La trampa de sirenas - Capítulo 79
—¡Ah!
—Haah… qué
bien.
Kian enderezó
la columna y soltó un jadeo. Las paredes internas, abiertas de golpe, sujetaron
su miembro y temblaron con sutileza.
—¿Puedes
sentirlo? Tu interior retorciéndose y succionando mi miembro.
Tanteó el
área para acariciar sus partes unidas. Cada vez que la penetraba, le asombraba
que su miembro pudiera introducirse en una abertura tan pequeña. Ella lo
tragaba con dificultad, reteniéndolo de forma precaria en la entrada como si
fuera a estallar. Su perineo espumoso estaba tenso y caliente, estirado al
límite.
—... Esta
sensación es jodidamente buena, hnn.
—Hnng.
Cuando empujó
con fuerza hasta la base, las nalgas de ella se elevaron ligeramente por la
presión de su pelvis. Vivianne emitió gemidos lastimeros, incapaz de soportar
la presión de estallido. Cuando él le estimuló el clítoris frotando su vello
púbico, apelmazado por los fluidos, contra su sexo, ella tembló como quien se
rasca una comezón.
Un calor
húmedo y ardiente subió desde su interior. Él quería disfrutar de esta
sensación precaria justo antes de la liberación. Aunque la vista de ella
temblando, con solo la mitad inferior expuesta y empalada en él era exquisita,
sus pezones erectos no dejaban de captar su atención.
—Puedes
ocultar otras partes, Vivi, pero conmigo debes saber mostrarte.
Kian exhaló
con fuerza mientras le levantaba la pelvis y le subía el camisón hasta justo
debajo de la barbilla.
—Esta cosa
tan linda y lasciva. ¿A quién planeabas mostrársela además de a mí?
Sus pechos,
blancos como la luna, quedaron al descubierto. Él acarició los montículos
suaves y tiernos con ambas manos, maleables como leche cuajada. Los dos
montículos de carne, extendidos por estar acostada, fueron levantados con
plenitud por sus grandes manos.
—Me asombra
cada vez. Tu cuerpo es delgado, pero tus pechos son grandes.
—Ah, mmm.
—Mira, Vivi.
Mis manos ni siquiera pueden abarcarlo todo.
Cuando
Vivianne bajó la barbilla, pudo verlo sujetando y amasando sus pechos blancos
con la totalidad de sus palmas. Incluso con las manos de un hombre grande
manipulándolos, la carne aún se desbordaba entre sus dedos.
—Cuando
quedes embarazada, estos crecerán todavía más. ¿Cómo cargarás con cosas tan
pesadas entonces? —Su tono era de preocupación, pero sus ojos sonreían con
picardía—. Tus manos son demasiado pequeñas, así que cuando la leche se te
obstruya, no podrás masajearlos tú misma. ¿Verdad?
—¿La leche...
se obstruye?
—Sí. Dicen
que duele cuando la leche se acumula y se obstruya.
Ella sabía
sobre amamantar bebés, pero esto era información nueva.
—Alguien dijo
que quería un hijo, hnn... así que lo investigué.
Empujó
lánguidamente sus caderas, que habían estado quietas, aparentemente para
recordarle su penetración. Con el movimiento, sus pechos rebotaron y él apretó
los montículos de carne aún más. Sus genitales pegajosos y enredados producían
sonidos húmedos al moverse.
—Me
preguntaba qué le pasa al cuerpo de una mujer... cuando se embaraza.
Cuando
Vivianne abrió mucho los ojos, él respondió con suavidad:
—Necesitaba
saberlo. Te dije que no me gusta verte herida o lastimada.
Así que lo
investigó por su cuenta. A veces, él le brindaba un afecto desbordante en
momentos inesperados como este. Exactamente como alguien que sabía con
precisión de qué carecía ella.
—Estarán
pesados, así que tendré que masajearlos y succionarlos toda la noche.
Cuando
presionó ambos pulgares contra sus pezones, el bajo vientre de ella se tensó. A
medida que sus paredes internas se apretaron, estrujando su miembro, él empujó
hacia arriba con fuerza, negándose a retirarse ni un poco.
—No te
aprietes.
—Ahng...
Su cintura se
arqueó al instante y su cuerpo fue empujado hacia arriba. Su cintura se elevó,
creando un espacio entre ella y el escritorio. Kian la sujetó por la delgada
cintura con ambas manos y atrajo su pelvis de regreso hacia él.
—Hnnk,
Ki-Kian, hnn.
—Tienes que
tragártelo todo, Vivi.
Gracias a su
movimiento, su gran miembro quedó sepultado hasta el fondo, y sus testículos,
húmedos de fluidos, presionaron contra el perineo y el ano de ella.
—Ahnnng...
Habiéndose
introducido por completo, Kian confirmó que había llegado al fondo presionando
y restregando su punta contra este, y luego sonrió con frialdad.
—Bueno,
podrías verte linda. Caminando como un pato con el vientre hinchado, jadeando.
Tras este
comentario ocioso, comenzó a empujar sus caderas en serio. El cuerpo de ella se
sacudía con violencia de arriba abajo con sus movimientos. Arriba, sus pechos
redondos rebotaban; abajo, sus nalgas chocaban contra la pelvis de él.
—¡Mmng, nng,
ahng, hnn!
Morderse el
labio inferior no sirvió de nada. Con cada embestida, gemidos de placer
escapaban de sus labios. Mientras él le revolvía el interior con su miembro
ardiente como un atizador, sin dar tregua a que sus paredes internas se
contrajeran, estas parecían calentarse y volverse blandas. El calor que subía
desde debajo de su ombligo hacía que sus ojos se sintieran calientes.
Con las
nalgas elevadas en alto durante la penetración, su estómago estaba presionado,
y algo no dejaba de fluir desde sus partes unidas. No una sensación pegajosa,
sino algo parecido a un líquido transparente que se filtraba.
«...
¿Podría haberme... por accidente...?».
En cuanto el
pensamiento llegó a ella, escalofríos le recorrieron la espalda. Kian la había
traído hasta aquí, pero este era su escritorio de trabajo.
—Relájate un
poco, Vivi. Lo vas a romper.
—Hnn.
Cuando ella
intentó contenerse tensando el bajo vientre, Kian le dio una palmada en las
nalgas y la reprendió. Cuanto más se prolongaba la penetración sin aliento, más
aumentaba el extraño impulso. Vivianne luchó desesperadamente, con el rostro
tornándose de un azul pálido.
—Ahng, uh,
Kian, e-espera.
—¿Por qué?
—¡P-podría
cometer un error, juu, suéltame!
—¿Qué error?
Kian continuó
embistiendo con rapidez sin que su respiración se alterara. Quizás porque
estaban en su oficina y él estaba completamente vestido. Se concentraba en la
penetración con un leve fruncimiento de ceño, como si estuviera manejando un
asunto importante. Tener que suplicar ante él estando completamente expuesta.
Quería llorar de la vergüenza. Aun así, parecía mejor que orinar durante el
apareamiento.
—¡Quiero i-ir
al baño...! ¡Siento que voy a correrme. ¡Haah...!
—¿De repente?
Cruelmente,
Kian solo se burló, encontrándolo divertido.
—Si te
sientes con ganas de correrte, entonces corres. Vivi. ¿Cuál es el problema?
—¡Ahng,
n-no...!
Cuando ella
retorció el cuerpo pidiendo que la soltara, él la sujetó por la parte posterior
de las rodillas, inmovilizándola. Luego, aumentó la velocidad de sus embestidas
de forma burlona. Tras, tras, tras. El sonido de sus genitales húmedos
frotándose se volvió cada vez más explícito.
Con sus
vigorosos empujes, su miembro se hinchó aún más firmemente. Era inquietante
cómo pulsaba desde la base hacia arriba, como justo antes de la eyaculación. El
calor llenaba su centro, haciéndolo sentir como si fuera a derretirse.
—¡Aaaah!
Después de
aguantar y aguantar, había llegado a su límite. Con la sensación de que algo
estallaba, todo su cuerpo tembló. Sus paredes internas se contrajeron sin
control y su visión destelló en blanco. Pudo sentir el líquido claro correr por
los testículos de él y la comisura de sus nalgas, empapando por completo sus
muslos.
—Vaya, te
corriste mucho.
La voz de él
se escuchaba distante.
—Cada vez que
trabaje, oleré a ti. ¿Cómo lidiaré con la excitación?
Él se inclinó
deliberadamente para señalar aquello, susurrándole palabras crueles al oído.
Las lágrimas nublaron su visión debido a la angustia y los sollozos estallaron
por completo.
—Juu, juu,
yo, yo… juu, te dije que necesitaba, juu, el baño, juu.
Vivianne se
cubrió el rostro mojado con los brazos y rompió a llorar con fuerza. El rostro
le ardía y sentía un hormigueo hasta en la punta de las orejas. No importaba
cuánto le disgustara su actitud, qué tan molesta estuviera o cuánto la
lastimaran sus palabras y acciones, él era el macho al que amaba. Mostrar
semejante lado de sí misma ante él la hacía querer morirse de la vergüenza.
—¿Por qué
lloras otra vez?
Él le apartó
el cabello que se le pegaba a la frente.
—Lo siento,
Vivi. No llores.
Era raro que
él se disculpara. Pero mientras pedía perdón con la boca, no dejaba de reírse
entre dientes, por lo que su disculpa no tenía ninguna sinceridad. Por culpa de
un error momentáneo, se había convertido por completo en un objeto de burla.
Desde el
instante en que cometió ese desliz, la penetración se había detenido por
completo. Era natural. Ella no era una niña. Incluso si él fuera un macho, no
querría aparearse con una hembra que cometiera errores tan absurdos.
—Juu, juu,
juju. Juu…
El llanto de
Vivianne se volvió aún más ruidoso.
—No es un
error. No es sucio; es el fluido que sale cuando estás demasiado excitada.
Aunque la
estaba consolando, su voz todavía estaba llena de picardía. Además, intentó
apartar a la fuerza los brazos que apenas cubrían el rostro de ella. Parecía
que intentaba avergonzarla deliberadamente.
Por más que
se resistió, no era rival para la fuerza de un hombre. Su rostro desaliñado y
empapado de lágrimas quedó al descubierto. Kian robó primero la humedad de sus
párpados con los labios, y luego le limpió la cara con el borde de su ropa.
—¿Quieres
ver? Tú también hiciste que perdiera el control y me eyaculara de inmediato.
Sin siquiera haber empujado mucho.
Tal como
decía, hubiera eyaculado o no, su miembro era un desastre de semen blanco y
fluidos mezclados como espuma.
¿Pero por qué
seguía erecto?
No bien hubo
pensado esto, las comisuras de la boca de él se elevaron.
—Ponte a
gatas, Vivi.
—¿O-otra vez?
—¿Acaso he
terminado alguna vez después de venirme solo una vez? Date la vuelta para que
pueda tomarte por detrás.
—Estoy
cansada... solo un momento.
Después de
haber llorado y filtrado fluidos por ambos extremos, no le quedaban fuerzas en
el cuerpo. Sacudió la cabeza con agotamiento, pero en un instante, su cuerpo
fue volteado y se encontró inclinada sobre el escritorio.
—¡... Ah!
Cuando su
miembro duro se abrió paso en sus paredes internas, sus rodillas temblorosas
cedieron hacia delante. Él la sostuvo con firmeza desde atrás para que su
cuerpo no se desplomara.
—Levanta los
brazos.
Mientras le
quitaba por completo el camisón que llevaba puesto, un aliento caliente se
esparció por la nuca de ella. Él cubrió frenéticamente su cuello con pequeños
besos y luego lamió lánguidamente el lóbulo de su oreja. Cuando ella se encogió
por la sensación de cosquilleo, él de inmediato le susurró palabras perversas.
—Vivi, eres
pura palabrería.
—¿A qué te...
?
—Filtraste
todo lo que liberaste... si realmente quieres tener un hijo,
Él echó hacia
atrás la cintura y luego empujó hacia delante con tanta fuerza que el
escritorio se sacudió. Le zumbó la coronilla y sintió como si a todo su cuerpo
le prendieran fuego.
—¡Ah!
—¿Ni siquiera
puedes decir «por favor, empuja más profundo», y aun así lo evitas?
Presionó su
parte inferior profundamente dentro de ella otra vez y se aferró a su cuerpo
como una bestia desbocada.


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