La princesa necesita un escándalo - Capítulo 3
—¿Así que de eso se trata? En ese caso, hundamos mi reputación.
—¿Qué?
Los tres la miraron completamente conmocionados.
—¿No lo han dicho ustedes mismos? Es más rápido destruir mi reputación que elevar la de Su Majestad.
—¿De verdad tiene que llegar a ese extremo solo por la paranoia de Su Majestad? —Alexa no se molestó en ocultar su descontento.
—No es algo que se pueda descartar simplemente como paranoia. Ayer, el marqués Adamante trajo un documento sellado por los nobles —los ojos de Adela se oscurecieron—. Maldita sea. ¿Por qué arman tanto alboroto cuando usted ni siquiera lo desea?
—Dama Aubrey, eso no es bueno para el bebé.
Justo cuando Alexa iba a empezar a maldecir en serio, Logan la detuvo con suavidad.
Alexa y Logan estaban casados. Alexa, de cabello pelirrojo y ojos anaranjados, tenía treinta años, pero tal vez por ser una caballero capaz de manejar el aura, aparentaba menos edad. Por el contrario, Logan, dos años menor que ella, lucía más maduro gracias a su prudencia y a su porte y habla de estudiante modelo
Convertida ahora en condesa, Alexa había sido tan indómita —casi salvaje— que les había causado muchos dolores de cabeza a sus padres en su juventud. A pesar de haber sido una firme defensora del amor libre, por alguna razón se enamoró perdidamente de Logan y le propuso matrimonio de forma sumamente agresiva. Logan era un plebeyo, pero sus habilidades eran sobresalientes y su conducta intachable, por lo que la familia Aubrey lo aceptó con gusto como yerno. Eso había sido el año pasado.
Como eran polos tan opuestos, Adela había pensado al principio que no encajaban. Pero ahora veía que eran perfectos el uno para el otro. El temperamento ardiente de Alexa se equilibraba con la calma de Logan, que actuaba como el agua.
—Es verdad, Alexa. Deberías tener cuidado con tus palabras y con tu cuerpo. Constrúyele tu protección a alguien más y concéntrate en tus cuidados prenatales.
A diferencia de la mayoría de las damas nobles, que tenían a su primer hijo a mediados de los veinte años como muy tarde, Alexa se había retrasado bastante. Por eso, tanto Adela como Logan no habían dejado de preocuparse por ella desde que quedó embarazada. A la interesada, por supuesto, no le importaba en absoluto.
—No, gracias. Tanto mi cuerpo como mi bebé son fuertes y sanos.
—Nunca está de más ser precavida.
Si el bebé no puede soportar ni siquiera esto, no servirá de nada cuando nazca.
—Esposa mía, por favor, mide tus palabras.
El rostro de Logan se puso pálido mientras no dejaba de mirar de reojo el vientre, todavía plano, de Alexa. Si hubiera podido taparle los oídos al bebé, lo habría hecho de inmediato.
—Pararé cuando sienta el cuerpo pesado. Todavía estoy perfectamente.
Ante el tono firme de Alexa, Adela asintió como si la comprendiera.
—Esto... ¿qué les parece esto?
—Aun asimilando la situación, Joy rebuscó en sus bolsillos.
—¿Qué es?
—La impaciente Alexa presionó a Joy.
—Esto.
Lo que Joy sacó fue un pasquín sensacionalista, lleno de cotilleos escandalosos que rozaban la ficción.
—Esto es una revista de chismes, ¿no? —Alexa inclinó la cabeza.
—¿Estás sugiriendo que provoquemos un escándalo digno de un tabloide? —Logan captó de inmediato la intención de Joy.
—¿Ah, sí? ¿Es eso? —Alexa parpadeó mirando a Joy. A diferencia de Logan, ella no lo había adivinado en absoluto. —Sí, exacto. Es eso mismo.
Cuando Joy aplaudió estando de acuerdo, Alexa, como orgullosa de su esposo, exclamó: «Oh», y le levantó el pulgar. Alexa a menudo se preocupaba de que su marido fuera demasiado frágil, pero se sentía muy orgullosa de su inteligencia, tan diferente a la suya.
—Un escándalo, ¿no es maravilloso? Un amor imposible —con una mirada soñadora, Joy entrelazó las manos.
—¿Un amor imposible? Eso no existe. Si te lo propones, no hay amor que no puedas alcanzar. Mírame a mí —Alexa se golpeó el pecho con confianza.
—Es verdad, su historia de amor debería estar en una novela romántica.
Joy, fanática de las novelas de romance, miraba a la pareja con envidia por su diferencia de estatus. Su historia era el material perfecto para un libro.
—¿Por qué no la escribes tú misma? Ya vi antes que se te da bastante bien inventar historias.
—¿A mí? —Joy pareció tentada por la sugerencia de Alexa.
Logan soltó un leve suspiro. La conversación se estaba desviando otra vez. No era nada nuevo; sus charlas eran como una pelota rebotando: nunca sabías a dónde irían a parar, y si no intervenías, se pasarían toda la reunión hablando de cualquier otra cosa.
—Dejen eso para luego. Esto es una discusión muy importante ahora mismo, ¿no creen?
—Ah, es verdad. Tenemos que inventar un escándalo —Alexa se dio un golpe en la cabeza.
—¿Por qué todo tiene que terminar siempre en un escándalo? —A Logan le empezó a latir la sien ante una conversación que, inevitablemente, orbitaba en torno a los rumores.
El asunto de hoy era bastante serio y pesado, pero gracias a ellas dos, se sentía infinitamente ligero. No entendía por qué Adela seguía escuchando sus charlas dispersas e improductivas.
—Es que es tan romántico... —Joy parpadeó con un rostro inocente de jovencita.
—Es verdad, es romántico. —Romántico, mis narices.
Alexa y Logan hablaron al mismo tiempo.
—Sí, me parece bien. Un escándalo.
Adela, que había estado escuchando en silencio, habló con tono sereno.
—¿Por qué se suma a esto, Su Alteza? ¿Acaso tiene sentido? Un escándalo es algo sumamente deshonroso —Logan giró la cabeza bruscamente hacia Adela.
—Si necesito destruir mi reputación, por supuesto que debo hacer algo deshonroso. La peor deshonra sería la traición, pero esa no es una opción.
—Su Alteza, en ese caso se convertiría en la monarca de inmediato —comentó Alexa con naturalidad.
Ese era el problema. Incluso si estallara una rebelión, todos estaban convencidos de que Adela ganaría. Sencillamente, Holden no contaba con el apoyo suficiente.
—Un escándalo... Es simple, rápido y efectivo. Si me veo envuelta en uno, los nobles conservadores serán los primeros en darme la espalda.
El Reino de Edel tenía normas muy estrictas respecto a los romances prematrimoniales o al adulterio. Era uno de los pocos reinos que insistía firmemente en la monogamia.
—No importa que sea una princesa; si me veo atrapada en un escándalo, los nobles no querrán casar a sus hijos conmigo. Y si alguno lo intentara, sus intenciones serían sospechosas.
Aunque el tema era el mismo, cuando Adela hablaba del escándalo, la situación adquiría un matiz pesado y serio.
—Eso es un poco triste. Que tenga que vivir sola para siempre, Su Alteza —apenada, Joy frunció los labios.
—La estabilidad del reino es más importante que mi matrimonio.
—¿Por qué tendría que renunciar al matrimonio, Su Alteza? Simplemente cásese en otro país y deje atrás este reino —el rostro de Alexa reflejaba amargura.
Adela había vivido toda su vida, desde la infancia hasta el presente, renunciando a su propia felicidad. Y ahora se esperaba que también entregara el resto de sus días por el bien del reino. A Alexa no le gustaba esa forma de pensar de Adela. ¿Acaso una princesa no tenía también derecho a ser feliz como cualquier ser humano?
—Es mi país. Es nuestro país —Adela miró a los ojos a cada uno de los presentes en la habitación, uno por uno—. El país debe ser fuerte para poder proteger a su pueblo.
—¿Pero por qué debe cargar con eso usted sola, Su Alteza? Para eso hay un rey —Alexa estaba frustrada.
Durante el tiempo en que Adela había gobernado con sabiduría el Reino de Edel en medio de las grandes potencias, el reino había estado más pacífico que nunca. Ahora, quien debía proteger el reino era el Rey. Pero como él estaba consumido por su complejo de inferioridad y hecho un desastre, los nobles tenían motivos de sobra para sentirse inquietos.
—Su Majestad solo necesita tiempo. Se convertirá en un gran rey.
La confianza de Adela en Holden era inquebrantable.
—Ampliar la base de apoyo de Su Majestad y estabilizar la autoridad real... Ese es mi último deber como regente. Cuando todo termine, tal vez yo también sea libre por fin.
Todos guardaron silencio ante la dulce sonrisa de Adela. Por muy madura y sabía que fuera, Adela había cargado con un peso enorme desde una edad muy temprana. Independientemente de lo bien que lo hubiera hecho, verla recorrer ese camino la hacía lucir terriblemente solitaria.
Si tan solo Adela hubiera querido convertirse en la monarca, Holden le habría entregado el trono de buena gana a su hermana. Pero lo que Adela anhelaba era la libertad tras cumplir con su deber. Adela se consideraba egoísta por esto; sentía que estaba cargando a su hermano solo para poder aliviarse ella misma. Debía de ser por eso que estaba tan obsesionada con asegurar el trono de Holden.
Alexa, Logan y Joy respetaban y amaban a Adela. Por eso querían que alcanzara la libertad que tanto deseaba. Los tres juraron para sus adentros que no permitirían que Adela recorriera ese sendero en soledad.
—Un escándalo no es un asunto tan sencillo —Logan, habiendo tomado la resolución de ayudarla, señaló el problema.
—¿Por qué no? —No se puede armar un escándalo a solas, ¿verdad?
—¿Y si le pagamos a un pasquín para que publique un artículo?
—¿De verdad los nobles se dejarían engañar por un artículo lleno de rumores donde solo aparezcan iniciales? Especialmente el marqués Adamante.
—Es verdad —admitió Adela sin rodeos.
—Se necesita una contraparte visible. Y el escándalo tiene que ser impactante.
—Para arruinar verdaderamente su reputación, tendría que ser algo como "La princesa libertina" —sonó un poco extraño que Joy lo dijera con tanta seriedad.
—¿Quién se atrevería a armar semejante escándalo con usted, Su Alteza? Un actor no sería suficiente —Logan sacudió la cabeza.
—Solo hay que buscar a una contraparte adecuada y hacer un contrato.
—Los contratos siempre se pueden romper si se presenta una oferta mejor. —¿Una oferta mejor?
—¿Y si él quisiera convertirse en su esposo, Su Alteza? Si es inteligente, se dará cuenta de que usted es más atractiva que el dinero.
—¡Quién se atrevería! —Alexa, que había estado escuchando en silencio, estalló de repente.
—Entonces, tiene que ser alguien lo suficientemente conocido como para sacudir al reino, lo bastante inteligente como para seguir su plan, y capaz de cumplir su promesa y marcharse sin armar alboroto, ¿verdad, Su Alteza? —dijo Joy.
—O alguien de un estatus tan bajo que jamás pudiera convertirse en su esposo, Su Alteza —añadió Logan.
—Las condiciones son bastante estrictas —Alexa se rascó la mejilla con el dedo.
—Oh, conozco a alguien.
Finalmente, Joy, habiendo encontrado la respuesta, exclamó con entusiasmo.
—¿Ah, sí? ¿A quién? —preguntó Alexa.
—Al Coliseo del país neutral de Lasve.


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