Ven y llora en mi funeral - Capítulo 4

Capítulo 4

 

El año en que Freesia cumplió los veinte, Izar partió en una campaña de subyugación contra un gran ataque de monstruos.

Ese día, ella reunió el valor necesario para unirse a la multitud que iba a despedirlo.

«Por favor, mira hacia aquí al menos una vez».

Poniéndose de puntillas, suplicó en silencio.

«Solo una vez, Su Gracia».

Pero la mirada del duque, montado a caballo, nunca se posó en ella. Decepcionada, escuchó a la gente susurrar a su alrededor.

—Después de esta campaña, el señor se va a casar, ¿verdad?

—Eso escuché. ¿No es con la dama ducal Antares?

—Nuestro duque se merece a una mujer de esa distinción.

—¿Significa esto que la familia imperial finalmente ha perdonado a estas tierras?

Los demás hablaban con alegría, como si se tratara de una ocasión feliz.

Freesia sintió que la sangre se le enfriaba lentamente.

«...Para empezar, nunca me hice ilusiones».

Era un amor que jamás podría realizarse. En el Imperio Celestica, la brecha de clases entre la nobleza y los plebeyos era abismal. Un matrimonio entre un gran noble y una plebeya de bajo cuna era tan improbable como la unión entre un humano y una bestia.

«Todo lo que necesito es a mi duque imaginario».

Tal como lo hacían los amantes del pueblo… Imaginaba a alguien besándola, sonriéndole con ternura, protegiéndola. Sin embargo, por el hecho de ser «la hija de la loca», nadie le prestaba atención a Freesia.

«Pero sería pecaminoso fantasear con un hombre casado, ¿no?».

Izar iba a ser el esposo de otra mujer, consumaría su matrimonio y, con el tiempo, tendría hijos. El pensamiento le retorció las entrañas, dejándole un sabor amargo en la boca. Una penetrante sensación de pérdida la caló hasta los huesos. Freesia no tenía nada que perder desde un principio, y aun así se descubrió a sí misma haciendo lamentos tan vanos.

—Si tan solo fuera una hija del ducado Antares…

Entonces podría haberse convertido en la esposa del duque. Habría podido comprobar si sus fantasías podían volverse realidad.

—Pfft. Haa…

Pero incluso mientras lo decía, se rió de lo absurdo de sus propias palabras. La hija de una loca, la pastorcilla más insignificante del territorio.

«¿Cómo podría alguien como yo convertirse en la novia de un noble?».

Era un sueño imposible, y sabía que tenía que renunciar a él. Sin embargo, su vida había estado tan desprovista de dulzura que a Freesia le resultaba difícil abandonar su fantasía.

«Seguiré imaginando hasta el día en que el duque regrese de la campaña de subyugación».

El amor no correspondido era doloroso, pero la había mantenido a flote a lo largo de su desesperanzada existencia. Tenía la intención de estar agradecida por ello y seguir adelante.

********

Meses después, las secuelas del ataque de los monstruos llegaron a la capital.

Llegaron noticias al feudo ducal de que el grupo de Izar había salvado la capital. La gente vitoreaba la victoria de su señor, y Freesia presintió el inminente final de su afecto.

—¿Cuándo regresará?

Quería aferrarse a sus sentimientos hasta el último momento. Pero, por supuesto, no había nadie que pusiera al tanto a una simple pastorcilla sobre el paradero del duque.

—Ojalá pudiera verlo solo una vez más…

Justo antes de entrar a su casa, Freesia vaciló.

«¿Por qué huele a sangre en la entrada?».

El corazón le latía en los oídos como un tambor amortiguado.

«¿Se habrá caído madre de la cama?».

Su madre, ya de por sí frágil, había estado enferma con más frecuencia ese año. En lugar de gritar por sus pesadillas, tomaba té de hierbas y dormía, lo que aliviaba un poco la vida diaria de Freesia.

¿Debería haber salido corriendo en ese instante?

—¡Madre! ¿Estás bi—

Pero las manos ansiosas de Freesia ya habían abierto la puerta de par en par.

Su madre, que había estado en cama esa mañana, yacía ahora en el suelo. Debajo de ella, una mancha de sangre roja y oscura se extendía lentamente por el piso.

—¡...!

Freesia se quedó sin voz por la impresión.

Unas personas dentro de la habitación en penumbras se le acercaron. Todos menos uno empuñaban espadas. Y el que no llevaba espada se aproximó a ella con una sonrisa.

—Huu… Ya estás completamente crecida, ¿eh? Pero quién iba a imaginar que una hija bastarda vivía aquí.

Unas manos blancas y delicadamente cuidadas retiraron la capucha que cubría el rostro de quien hablaba. Freesia, al encontrarse con una mujer de la nobleza por primera vez en su vida, comprendió al instante de quién se trataba.

—Ella será bastante útil.

Esta mujer era la esposa de su «padre».

Poco tiempo después, Freesia fue entregada para convertirse en la novia del duque Arcturus. Fue durante ese año que aprendió que, a veces, los deseos se cumplen de las maneras más retorcidas.

********

Al rastrear el origen de esta situación, la gente culpaba a la anterior duquesa de Arcturus.

La madre de Izar se había enamorado del líder de los rebeldes cuando él tenía tres años y abandonó la casa ducal. Y después de eso, los rebeldes lograron asesinar a miembros de la familia imperial utilizando los secretos de la casa ducal que ella se había llevado consigo.

El anterior duque reprimió más tarde la rebelión y se quitó la vida en señal de expiación. Sin embargo, la ira del Emperador por la pérdida de tantos miembros de su familia seguía siendo feroz.

—¡La Casa Arcturus debería estar agradecida de no haber sido exterminada! ¡Mientras yo ocupe este trono, sus pecados jamás serán perdonados!

Debido a la ira del Emperador, la Casa Arcturus había sido desterrada de la capital. Una deshonra humillante para una familia noble.

Sin embargo, cuando Izar salvó la capital de los monstruos, el clamor popular obligó al Emperador a concederle una recompensa. El Emperador decidió desposarlo con una hija del prestigioso ducado Antares. Era un golpe de suerte para la familia Arcturus, que alguna vez había tocado fondo. Significaba que podrían regresar a las actividades de la corte imperial.

Sin embargo, lejos de las expectativas de los Arcturus y sus vasallos, la novia no fue Atria, la única hija oficial del ducado Antares. En su lugar, el duque Antares desenterró a una hija bastarda que había tenido con una noble caída en desgracia. La presentó como sustituta en el último momento.

Tras la ceremonia nupcial, Izar se frotó el rostro una y otra vez con brusquedad, soltando una risa seca.

—Ha…

En la cámara nupcial, Freesia se encogía de miedo, sin atreverse a levantar la cabeza. A pesar de la naturaleza escandalosa del matrimonio, Izar no tenía escapatoria. El ducado Antares simplemente estaba ejecutando las órdenes del Emperador. Esta burla era la intención del propio Emperador.

Incapaz de soportar el pesado silencio cargado de desprecio, Freesia habló primero.

—Su Gracia…

—¿Tú también estás metida en esto?

—¿Perdone?

—Te estoy preguntando si el haber estado viviendo en mis tierras era todo parte de tu plan.

Izar la miró con absoluto asco. Esa sola mirada fue suficiente para asfixiarla.


 

Publicar un comentario

0 Comentarios