Todo cambió
en el momento en que el nuevo señor de Larson mostró las garras. Comenzando por
la jefa de sirvientas, Eva, toda la gente de Eleanor en Larson fue reemplazada
por la del propio Kian.
El impacto de
estos cambios golpeó con fuerza, especialmente después de un período tan largo
de contención; sin embargo, nadie pudo oponerse a su implacable avance. Así, el
edificio principal, que había estado sumido en el caos por un tiempo, se asentó
rápidamente en un nuevo orden. Mientras tanto, la antigua duquesa, ahora
reubicada en el anexo, se marchitaba día a día como una flor cortada y
replantada en tierra extraña.
A pesar de
haber despedido a sus leales subordinados y de haberla desalojado del edificio
principal, Kian mantenía cierto nivel de respeto hacia la antigua duquesa. No
redujo su asignación económica, le asignó una sirvienta personal y se aseguró
de que sus comidas se prepararan como de costumbre. El problema era que esto
solo cubría lo mínimo indispensable para mantener su dignidad. Se negó a
aprobar cualquier presupuesto para organizar fiestas o participar en
actividades sociales como la señora de Larson.
La razón era
simple: Eleanor von Larson ya no era la señora de Larson. Oficialmente, era la
antigua duquesa, y la posición de "Duquesa de Larson" permanecía
vacante. Ella había estado trabajando durante muchísimo tiempo para traer a una
nuera de su agrado, pero Kian se mostraba completamente indiferente respecto al
puesto vacante de la señora de la casa, sin mostrar el más mínimo interés en
compromiso alguno.
El caso de
malversación que involucraba a la antigua jefa de sirvientas, Eva, pareció
resolverse sin escarbar explícitamente en los asuntos familiares de Eleanor.
Sin embargo, este incidente hizo que le fuera imposible relacionarse libremente
con su familia. Kian le habría permitido a Eleanor pasar el resto de su vida en
su hogar paterno si así lo deseaba, pero ella se negó tercamente a dejar
Larson.
Le tomó menos
de medio año enloquecer a una persona completamente aislada.
********
—¿Cómo está
su condición?
—Parece que
su agotamiento nervioso ha empeorado, mi lord.
En el
despacho del duque de Larson, Kian recibía el informe del médico sobre el
estado de la antigua duquesa. Como de costumbre, ni siquiera levantó la mirada
de sus documentos.
—Escuché de
la sirvienta que a menudo rechaza las comidas. Al parecer, se queja de mala
digestión y falta de apetito.
—Esos también
son síntomas relacionados con el agotamiento nervioso...
—Ya veo. Su
condición es bastante preocupante. ¿Qué debería hacer?
El médico
inclinó la cabeza una vez más en respuesta a la atenta, pero de algún modo
indiferente, reacción de Kian.
—Bueno...
dado que el agotamiento nervioso es esencialmente una enfermedad mental, no hay
mucho que se pueda hacer más allá de mantener su mente tranquila...
—Muy bien.
Entonces me enfocaré en administrar la casa principal adecuadamente para que
ella no tenga nada de qué preocuparse en el anexo. —Kian sonrió con tenue
sutileza y asintió despacio.
El médico no
se atrevía a mirarlo directamente a los ojos, preocupado de haber cometido
algún error. El nuevo señor de Larson no era particularmente opresivo, pero
había algo impredecible en él que lo hacía difícil de tratar.
—Le he
recetado hierbas que ayudan con el apetito y la digestión. Como su insomnio
parece haber empeorado, también preparé medicamentos para ayudarla a dormir por
la noche...
—Por favor,
haz todo lo posible por ella. No te preocupes por el costo de las medicinas. Si
necesitas algo, diles a Richard y yo conseguiré lo que sea necesario.
A pesar de
haber oído que ella no era su madre biológica, el médico notó que, a pesar de
la indiferencia externa de Kian, este estaba claramente dedicado a su cuidado.
—Sí, daré mi
mejor esfuerzo.
—Serás
generosamente compensado. Por favor, visítala a diario de ahora en adelante e
infórmame a esta misma hora todos los días, tal como hoy.
Kian era, de
hecho, sincero. Nada le interesaba más que recibir informes sobre cómo la
señora del anexo se marchitaba día con día. Aunque todavía se sentía en deuda
con Joshua, considerando lo que él había padecido en el pasado, Joshua
seguramente tendría que entender al menos esto.
El propio
Kian había soportado incontables abusos verbales de esta mujer que
constantemente invocaba el nombre de Joshua. Había sido golpeado con un
cinturón en la espalda, a veces abofeteado en el rostro, y ocasionalmente
encerrado en lugares sucios y fríos bajo el pretexto de que tales sitios se
adaptaban a su sangre plebeya. Sin embargo, Kian nunca le había puesto una mano
encima e incluso estaba tratando su enfermedad mental, algo invisible a los
ojos. Como el que pagaba por su tratamiento, ciertamente era su derecho
enterarse de sus progresos.
Simplemente
la había instalado en un anexo cómodo y sin problemas, ni siquiera cerraba la
puerta con llave. Es más, jamás le había dirigido un solo insulto. Dado que la
noble antigua duquesa no soportaba ver el rostro de su hijo adoptivo, él
enviaba al médico a preguntar por su salud en lugar de visitarla directamente.
¿Qué tan más respetuoso podría llegar a ser?
Al ver lo
bien que se le daba mirar a los demás desde arriba con desapego, realmente era
un Larson, aunque solo fuera de media sangre.
********
Al recibir un
informe de Richard, el mayordomo de Larson, Kian se dirigió personalmente al
tercer piso del edificio principal. Allí se encontraba la habitación del
heredero, que alguna vez había pertenecido a Joshua von Larson y ahora era de
Kian.
La noche ya
había caído y un fuerte aguacero rugía afuera. En la habitación sin encender,
una mujer con el cabello revuelto y la ropa desarreglada acariciaba los libros
de la estantería uno por uno. En una mano, aferraba con fuerza una libreta
pequeña y desgastada. Kian despidió al desconcertado personal que estaba en el
umbral y entró solo a la habitación.
—Parece que
no puede dormir. ¿Debería decirle al médico que cambie su medicación?
—No, la
medicina no es el problema. Extraño a mi hijo... Llevo días desvelada. —Eleanor
esbozó una tenue sonrisa, encontrando un placer inexplicable en ese momento.
—Debe de
extrañarlo entrañablemente.
—Por
supuesto. Es natural extrañar a alguien con más profundidad cuando no lo has
visto en mucho tiempo.
Kian sabía
que el hijo del que hablaba no era él. ¿Podría haber una palabra menos adecuada
para describir su relación que "afecto"?
—Esta
habitación permanece exactamente igual.
Por supuesto
que sí. Esta era la habitación de Joshua, y Kian tenía que ser Joshua. Desde el
día en que Joshua fue sepultado en el mar, Eleanor había prohibido cualquier
cambio en esta habitación. Pero hoy algo parecía extraño. A pesar de que la
ventana abierta de par en par dejaba entrar la feroz lluvia, ella parecía
completamente imperturbable.
—Era un niño
brillante desde muy temprana edad. Antes de dormir, sabes, prefería estas
historias largas en lugar de simples cuentos de hadas. Le encantaba en
particular esta historia sobre un cazador. Esta es una copia nueva que conseguí
para él porque leyó la original hasta dejarla hecha jirones.
Kian también
sabía esto. Era uno de los libros que Joshua le había recomendado aquella noche
en la cubierta.
—También era
excelente en la esgrima. Nunca perdió ante nadie. ¿Y su equitación? Hasta los
caballos más rebeldes se volvían dóciles en el momento en que él tomaba las
riendas. —Su rostro lucía ensimismado mientras evocaba el pasado—. Él era mi
bendición, mi todo. Como nunca vi su cuerpo con mis propios ojos, resistí
creyendo que debía de estar vivo en alguna parte. —De repente, la expresión
desapareció de su arrugado rostro cuando sus miradas se cruzaron—. Con un
simplón como tú... de pie en su lugar.
—Debe de
haberme encontrado insatisfactorio en muchos aspectos. Debe de haber sido
difícil para usted tolerarme.
Kian asintió
sumiso, levantando la comisura de sus labios.
—Bueno, ¿qué
podía hacer? He decidido aceptarlo ahora. Si Joshua estuviera vivo, nunca
dejaría de regresar con su madre. Era un niño tan considerado. Ese dulce chico
jamás me preocuparía de esta manera.
—¿Y bien?
Eleanor se le
acercó con avidez, con los ojos centelleantes.
—Así que
quiero que te quedes con Larson. En otras palabras... ahora te reconozco como
el verdadero señor de Larson.
—Gracias.
¿Finalmente
había perdido la cabeza? Sería una lástima encerrarla en un manicomio; no
podría ver este entretenido espectáculo a menudo. A pesar de la risa burlona de
Kian, ella aparentemente tenía más que decir.
—Hay algo que
aún no te he contado... Kian. Creo que es hora de decírtelo ahora.
—Por favor,
hable libremente.
—El señor de
Larson debería saber sobre el «Mar de las Sirenas».
De repente,
recordó que Joshua había mencionado el «Mar de las Sirenas» aquella noche.
Había dicho que pasarían por allí durante la noche y, aunque el recuerdo era
vago, a él parecía haberle resultado fascinante.
—Sé de ello
por Joshua.
—Entonces,
¿sabes cómo lidiar con el «Mar de las Sirenas»? Ni siquiera Joshua sabía eso.
Es el deber del jefe de la familia y un secreto familiar que solo se revela
cuando uno hereda el título.
Su sonrisa,
estirada hasta el punto de temblar, lucía de algún modo grotesca. Sus ojos,
forzados a sonreír, estaban inyectados en sangre, tal vez por la falta de
sueño.
—Ven, ven, te
lo contaré en detalle. Escucha con atención.
Eleanor von
Larson soltó una risita continua. Aunque parecía enajenada, paradójicamente,
lucía más complacida que en cualquier otro momento en que él la hubiera visto.

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