La trampa de sirenas - Capítulo 95
A las tres de
la tarde del viernes, un juego de té ya estaba preparado en el despacho de la
duquesa de Larson. Este era el momento para la obligatoria conversación semanal
entre el duque y la duquesa de Larson, la cual se llevaba a cabo a esta hora
cada semana a menos que surgiera un evento especial.
—Gracias.
Puedes retirarte.
—Sí, mi
señora.
La duquesa de
Larson sirvió la primera taza, como hacía siempre, y despidió a la sirvienta
que la asistía. De todos modos, ella no bebería más de una taza.
—El té tiene
un aroma encantador. ¿Es nuevo?
El duque de
Larson se humedeció los labios con el té y preguntó casualmente.
—Debes de
tener un paladar refinado hoy. Tomamos este mismo té la última vez, pero
pareces apreciarlo más ahora.
—Ya veo. Debo
de haber estado desatento, querida.
A juzgar por
su respuesta, sonriente pero sarcástica, ante el comentario superficial de él,
algo claramente había amargado el humor de la duquesa. El duque ya sospechaba
qué había molestado a su esposa, pero no vio la necesidad de reconocerlo
primero.
—Debes de
haber escuchado las noticias.
—¿Qué
noticias?
—Sobre la
pequeña conmoción de hace unos días.
—Richard me
informó.
El duque de
Larson no hizo ningún esfuerzo por fingir ignorancia o negarlo.
—¿Puedo
preguntar qué planeas hacer al respecto?
La duquesa
preguntó sin mirarlo a los ojos, algo que solía hacer típicamente al abordar
temas incómodos. Esto era mejor que confrontarlo directamente; mantener una
distancia apropiada les ahorraría a ambos una fatiga innecesaria.
—No te
preocupes, querida. ¿Qué poder podrían tener las palabras de una prostituta
consumida por las drogas?
—¿Quién sabe?
Los tiempos han cambiado.
Eleanor von
Larson asentó su taza de té con un ruidoso tintineo.
—Incluso los
plebeyos leen periódicos de chismes en estos días. El escándalo de los
Harrington creció precisamente porque no lograron contenerlo.
—¿Qué estás
intentando decir, querida?
El duque de
Larson, esbozando una sonrisa un tanto deliberada, sacó su reloj de bolsillo
para revisar la hora.
—Parece que
tienes bastante que decir. Espero que tus asuntos puedan concluirse según lo
programado. Se le ha dado instrucciones al cochero para que prepare mi caballo.
Elevó las
comisuras de sus labios hacia su esposa una vez más, indicándole claramente que
debía ir al grano y terminar rápido porque estaba ocupado.
—Hazte cargo
de tus propios errores.
—¿Qué,
debería encargarme de esa prostituta?
—No, te
equivocas. Incluso si lidiaras con ella, ¿qué garantía hay de que no aparezcan
otros parientes? —La duquesa levantó la mirada para verlo directamente a los
ojos—. Cuando me casé contigo, te hice solo una petición. Que pasara lo que
pasara, protegerías mi honor y mi orgullo.
—¿Qué quieres
que haga entonces?
—Elimina la
fuente del problema.
—Habla con
claridad, querida. No tengo talento para andar adivinando ni interpretando.
No, no era
falta de talento; era falta de afecto. Él simplemente no quería gastar el
esfuerzo requerido para adivinar o interpretar. Bueno, no importaba. La propia
duquesa se sentía de la misma manera.
—Ese chico,
Kian. Quiero que lo quites de mi vista.
El duque de
Larson se rió entre dientes ante el lenguaje inusualmente directo de ella.
—Ah, ¿así que
su nombre es Kian?
—Sí.
—Ya veo.
¿Debería enviarlo lejos?
Su tono
sugería que estaba discutiendo el problema de alguien más, con total
desinterés. Esta era precisamente la razón por la que había ignorado esa
impureza hasta ahora. Su actitud casual hizo que a ella le hirviera la sangre.
La duquesa de Larson apretó el puño con fuerza.
—Deja de
fingir que no entiendes. Es detestable e infantil.
—Me dijiste
claramente que no hablara con rodeos. No tengo talento ni interés en descifrar
tales cosas.
—Estaba
pensando en rescatar a un niño de un orfanato esta vez. ¿Te parece lo
suficientemente directo?
—¿Qué?
Sus miradas
chocaron con fuerza.
—O tal vez
podrías llevar al chico a un viaje por mar. Dado que su repentina desaparición
de la mansión sin duda causaría habladurías, sería mejor en algún lugar donde
puedan ocurrir accidentes.
—De verdad
estás loca. Fingiré que no escuché eso.
—Sí, estoy
loca.
—Mientras el
duque de Larson recogía su chaqueta para marcharse, ella levantó la mirada—. Ya
que tú me condujiste a la locura, deberías limpiar tu propio desastre. ¿Acaso
estoy pidiendo demasiado?
—...
—No deberías
tratarme de esta manera. Según tengo entendido, todavía necesitas la ayuda de
mi familia con el asunto de la concesión ferroviaria.
—... Cariño.
Era meramente
un hábito. La palabra que este hombre supuestamente impecable pronunciaba
cuando se encontraba en desventaja. No porque fuera realmente impecable, sino
porque era lo suficientemente desvergonzado como para no considerar la mayoría
de las cosas como su propia culpa.
—Quiero
ayudarte, pero necesito mantener cierta dignidad ante mi padre. Nuestro
matrimonio sin amor es igual para ambos. Aun así, soy tu esposa y la señora de
Larson. ¿Te satisfaría que me retrataran en los periódicos de chismes como una
mujer tonta que alberga al linaje de una prostituta de callejón y a la que le
extorsionan dinero?
—Eleanor. Por
favor, cálmate.
—Entonces haz
que sea posible para mí calmarme. Escuché que ese chico va por ahí afirmando
que él mismo es un Larson. ¿Lo sabías? Eventualmente, manchará activamente el
apellido de nuestra familia. ¿Vas a quedarte ahí parado a mirar?
Habiendo
desatado su diatriba, Eleanor von Larson exhaló un largo suspiro y se terminó
el té restante.
—No me
importa nada más, pero espero sinceramente que cumplas la promesa que hiciste
cuando nos casamos.
********
Mientras
ayudaba con tareas secundarias en el jardín exterior, Kian se encontró
inesperadamente con una figura notable: el señor de esta mansión, el duque de
Larson.
—¡M-mi señor!
Qué lo trae por aquí...
El jardinero,
que había estado absorto podando las plantas del jardín, divisó a su amo e
inclinó la cabeza con un pánico confuso.
—Estaba
pasando y noté lo hermoso que está el jardín.
—Es mi
trabajo, señor. Sus elogios me dejan abrumado de gratitud.
—Continúa con
el buen trabajo, James.
El duque de
Larson le dio una palmada alentadora en el hombro.
Cabello rubio
dorado y una figura alta y bien estructurada. Un hombre que irradiaba una
nobleza y un brillo innatos. El duque de Larson se parecía a Joshua von Larson,
no a Kian, hasta un grado asombroso. Sin embargo, esta era la primera vez que
veía a su padre así de cerca.
—¿Tú eres
Kian?
—...
—¿Mmm?
Cuando Kian
solo se le quedó mirando consternado, el jardinero comenzó a darle golpes con
el codo en el costado.
—¿Qué estás
haciendo, muchacho? Date prisa y saluda al amo.
Cierto. No
padre, sino amo. Kian decidió dejar de lado sus pensamientos tontos.
Se inclinó lo
más profundamente que pudo ante el duque:
—H-hola, mi
señor. Soy Kian.
—Sí. Gusto en
conocerte.
El duque
sonrió con calidez y lo miró de arriba abajo. Kian se había puesto ropa cómoda
para el arduo trabajo que le esperaba, y ahora se sentía un tanto avergonzado
por su apariencia.
—Kian.
—Sí, mi
señor.
—Esta bolsa
es algo pesada. ¿Te molestaría llevarla al edificio principal por mí?
Los ojos de
Kian se agrandaron por la sorpresa.
********
Estaba tan
nervioso que no podía levantar la cabeza. Kian siguió al duque de Larson a una
corta distancia.
Esta era su
primera conversación con su padre biológico. Además, se dirigía al edificio
principal, un lugar en el que nunca había estado y al que jamás pensó que
podría entrar. Sentía que el corazón le iba a estallar.
—Has crecido
bien.
El duque de
Larson fue el primero en romper el incómodo silencio.
—G-gracias.
—Al ver tu
rostro, puedo notar que te pareces mucho a tu madre.
El duque de
repente sacó a relucir a su madre biológica. Al haber sido criado por Matilda
desde que era muy pequeño, Kian no sabía cómo lucía ella.
—¿Alguien en
la mansión te molesta?
El duque de
Larson, de alguna manera, planteó exactamente la misma pregunta que Joshua von
Larson había hecho. No solo se parecían físicamente, sino que también pensaban
de forma similar. Kian tragó saliva y sacudió la cabeza.
—Eso es
bueno.
Cuando su
breve conversación terminó, llegaron a la entrada del edificio principal.
Richard, que había estado esperando para recibirlos, tomó la bolsa de las manos
de Kian.
—Bienvenido
de vuelta, mi señor.
—Gracias.
Estoy cansado, así que, por favor, prepara mi baño.
—Lo dispondré
de inmediato.
—Ah, y
Richard.
El duque de
Larson llamó rápidamente a Richard de vuelta, pareciendo haber olvidado algo.
—Dile al chef
que prepare algunos bocadillos.
—¿Traigo
champán también? ¿O preferiría té?
—No, para mí
no. —El duque le sonrió con amabilidad a Kian—. Para Kian. Trabajó duro
cargando mi bolsa.
Esta
inesperada consideración hizo que el corazón de Kian se llenara a más no poder.
Sus mejillas se tiñeron de un profundo rubor.
—¿Te gustan
las galletas?
Una mano
grande le acarició la cabeza con dulzura. Aunque Kian sabía que esa amabilidad
le era otorgada como si fuera caridad, aun así, se sintió feliz y emocionado.
Era la primera muestra de atención que recibía de su pariente consanguíneo.
Sin saber
para qué propósito serviría aquello.


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