y encontraría la felicidad aquí pasara lo que pasara. Resistiría y superaría cualquier cosa que sucediera. Aunque Kian pudiera ser impositivo y difícil a veces, la apreciaba y cuidaba de ella con atención. Él había dicho que le disgustaba verla herida o sufriendo.

Pensándolo bien, todo esto era porque él le gustaba como mujer. Al no tomar el chocolate anticonceptivo y aparearse diligentemente día y noche, era probable que quedara embarazada pronto. Además, tenía a An con ella. ¿Cómo podría dejar atrás a esta adorable criatura? No había otra manera. Tenía que creer en todo esto.

Honestamente, ella no podía negar que había una mezcla de resignación y de cuestiones circunstanciales de por medio. Lo que Vivianne había aprendido desde que llegó a tierra firme era que «la felicidad no llega por sí sola; tienes que trabajar por ella».

Estaba haciendo el esfuerzo. Definitivamente encontraría la felicidad.

Vivianne se aplicó esta dulce autohipnosis una vez más hoy. Era un hechizo frágil que podía romperse con algo tan simple como que alguien chasqueara los dedos.

********

Cuando Vivianne divisó a Kian cruzando la entrada de la mansión, salió corriendo de la habitación.

—¡Vivi, te vas a lastimar si te apuras! ¡Ten cuidado y ve despacio!

Matilda la llamó con urgencia desde atrás, pero Vivianne no escuchó. Bajar las escaleras con cuidado usando los zapatos altos que él le había dado como su primer regalo no era fácil, pero estaba dispuesta a hacerlo. Siempre lo había recibido en la habitación tras escuchar sus pasos, pero ¿le agradaría verla esperando en el vestíbulo?

Su corazón no dejaba de latir con fuerza.

Apresurando sus pasos, Vivianne finalmente llegó al vestíbulo y recuperó el aliento. No era demasiado tarde. La puerta se abrió y Kian entró con su uniforme militar. Había llegado justo a tiempo.

«... ¡Realmente es guapo!».

Había tomado mucho tiempo en aquel entonces, pero valió la pena. Lucía impecable, exactamente como ella lo había vestido.

Kian entró sin ninguna expresión en particular. Incluso cuando sus miradas se cruzaron, su rostro permaneció inalterado. ¿Acaso no la había extrañado en absoluto? Aunque se sintió un poco decepcionada, esto no era nada nuevo. Era una especie de hábito en Kian.

—Bienvenido a casa, señor.

Cuando Richard lo saludó con respeto, Kian asintió en silencio. Luego se quedó inmóvil por un momento, contemplando a la elegantemente vestida Vivianne.

«... Estoy tan nerviosa».

Vivianne se puso de puntitas. Sintió que Matilda, quien la había seguido por detrás, le acariciaba suavemente la espalda. Ese toque le dio un poco más de valor.

—Yo... te extrañé, Kian.

Al diablo con todo. A pesar de su vergüenza, le rodeó el cuello con los brazos. A Kian siempre le encantaba que se aferrara a él de esa manera.

—...

—...

¿Acaso se había detenido el tiempo? Por un instante, hubo un silencio sepulcral.

Sintió el pecho de Kian expandirse y contraerse. Parecía estar respirando hondo. Su fuerte brazo rodeó brevemente la temblorosa cintura de ella antes de apartarse con rapidez. La fugaz mirada que le dirigió estaba vacía.

—Sube.

¿Se había quedado congelada ante su fría voz?

Su corazón, que antes latía desbocado, de repente se sintió como si se hubiera detenido por completo.

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