Creí haber curado al hermano enfermo del villano - Capítulo 12

Capítulo 12

 —¡...!

—¡Santa, por favor regrese conmigo! ¡Su Alteza el Príncipe Forcite de Vergne la está esperando desesperadamente!

—¿Q-qué?

—¡Lo que está dentro de esta caja debe ser, debe ser…!

Sin embargo, a pesar de su agitación, la mujer pareció quedar bloqueada por algo y no pudo continuar hablando. Aunque no tenía la menor idea de lo que estaba ocurriendo, Merrien expresó sus pensamientos con total calma.

—Pero le prometí al duque Hartez que lo curaría, así que no creo que pueda irme…

Honestamente, quedarse en la mansión Hartez era muchísimo más seguro que irse con alguien a quien ni siquiera conocía. La mujer, que aparentemente no se esperaba recibir un rechazo, continuó hablando a toda prisa.

—¡P-pero! ¡¿Acaso no estuvo de acuerdo cuando Su Alteza le envió una carta antes diciendo que vendría por usted?!

—Ah.

«Es verdad que respondí así en ese entonces…».

Sintiéndose incómoda, Merrien se rascó la cabeza sin necesidad. Su poder de curación no estaba aumentando, y pronto llegaría el momento de ser secuestrada por el villano, el Señor de la Torre. En aquel tiempo, sentía que haría lo que fuera con tal de escapar de él. Por supuesto, basándose en la historia original, no esperaba que el protagonista masculino la salvara, pero se estaba aferrando a un clavo ardiendo.

«Lo lamento, pero no conozco al protagonista. Ni siquiera conozco su rostro».

Al no saber qué decir, Merrien decidió simplemente seguir las palabras de Ariel. Por ridículo que fuera, esto no era diferente a que un extraño le pidiera que fuera a algún lado.

—Lo siento, pero estoy en una relación seria con el duque Hartez.

—¡Ya está bajo los efectos de la magia! ¡Esto no puede ser!

Ante eso, los ojos de la mujer se abrieron de par en par en tiempo real y, fuera cual fuera el malentendido que se hubiera armado en su cabeza, desapareció de repente frente a Merrien. Mientras la mujer se desvanecía apresuradamente, la ligera brisa hizo que el cabello de Merrien flotara brevemente antes de asentarse.

—…¿De qué fue todo eso?

Al quedarse sola, Merrien murmuró con desaliento. Solo entonces le empezó a doler el trasero por la caída de hace un momento.

—Auch, esto… ¿Debería decírselo a Ariel?

Merrien se frotó el trasero mientras le infundía poder sagrado. Moviendo los ojos de un lado a otro mientras lo pensaba, se dio cuenta de que no era un asunto tan simple.

«Si lo hago, ¿no se lo informará Ariel al Señor de la Torre y harán que maten al protagonista masculino? ¿Qué pasa con esta novela si el protagonista muere?».

…Ah, no lo sé. Han pasado demasiadas cosas.

Desinflada, Merrien se apoyó contra la pared y, por casualidad, miró hacia la ventana. Afuera, el sol ya se estaba ocultando.

—Un momento, ¿ya son casi las seis?

Dio un brinco y salió corriendo. Ya no había tiempo para hablar de nada.

¡Bang-!

La puerta del grandioso cuarto de baño se cerró detrás de la apresurada Merrien. Poco después, alguien salió de entre las sombras.

Step, step-.

Las seis en punto. Su cabello negro se volvió gradualmente de color plateado al captar la luz de la luna. Ariel sonrió con malicia hacia la puerta cerrada.

*******

Forcite se sentó en su escritorio hoy otra vez, frunciendo el ceño mientras escribía una carta. El papel hacía ya mucho tiempo que se había arrugado de forma poco atractiva en su mano. Incluso después de repetir esto docenas de veces —escribiendo y desechando—, cuando finalmente enviaba una carta satisfactoria, no llegaba ninguna respuesta por parte de Merrien.

Haah… Merri. Qué es exactamente lo que está sucediendo en la mansión del duque Hartez.

Knock, knock-.

Fue la voz de un sirviente lo que lo sacó de su profundo silencio mientras se sostenía la cabeza.

—Su Alteza, he traído la caja que mencionó.

En ese instante, los ojos errantes y desenfocados de Forcite de repente chispearon con interés.

—Buen trabajo.

—Le pido disculpas, pero no pudimos abrir la caja.

El sirviente hizo una profunda reverencia, pareciendo verdaderamente arrepentido.

Lo que emanaba de la caja era claramente el aura de un medio de «magia de muerte». Sin embargo, tal como había dicho el sirviente, ni siquiera Forcite podía abrir la caja. En el «Imperio» no había nadie más fuerte que Forcite. Esto significaba que el Señor de la Torre debía haber sellado esta caja.

—Esta caja definitivamente pertenece al duque Hartez.

—Sí, Su Alteza.

—Muy bien, puedes retirarte.

La energía que fluía del duque Hartez y la energía que había sentido por parte del Señor de la Torre anteriormente eran demasiado similares. Tenían que ser la misma persona. Era una certeza.

—Merri…

Forcite colocó la caja sobre el escritorio y se frotó el rostro. Su amarga voz resonó por todo el palacio del Segundo Príncipe.

*******

La noticia de que el Segundo Príncipe, Forcite de Vergne, había convocado al Señor de la Torre al Palacio Imperial se extendió por todo el Imperio.

—¡Forcite de Vergne, qué insensatez es esta!

Incluso el Emperador, habiéndose enterado de esto tardíamente, llegó corriendo mientras gritaba desde la distancia. Parecía haber olvidado que numerosos sirvientes lo estaban observando, incapaz de contener su furia.

—Es exactamente como ha escuchado, Padre. El duque Hartez y el Señor de la Torre son la misma persona, y él ha hechizado a mi amiga de la infancia, Merrien…

—¡Eso no es import-!

—¡El Señor de la Torre hace su entrada!

Antes de que el Emperador pudiera terminar su reprimenda, las trompetas anunciaron la llegada del Señor de la Torre. Eran exactamente las seis de la tarde.

El rostro del Emperador comenzó a ponerse pálido. La Torre y su Señor, quienes no acataban ninguna restricción de poder, ya habían llegado al lugar.

Un hombre enmascarado entró al palacio con pasos largos, echándose hacia atrás el cabello plateado con evidente fastidio. Incluso llevando una túnica negra, su abrumadora presencia no podía ocultarse. Detrás de él lo seguía otro mago, aparentemente su asistente, con una expresión de total desinterés.

El Señor de la Torre, Ariel, se sentó de manera llamativa frente al atónito Emperador y habló con una voz intrigada. Sin siquiera pedirle al Emperador que tomara asiento.

—Y bien, tengo curiosidad por saber para qué me han llamado esta vez. ¡Ah! —Entonces, como si recordara algo, chasqueó los dedos—. Ahora que lo pienso, ¿acaso extrañaba a mi «Christopher Montgomery Alexander Harrison»? Debería haber enviado un mensaje. Pude haberle obsequiado uno similar.

A pesar de su tono juguetón, sus modales sugerían que no se trataba de una broma, lo que hizo que el Emperador tragara saliva con dificultad. Recordaba perfectamente el ridículo que había hecho ante esa absurda «mascota» que Ariel había traído en su momento.

El asistente, que naturalmente había tomado posición detrás de Ariel, replicó con una expresión de disgusto, como diciendo «aquí vamos de nuevo»:

—Señor de la Torre. Es «Christopher Alexander Montgomery Harrison». Al menos debería recordar correctamente el nombre que usted mismo le puso.

—Ah, mi error. Gracias, Seren.

Aunque todos parecían estar perdiendo la cabeza, la gente del palacio no se atrevía a hablar debido a la abrumadora presencia reinante. Ni siquiera Forcite, el héroe del Imperio y Segundo Príncipe que había convocado al Señor de la Torre.

—Jaja… Señor de la Torre. Ha pasado tiempo. Creo que ha habido un malentendido por parte de mi hijo respecto a la convocatoria de hoy.

El Emperador, sudando profusamente, fue el primero en responder.

Forcite, quien hasta ahora solo había estado fuera combatiendo en guerras como comandante de los caballeros, no lograba comprender en lo absoluto la situación actual. Ni siquiera el hecho de estar siendo doblegado por la presencia de otra persona. Tras intentar calmar su tembloroso cuerpo, dio un paso al frente sosteniendo la preciada caja.

—Señor de la Torre. Debe dar una explicación sobre esta caja.

—Jaja, ¿qué explicación?

Ariel cruzó las piernas y se acomodó en su asiento. Con una ligera inclinación de cabeza, fijó su mirada en Forcite, instándolo silenciosamente a continuar.

—La energía que emana de esta caja es, sin duda, la de un medio de «magia de muerte». Esto debe ser lo que utilizó para hechizar a Merrien.

Forcite colocó la caja frente a Ariel y habló con audacia.

—…El Príncipe parece bastante conocedor de la magia.

Pero Forcite no pudo sacudirse la sensación que recorrió todo su cuerpo ante esa voz que de repente se había vuelto profunda y baja, como si raspara las paredes de una cueva. Quizás era más bien como si se le pusiera la piel de gallina. No pudo evitar detenerse ante esta sensación que jamás había experimentado en su vida.

Ariel recogió la caja, casi acunándola entre sus manos. Sus dedos acariciaron lentamente la superficie, como si recordara lo que había en su interior.

—Sí, algo muy valioso se encuentra aquí dentro. Príncipe, robar esto significa que está preparado para las consecuencias, ¿verdad?

—…Sí.

Aunque momentáneamente desconcertado, Forcite recuperó rápidamente la compostura. La reacción del Señor de la Torre solo confirmaba sus sospechas. Que el Señor de la Torre mostrara una reacción tan extrema ante un objeto robado de la mansión del duque Hartez, significaba por sí mismo que sus conjeturas eran correctas.

«Con tal de recuperar a Merrien».

Forcite no había estado en su sano juicio desde que perdió el contacto con Merrien. Y seguía igual en este momento. A pesar de estar sintiendo una tremenda presión por primera vez en su vida debido al hombre que tenía enfrente, sus pensamientos estaban centrados únicamente en Merrien.

—Muy bien. Abriré esta caja. No se arrepienta si esto destruye la relación entre el Imperio y la Torre.

—¡Eso…!

El Emperador gritó con urgencia, pero la caja ya había sido abierta con facilidad mediante un ligero gesto de Ariel, como si no fuera nada. Tal como cuando se abrió la caja de Pandora.

Y entonces.

—¿…?

—¿...?

Todos se quedaron sin palabras, con la boca abierta ante lo que se encontraba en el interior.

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