La trampa de sirenas - Capítulo 73
Extraño pero bienvenido.
Era una noche
inusual.
Aunque era
verano, el aire nocturno se sentía fresco. Salir usando únicamente un camisón
obviamente la llevaría a pescar un resfriado, así que necesitaba cambiarse de
ropa y llevar un chal. Vivianne decidió pasar por su dormitorio antes de salir.
—Esto, Kian.
Vivianne le
habló con calma a Kian, quien la había seguido hasta la puerta.
—¿Podrías
esperar aquí un momento? Me cambiaré rápido y volveré.
A pesar de
que hizo la petición con bastante cortesía, Kian abrió la puerta de par en par
sin decir palabra y entró antes que ella.
—¿Por qué
haces esto?
—Te gusta
cuando elijo la ropa para ti, ¿no?
—Pero Kian...
dijiste que te desagrada la ropa.
La noche en
que recuperó el conocimiento, Kian había declarado claramente que solo la
vestía para evitar que otros machos se excitaran, y que no tenía ningún interés
en la ropa. ¿Por qué actuaba de esta manera de repente? Su comportamiento
resultaba desconocido desde hacía un rato.
—Me
desagrada, pero no podemos salir desnudos.
—¿Qué?
—Dijiste que
no nos aparearemos. Así que esta vez necesito vestirte por mi propio bien.
Puro juego de
palabras y completamente egocéntrico. Los ojos de Vivianne se entrecerraron.
A pesar de
todo, Kian no prestó atención y abrió la puerta del armario. Sacó un vestido a
toda prisa; no parecía deliberar demasiado. En lugar de elegir algo que le
gustara, parecía haber tomado lo primero que encontró a la mano.
—Ten, este.
Lo que le
entregó a Vivianne era un vestido de interior moderadamente recatado.
—Pruébatelo.
Vivianne lo
recibió desconcertada y abrió mucho los ojos.
—¿P-podrías
darte la vuelta por un momento?
—¿Por qué?
—Bueno...
porque me voy a cambiar de ropa.
—Lo sé. Solo
cámbiate frente a mí.
Él no parecía
entender en absoluto. Vivianne decidió explicar sus sentimientos un poco más
claramente.
—Pero cuando
me miras fijamente de esa manera... es vergonzoso.
—Necesito ver
si te queda bien. Con la ropa, tienes que probártela para saberlo. ¿No estás de
acuerdo?
—……
No estaba
equivocado, pero el problema era su mirada penetrante. Al mirar por la ventana,
se veían muchas nubes, y aun así la luz de la luna se sentía inusualmente
brillante hoy.
—¿Así que
está bien siempre y cuando no te mire directamente?
—... Sí.
—De verdad,
nuestra Vivi tiene tantas exigencias —refunfuñó Kian mientras colocaba a
Vivianne frente al espejo. Luego, subió rápidamente su camisón y se lo quitó.
—¡Ah!
¡K-Kian...!
Sobresaltada
por su abrupto toque, Vivianne se cubrió el pecho con las manos. De pie frente
al espejo vistiendo únicamente bragas, se sintió tan avergonzada que incluso
los lóbulos de sus orejas ardían de calor.
—Ya lo he
visto todo antes. ¿A qué viene la repentina timidez?
Parecía que
solo Vivianne se sentía avergonzada. Kian dobló con pulcritud la prenda que le
había quitado y la colocó sobre la mesa de noche con un tono indiferente. El
espejo reflejaba a la semidesnuda Vivianne y a Kian observándola desde atrás.
¿Qué diferencia suponía esto de todos modos? Era insoportablemente vergonzoso.
—Pero... —los
labios de él en el espejo se curvaron ligeramente—. Solo te desvestí. ¿Por qué
emites sonidos tan lascivos?
—¡¿Q-quién
emitió sonidos lascivos...?!
—Mueve los
brazos. Te vestiré.
No parecía
haber hablado con el propósito de obtener una respuesta; parecía que solo
quería molestarla. Vivianne se sintió un tanto víctima y estiró un brazo para
jalar el vestido de interior.
—Me vestiré
sola.
Anuló por
completo la posibilidad de que él la atormentara de nuevo bajo el pretexto de
ayudarla a vestirse.
—Como
quieras.
Kian, para su
sorpresa, retrocedió sin oponer resistencia.
Vivianne, con
el rostro ligeramente descontento, comenzó a apresurarse para juntar y ponerse
la ropa. El espejo reflejaba a Kian mirándola con ojos persistentes. Vivianne
ignoró esto deliberadamente y terminó de vestirse.
—Vámonos ya.
—No me gusta.
—¿Qué?
—Se veía bien
cuando lo vi, pero ahora que lo llevas puesto, no es bueno.
—……
Kian habló
con una expresión bastante descarada.
—Tú lo
dijiste hace un momento. Hay que probarse la ropa para saberlo.
—... Sí.
Estaba
demasiado estupefacta como para discutir. No bien terminó de responder, él le
quitó lo que acababa de ponerse. Vivianne quedó una vez más en el vergonzoso
estado de vestir solo bragas y, tal como lo prometió, se cubrió el pecho con
ambos brazos.
—¿Qué debería
ponerte?
A diferencia
de antes, cuando había tomado lo primero que tenía a la mano, ahora se estaba
tomando su tiempo. Claramente se estaba burlando de ella porque se sentía
avergonzada de estar desvestida. Si hubiera sabido que esto pasaría, jamás le
habría pedido que eligiera un vestido. No había esperado que se comportara de
forma tan extraña. Desde la perspectiva de Vivianne, que no tenía preferencias
particulares, esto era nada menos que una tortura.
—Pruébate
esto.
Finalmente
pareció haber elegido, trayéndole un vestido. Luego la observó de nuevo como un
espectador. Sintiendo que esto solo terminaría una vez que se lo pusiera
rápido, movió las manos con premura.
—……
Pero pronto
se enfrentó a una limitación.
—Esto, Kian.
—¿Sí?
—No puedo
ponerme esto sola.
—¿Ah, sí?
—Creo que
necesitas ayudarme a atar el nudo en la espalda.
—La ropa de
las mujeres es tan problemática de poner, ¿no crees?
Él refunfuñó,
pero por un instante ella vio que una sonrisa se extendía por su rostro y luego
desaparecía. Así que esto era definitivamente deliberado. Qué macho tan
travieso. Después de toda la angustia emocional que él le había causado, verlo
jugar de esta manera la hacía sentir como si la considerara un juguete. Sus
puños se apretaron con frustración. Ojalá pudiera pagársela de la misma manera.
—Ven aquí.
Esperaba más
tormento, pero la actitud de él fue sorprendentemente seca. La forma en que ató
el nudo en la espalda de su vestido de interior fue incluso un tanto formal.
Mientras
tanto, ella había sido desvestida y vestida repetidamente frente al espejo.
Kian debía de haber venido justo después de terminar sus deberes, ya que
todavía estaba completamente vestido.
—¿Por qué
eres tan bueno en esto, Kian? —dijo Vivianne cualquier cosa para intentar
borrar su vergüenza.
—¿En qué?
—Ayudando a
alguien a vestirse.
—Debe de ser
un talento natural.
—Deja de
bromear. ¿Acaso has vestido a muchas mujeres antes?
—¿Parezco
alguien que lo ha hecho?
Cuando Kian
sonrió con picardía y le devolvió la pregunta, Vivianne estiró el labio
inferior.
—Es obvio con
solo mirarlo. ¿No es más extraño no ser capaz de hacer algo como esto?
Él arqueó las
cejas mientras terminaba de atar el nudo en la espalda.
—Tú también
estás dando respuestas extrañas, Kian. Eso no fue lo que te pregunté.
—Si conociera
tan bien la ropa de las mujeres, ¿no habría sacado este vestido desde el
principio? ¿No crees?
—……
Se la estaba
cobrando exactamente igual que en los campos de entrenamiento hace un rato.
Kian volvía a hablar con rodeos. Aunque las sirvientas que se burlaban de ella
le resultaban molestas, algunas de las cosas que decían eran bastante ciertas.
Parecía que los nobles no tenían ningún interés en comunicarse de manera
eficiente.
Dado que ella
había estado mirándose en el espejo todo el tiempo y él no había puesto ninguna
queja, parecía que finalmente habían terminado. Pensó que ya solo le faltaba
elegir los zapatos para poder salir.
—La cinta del
frente.
—¿Qué?
Él no la
dejaría ir tan fácilmente.
Kian la tomó
casualmente de la cintura desde atrás y la abrazó. Su cuerpo pequeño y menudo
fue arrastrado indefensamente hacia sus brazos como si fuera un oso de peluche.
—Está
torcida, Vivi.
Kian la rodeó
con sus brazos y enderezó la cinta unida a la parte delantera. ¿Sería porque
sus cuerpos estaban presionados el uno contra el otro? Podía sentir su
respiración y los latidos de su corazón. No, para ser precisos, ese no era el
problema. El problema era la dureza que se clavaba sin piedad contra sus
nalgas.
—... ¿Estás
bien, Kian?
—¿Qué?
—Ahí abajo,
te has puesto grande.
—¿Y qué?
A diferencia
de la vergüenza de ella, la expresión de él era extrañamente indiferente.
—Es natural.
Eres bonita y te ves sexy. Por supuesto que estoy excitado.
—Recuerdo lo
incómodo que estuviste en la ópera. No tenemos que ir a dar un paseo. Deberías
descansar en la habitación.
Vivianne
habló con amabilidad, como si le estuviera haciendo un favor. Aunque lo
encontraba odioso y detestable considerando lo que le había hecho, no quería
que él estuviera incómodo. Y parecía difícil disfrutar de un paseo pacífico con
alguien en semejante estado de incomodidad.
—Qué
fastidio. Pretendes ser considerada cuando no tienes ninguna intención de
ayudarme a resolverlo.
—¿Por qué
habría de hacerlo? Hicimos una promesa —preguntó Vivianne con los ojos
redondos—. Madame Spencer dijo que los hombres pueden encargarse de eso ellos
mismos discretamente.
Esa maldita
Spencer. Debí haber destruido sus derechos mineros en ese entonces.
Kian pareció
incrédulo, dejando escapar una risa vacía mientras le soltaba la cintura.
—Sí. Me
encargaré de esto yo mismo discretamente. Salgamos ahora, Lady Vivianne.
Vivianne se
colocó rápidamente frente al mueble donde se guardaban los zapatos. Tres pares
estaban pulcramente ordenados.
—¿Quieres que
elija tus zapatos también?
—No. Los
elegiré yo misma.
En cuanto
eligió unos zapatos de tacón alto, Kian la detuvo.
—Esos no,
estos.
Kian regresó
los zapatos de tacón alto al mueble y sacó unos de punta redonda y tacón bajo.
—¿Por qué?
Solo saldremos por un momento.
—Es un
secreto.
Sus ojos se
curvaron con gracia.
—Te lo diré
cuando estemos afuera.


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