La princesa necesita un escándalo - Capítulo 9
Giró el cuerpo de Adela, estrechándola contra él de modo que quedaran frente a frente.
Sujetó la parte posterior de su cabeza con una mano, su mentón con la otra y presionó sus labios contra los de ella. Adela no tuvo tiempo ni de sorprenderse.
Sus labios se estamparon con brusquedad contra los de Adela, succionando como si quisiera tragárselos enteros. Pero la cosa no terminó ahí. Su lengua delineó los labios de ella y luego los mordisqueó ligeramente con los dientes.
—Ah.
Ante el leve dolor, Adela abrió los labios. De inmediato, esa lengua ajena invadió su boca con fuerza.
Su lengua estaba caliente. Ambas lenguas se enredaron y el calor se transmitió a la de Adela. Ese ardor que rozó su lengua corrió por su sangre como el fuego.
Haa, haa.
Su respiración se aceleró; su corazón latía con tanta fuerza que parecía que iba a estallar. Su mente se quedó en blanco.
La lengua de él se introdujo profundamente, barriendo su boca y rozando cada rincón de la cara interna de sus mejillas. Luego volvió a lamerle los labios, le mordió el labio inferior y succionó con tanta fuerza que le escoció.
«¿Qué es esto?».
Sentía como si su cuerpo se estuviera derritiendo. La sensación de hormigueo que envolvió todo su ser era casi enloquecedora. Sus hombros temblaron levemente. Una intensa tensión se apoderó de su vientre bajo y las piernas le quedaron completamente desprovistas de fuerza. Aquello no tenía nada que ver con su propia voluntad. Mientras él le devoraba los labios y la lengua, los escalofríos le bajaban hasta los dedos de los pies, impidiéndole recobrar el sentido.
Adela se tambaleó. En lugar de desplomarse, cayó en los fuertes brazos de él, que se habían envuelto alrededor de su cintura.
Atrapada contra su cuerpo, Adela no podía moverse en absoluto. Entretanto, el beso se volvió más rudo y profundo. Le faltaba el aire. No, sentía más bien como si todo su ser estuviera siendo absorbido por él. La cabeza se le nubló por la falta de oxígeno.
Finalmente, sus labios se separaron.
—Haa...
Adela jadeó desesperada en busca de aire. El rudo aliento de él se filtró entre sus labios entreabiertos, mezclándose con el suyo. Incluso sus pestañas temblaban.
«¿Así que esto es un beso?».
Para ser un primer beso, había sido una experiencia escandalosamente intensa. Antes de que pudiera ordenar sus pensamientos, él volvió a girar su cuerpo hacia el espejo. Acarició lentamente con la yema de los dedos los carnosos y encendidos labios de Adela.
—¿Cómo se siente ahora?
Una mujer apareció en el espejo. Sus ojos desorientados y acuosos, las mejillas ruborizadas, los labios rojos sutilmente entreabiertos y el cabello revuelto por el toque de un hombre; todo envuelto en una atmósfera ardiente. Parecía una mujer lasciva, de las que inspiran toda clase de imaginaciones vergonzosas.
«¿De verdad esa soy yo?».
El reflejo parecía el de otra persona con su mismo rostro. Adela siempre había sido pulcra y sumamente comedida a la hora de expresar sus emociones; jamás en su vida había lucido de esa manera. ¿Cómo podía su rostro cambiar tanto en tan poco tiempo? Adela estaba confundida.
—¿Lo ve, princesa? Cuando un hombre y una mujer se tocan, quedan rastros como este.
Su voz profunda y melosa, similar al tañido de un instrumento de cuerda, susurró al oído de Adela. En el espejo, ella vio cómo él se inclinaba hacia su nuca.
¿La iba a morder?
Ella se tensó por el temor, pero él succionó con suavidad su nuca mientras la miraba a los ojos a través del espejo. La sensación de ser succionada suavemente en la nuca fue tan dulce como saborear un postre delicioso. Adela cerró los ojos. Un estremecimiento punzante recorrió todo su cuerpo. Flis, una humedad se extendió desde su intimidad, empapando su ropa interior.
—¿Puede verlo? Justo así...
Sobresaltada por su voz, Adela abrió los ojos. En su nuca, donde los labios de él se habían posado apenas un instante antes, florecía un pétalo rojo.
—... queda una marca.
Él sonrió de medio lado, acariciando suavemente con el pulgar el pétalo rojo que había dejado. Una vez más, un escalofrío desconocido recorrió a Adela. Extrañamente, una peculiar sed despertó en su interior.
—Princesa, ¿sabe lo que significa que un hombre y una mujer se acuesten juntos?
—He recibido suficiente educación sexual —Adela se sacudió apresuradamente el brazo de él y regresó a sentarse al sofá.
Estaba verdaderamente perturbada. Deseaba abanicarse el rostro ardiente, pero, no queriendo mostrar su agitación, fingió mantener la mayor calma posible.
—Estoy seguro de que la ha recibido, en teoría. Pero esta es su primera experiencia real, ¿no es así? Es completamente diferente a la teoría —se burló él, rozándose los labios.
Él se tocaba sus propios labios, pero ella no podía pensar en otra cosa que no fuera ese beso.
—Entonces, ¿estás rechazando mi propuesta?
Intentó componerse lo mejor que pudo, pero su voz aún se quebró ligeramente debido a la agitación remanente.
—A lo que me refiero es a que, si va a engañar a los demás, tiene que hacerlo como es debido.
—¿Como es debido?
—Como es debido —repitió Braden con un tono claro y decidido.
—Entonces, para cerrar este trato, ¿estás diciendo que tenemos que acostarnos juntos?
—Dejemos algo en claro, princesa. No es que usted me esté tomando a mí, sino que soy yo quien la está acogiendo especialmente a usted.
Él sonrió con picardía, entornando los ojos. ¿Quién habría imaginado que este hombre pudiera sonreír de una manera tan traviesa?
Era la primera vez que su sonrisa lucía dulce.
—¿Acaso no es lo mismo?
—No, es muy diferente. Yo no me acuesto con cualquier mujer. Así que eso significa que usted ha sido elegida por mí.
—¡Ja!
Se quedó estupefacta. Había sido ella quien lo había elegido a él. ¿Por qué? Porque era el gladiador más cotizado del momento. Y le había ofrecido su libertad como pago. ¿Pero ahora resultaba que ella era la elegida?
—Así que decídase. Si va a hacerlo, hágalo como es debido. Si no, olvídelo. Pero le aseguro que el escándalo que busca valdrá cada moneda de lo que pague.
—¿Cómo?
—Le mostraré cómo se comporta una mujer enloquecida por un hombre. ¿No es eso lo que quiere? ¿Arrastrar su elevada reputación "hasta lo más profundo" a través de un escándalo conmigo?
Cuando ella misma lo había dicho, no lo había asimilado del todo, pero al escucharlo de los labios de él, el verdadero significado de arrastrar su reputación hasta el fondo por un escándalo le cayó como un balde de agua fría. Ahora comprendía por qué Logan había sufrido tanto.
—Es exacto. Eso es lo que quiero. Caer "hasta lo más profundo" —repitió Adela, recordando el propósito por el cual había ido a buscarlo.
—Ningún otro gladiador podrá lograrlo. Solo yo.
Él se mostraba extrañamente confiado. Y, de algún modo, tenía sentido; realmente parecía que solo él sería capaz de llevar a cabo su plan.
—Por lo tanto, si no va a llegar hasta el final conmigo, será mejor que renuncie a su plan. Perderá su dinero y su cometido fracasará.
Adela miró profundamente esos ojos turquesa. Desde que había entrado en la habitación, él no había hecho más que provocarla, pero ahora hablaba completamente en serio. ¿Sería por eso que le parecía digno de confianza? De verdad sentía que ningún otro gladiador serviría.
Había pensado que provocar un escándalo no sería difícil. Por supuesto, jamás esperó tener que acostarse realmente con él. Pero ahora, él decía que era obligatorio. Su beso había demostrado su punto. Había ido a persuadirlo, pero ahora era ella la que estaba siendo persuadida.
Un hombre al que acababa de conocer hoy. Todo lo que sabía de él era que se trataba de un cotizado gladiador esclavo con un físico imponente.
No sabía nada de sus valores ni de sus preferencias. ¿Realmente podría entregarle su cuerpo a un hombre así? Y para colmo, ¿en su segundo encuentro?
Admitía que poseía un magnetismo sexual como nunca antes había encontrado. Pero ¿de verdad podía entregar su cuerpo solo por eso?
—Hay un combate en dos días. Eso debería darle tiempo suficiente para pensar, ¿no cree? —al ver a Adela sumida en el silencio de sus pensamientos, él preguntó con voz relajada.
—No. No lo necesito.
—¿Se rinde? Buena elección.
Era la respuesta correcta, pero Braden se sintió extrañamente decepcionado por la rapidez con la que ella tiraba la toalla. «Ja, sentir arrepentimiento por una mujer».
—¿Rendirme? No.
—¿Entonces? —Braden entornó los ojos. ¿Acaso iba a hacerle otra propuesta?
—Lo haré como es debido, tal como has dicho. Ya había tomado una decisión antes de venir. Las estrategias pueden cambiar, pero las tácticas no.
Un destello de desesperación parpadeó en su decidida mirada. ¿Qué podía causarle tanta desesperación? Realmente era fascinante; desde que se habían conocido, no había dejado de ser interesante ni por un solo segundo.
Braden miró de reojo la poción anticonceptiva que estaba en el estante.
—Ah, esa porquería tiene un sabor absolutamente repugnante.
No es que la hubiera tomado por motivos sexuales. El demente de Liber lo había engañado para que la probara una vez, así que conocía el sabor; era verdaderamente inmundo. Ese maldito Liber... podría haberla hecho bien, pero decidió darle ese sabor. Había innumerables razones para maldecir a Liber, pero jamás esperó hacerlo por el sabor de una poción.
La forma en que Braden frunció el ceño dejó en claro cuánto la detestaba, tanto que incluso Adela, que jamás la había probado, casi pudo imaginarse el sabor. Parecía que no mentía al decir que no aceptaba damas porque odiaba la poción. Temiendo que él rechazara el trato por este motivo, Adela se apresuró a hablar.
—Si hubiera tiempo suficiente, yo misma tomaría la poción, pero no lo hay. Te compensaré generosamente por eso.
Esta era la única concesión que Adela podía ofrecer.—La compensación es suficiente. Pero me gustaría confirmar una cosa.
—¿Confirmar?
—¿Recuerda cómo la besé hace un momento?
—...
—Intente besarme así. Haga que desee tenerla con tanta desesperación que esté dispuesto a beber esa espantosa porquería con tal de tener el placer de estar con usted.
Adela miró fijamente a Braden.
—No estoy segura.
—¿De qué? ¿De cómo besar? ¿Quiere que se lo muestre otra vez?
—¿Es que odias la poción, o es que te desagrado yo? ¿Acaso solo te estás burlando de mí porque no quieres aceptar mi propuesta?
—Al contrario, princesa. Quiero que me seduzca. Lo suficiente como para que yo soporte esa asquerosa bebida. Así que bésame.
Braden habló con un tono autoritario y luego se sentó en la cama con aire despreocupado. Se dio una palmada en su robusto muslo, como indicándole que se sentara allí. Como desafiándola a que lo intentara, si es que era capaz.


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