Creí haber curado al hermano enfermo del villano - Capítulo 46

Capítulo 46

 

—Los dragones ni siquiera pueden distinguir entre diferentes comidas.

—Pero él ni siquiera lo ha probado.

Ariel refunfuñó al lado de Merrien. Ya hacía bastante tiempo que ambos habían dejado la tienda de pudín y ahora se encontraban junto al lago.

El carruaje estaba repleto de pudines bien envueltos, luego de que compraran todo el inventario restante del local. A pesar de que la compra ya estaba hecha, él se negaba a dejar ir el asunto.

—Podríamos habérnoslos comido todos nosotros.

Sus labios sobresalían en un berrinche.

—Ya te comiste cinco en la tienda...

Cielos, qué hacer con estos celos tan ridículos. Ella sintió el impulso de empujar esos labios fruncidos de vuelta a su lugar, pero se contuvo. Merrien sabía exactamente cómo calmarlo cuando se ponía de esa manera.

—Deberíamos compartirlos con Agnes y los sirvientes, ya que aún no los han probado. Después de todo, son de los nuestros.

Cuando enfatizó lo de «los nuestros» mientras lo fijaba con una mirada seria, él cerró la boca rápidamente. Sus labios pronunciados no solo se suavizaron, sino que comenzaron a crisparse en una sonrisa.

«Es tan simple, de verdad».

Los propios labios de Merrien se curvaron en una esquina mientras tomaba la mano de Ariel. Que sus ojos se abrieran de par en par al instante fue exactamente lo que ella había previsto.

—¡Vaya, el lago! —señaló hacia el frente, fingiendo no darse cuenta.

Con cada paso hacia adelante, Ariel la seguía como ensimismado, igual que un trozo de papel flotando en el viento. Pronto, ambos estuvieron frente al lago. Todavía tomados de la mano.

—...Es realmente hermoso —expresó Merrien con genuina admiración.

Había pensado que solo sería brillante cuando le dijeron que era un lago bonito, pero el agua estaba tan clara que las nubes se reflejaban a la perfección en su superficie. Las flores a su alrededor parecían florecer por encima de las nubes. El cielo reflejado estaba impregnado de luz solar, luciendo tal como si se hubiera disuelto en él pintura al pastel de color naranja.

El lago azul. Merrien apretó la mano que aún sostenía, y luego giró lentamente la cabeza hacia un lado. Y, como siempre, se encontró con los ojos azules del hombre que la observaba.

—Tal como pensé.

Sí, cada vez que miraba los ojos azules de Ariel, estos siempre le recordaban a un lago.

—¿Qué?

—Tus ojos son más lindos.

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El latido del corazón de Ariel, que había parecido imperturbable, se aceleró de manera gradual. A pesar de saber que su corazón corría con locura, Ariel no evitó la mirada de Merrien.

—Merri.

—...Sí.

—Por el bien de nuestra gente también, deberías quedarte en la Casa Hartez por mucho tiempo. ¿Verdad?

—...

Merrien no pudo decir nada ante sus palabras, las cuales daban la impresión de saber algo.

—No, quédate para siempre. A mi lado.

Lo que recibió de vuelta no fue una petición sino casi una orden, pero la voz de Ariel temblaba sutilmente. Como si fuera a llorar en cualquier momento.

Tal vez contagiada por la atmósfera, y aunque no fuera el amanecer, Merrien también sintió un nudo en la garganta.

«¿Cómo podría dejar a esta persona?».

Una emoción abrumadora se precipitó de repente, estrujándole el corazón. Ariel rozó la mejilla de Merrien y ladeó un poco la cabeza. Pronto, sus labios se encontraron.

La visión de Merrien se nubló. Al cerrar los ojos, algo se deslizó por su mejilla.

Chu...

Después de que el breve beso terminó, Ariel le dio un rápido piquito más antes de alejarse. Limpió con suavidad las lágrimas que habían rodado hasta su barbilla mientras susurraba en voz baja:

—No llores.

...¿Cómo no hacerlo? Incluso al intentar desviar la vista, la barra de curación en el aire seguía parpadeando como si exigiera atención. A este ritmo, solo con la curación —por no hablar del contacto físico— les quedaba menos de un mes juntos.

Al final, Merrien esquivó su mirada mientras sollozaba. Hasta hace un momento era Ariel quien tenía la voz temblorosa como si fuera a llorar, pero la que realmente estaba llorando era ella.

—...No me queda mucha curación.

—No, llora un poco más.

—¿Estás loco?

De verdad, él no podía ponerse serio ni por un instante. Merrien, cuyas orejas se habían vuelto rojas, levantó la cabeza olvidando que había estado evitándolo deliberadamente. A pesar de haber estado llorando justo antes, un sonido de resignación escapó de sus labios. Cuando volvió a encontrarse con los ojos de Ariel, estos estaban bellamente entrecerrados por una sonrisa.

—¿Te estoy diciendo que necesito regresar a la realidad pronto?

—Tus ojos rojos también son lindos.

No, ¿es que acaso me estás escuchando? Sin duda uno debería escuchar cuando alguien habla con tanta seriedad. Él no se estaba concentrando en absoluto. Parecía más interesado en colocar con suavidad el cabello de Merrien detrás de su oreja.

—¡Ah, de verdad! —¡¿No debería ponerse serio en momentos como este?! Merrien apartó su mano con irritación mientras se frotaba los ojos.

—Merri, dijiste antes que curar a aquellos que van en contra del flujo de la historia reduce el poder de curación.

Justo cuando pensaba que estaban volviendo a una conversación normal, incluso esto salía de la nada. Ahora, hasta sollozar por haber llorado se sentía vergonzoso.

«Ponerme tan emocional de repente...»

Se prometió a sí misma no volver a conmoverse frente a Ariel. Como sea, tenía que responder, pero dado que no era importante de todos modos, Merrien agitó la mano con desapego.

—El Maestro de la Torre probablemente sea esa clase de persona, pero no estoy segura. No quiero arriesgarme a tropezar con él y que algo suceda.

«Tengo que completar mi poder de curación... para curarte por completo». Se tragó esas palabras.

—¿De verdad?

Ariel intentó colocar su mano en la cintura de Merrien, pero en su lugar recibió un manotazo con un sonido seco. Por un instante, sus pupilas se contrajeron verticalmente. Por desgracia, Merrien no vio esto. A pesar de haberse besado hace un momento, pronunció palabras que se sentían bastante distantes:

—Como sea... Haré mi mejor esfuerzo para curarte, pero vayamos distanciándonos gradualmente.

—No. No tenemos que hacerlo.

—¿...?

—Hagámoslo una vez más.

—¿Qué?

Merrien vaciló cuando Ariel se acercó de repente con actitud dominante. Sin embargo, no pudo rechazarlo cuando él se inclinó y ella cerró los ojos...

—¿...Merrien?

Se congelaron ante la voz de alguien. A pesar de que el ambiente se había estado construyendo, ¿qué podían hacer? Merrien empujó apresuradamente a Ariel y giró la cabeza hacia la voz. El sonido de un rezongo a su lado le entró por un oído y le salió por el otro. Pronto, los ojos de Merrien se agrandaron al reconocer a quien había pronunciado su nombre.

—¿...Charlotte?

—¡Cielos, realmente eres Merrien! —Charlotte, que había estado observando a Merrien con una expresión de duda, juntó las manos y exclamó con alegría. Su rostro resplandecía.

Jaah.

Ahora, en lugar de un rezongo, se pudo escuchar un profundo suspiro a su lado. "Lo siento por eso, ¿pero qué podemos hacer?". Sin importar qué, no podían dejar que Charlotte los viera besándose. Merrien fijó la mirada hacia el frente a la fuerza y se apresuró hacia ella. Al encontrarse después de tanto tiempo, ambas se tomaron de las manos.

—Merrien, ¿qué te trae por aquí?

Ariel contempló sus manos entrelazadas con una expresión de desagrado. Todo había salido mal desde que esa Santa interrumpió; no había ni una sola cosa que le gustara de esto. Sin importar la actitud de él, Merrien miró hacia el lago.

—Ah, tenía algunos asuntos cerca y recordé que Charlotte dijo que el lago era bonito, así que pasé a ver.

—¡Nunca imaginé que Merrien estaría aquí! ...Oh, cielos, saludos, Duque Hartez —Charlotte, que se había percatado de Ariel tardíamente, le ofreció un saludo cortés. Sin embargo, él apenas lo reconoció con un leve asentimiento de cabeza.

Una nerviosa Merrien guio a Charlotte de la mano para pararse ante Ariel. "Jaja", se rió con torpeza mientras fingía palmear la parte posterior de la cabeza de Ariel al tiempo que le susurraba al oído:

—Cómo pudiste saludarla de esa forma.

—El ambiente era bueno hace un momento.

—...

De verdad, hay cosas que se pueden decir y otras que no. Qué vergüenza. Merrien giró la cabeza bruscamente y sonrió fingiendo que no pasaba nada. Por fortuna, Charlotte no parecía estar ofendida. Pero...

—¡Yo también tenía asuntos cerca, qué coincidencia! Hay una tienda de pudín increíblemente delicioso por allá, pero dijeron que todo se había agotado justo antes de que yo llegara.

Lo que escuchó fue suficiente para morderle la conciencia. El rostro de Charlotte se ensombreció por la preocupación y la atmósfera se volvió lúgubre de repente. Una sobresaltada Merrien abrió la boca.

«¡Charlotte no pudo comprar pudín por mi culpa!».

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