La princesa necesita un escándalo - Capítulo 25

Capítulo 25

 

¡Bam-ba-ba, bum bum bum, piri-ri!

Con una música ruidosa, el deslumbrante desfile cruzó la plaza. Bailarines vestidos con ropas de colores brillantes danzaban, elevando la emoción a su punto máximo.

Adela y Braden se encontraban entre la multitud que se había reunido para ver uno de los cuatro desfiles diarios. Para evitar que la masa de gente la empujara, Braden sujetaba a Adela firmemente por la cintura desde atrás. Parecían una auténtica pareja de enamorados. Pocos reconocían a Braden, pero formaban una pareja tan llamativa que muchas personas los miraban de reojo.

—Un desfile, ¿eh? Sería un lindo detalle si hiciéramos algo como esto para el festival de la fundación.

—¿Hablando de trabajo durante una cita? ¿Acaso no soy lo suficientemente encantador? —susurró Braden al oído de Adela, mordisqueando ligeramente el lóbulo de su oreja.

—¡Ah, detente!

Adela se dio la vuelta y le dio un manotazo en el dorso de la mano que rodeaba su cintura. Fue una acción refleja. ¿Acaso este hombre no tenía sentido de la vergüenza? Podía tolerar que tocara su rostro o sus labios, pero el lóbulo de la oreja era demasiado. El pálido rostro de Adela se encendió de rojo por la vergüenza. Detrás de ella, pudo sentir el pecho de él vibrar por la risa.

Cuando el desfile terminó, la multitud se dispersó y solo entonces Braden le soltó la cintura. En su lugar, entrelazó sus dedos con los de ella, acariciando suavemente su mano con el pulgar.

—Braden, tómatelo con calma.

Por mucho que estuvieran actuando, esto ya era excesivo.

—¿Deberíamos regresar ya? —Su voz era dulce y tentadora.

Adela levantó la mirada hacia el sol, que todavía estaba alto en el cielo.

—¿Tan pronto?

—Si no, entonces no me lo pongas tan difícil. Me estoy conteniendo mucho aquí, ¿sabes? De verdad quiero llevarte conmigo de inmediato.

Vaya, ¿cómo podía actuar de forma tan convincente? Sabía que era teatro y, aun así, cualquiera podría haber sido engañado. Si este hombre se hubiera convertido en actor en lugar de gladiador, habría sido una gran estrella.

—Entonces, ¿a dónde vamos ahora, princesa?

Dejaron atrás la plaza para adentrarse en un callejón, y apareció otro espacio abierto repleto de gente que murmuraba entre sí.

—¿Por qué está toda esa gente reunida allí? —Adela mostró interés.

—Deja de trabajar y solo diviértete un poco —Braden entornó los ojos, insatisfecho.

—No estoy trabajando.

—¿Acaso comprobar el nivel de vida y las mercancías de los habitantes de Lasve no es trabajo?

Hasta el almuerzo, las cosas habían ido de maravilla. Ella solo lo había mirado a él, y sus reacciones atolondradas ante las acciones de él habían sido deliciosas. Pero una vez que comenzó el verdadero turismo, la atención de ella se desvió rápidamente de él. Podía aceptar que disfrutara del recorrido en sí, pero es que deambulaba tanto por el mercado turístico como por el mercado que utilizaban los ciudadanos de Lasve, examinándolo todo como un halcón en busca de cualquier cosa que pudiera beneficiar al Reino de Edel.

—¿Por qué lo dices? Es divertido. Si es divertido, ¿no es lo mismo que jugar?

—Eres una adicta al trabajo de lo más seria —Braden chasqueó la lengua.

—En comparación con pasar horas revisando documentos en la oficina y largas reuniones con funcionarios, esto es muchísimo más divertido. Me encanta ir de incógnito.

Mientras hablaban, llegaron hasta la multitud. Las risas llenaban el aire.

—Sí, ¡tenemos un ganador!

Ante el anuncio del presentador, la multitud circundante aplaudió. El ganador recibió un premio.

—Ahora, ¿les parece si probamos un juego de parejas? Si quieren demostrarle a su compañera su verdadera fuerza, ¡no dejen pasar esta oportunidad! La cuota de inscripción es de una moneda de oro.

Las palabras del presentador eran tentadoras, despertando de inmediato la competitividad de los hombres. Tres parejas dieron un paso al frente, pero el alto costo de la inscripción hizo que muchos dudaran.

—¿Qué pasa? ¿Tantas parejas y solo estos pocos hombres valientes? Está bien, seré generoso. ¡Se viene un gran premio! —Acto seguido, el animador tocó el tambor: dogo-dogo-dogo—. ¡Es un juego de espejo de mano con aguamarina, que simboliza la eterna juventud y la felicidad!

La multitud bulló ante las palabras del presentador. Fuera aguamarina o no, era muy pequeño. Pero aun así era una piedra preciosa, y su valor rondaba las tres monedas de oro; tres veces la cuota de inscripción si ganabas el primer lugar. Con eso, cuatro parejas más se adelantaron.

—Buena estrategia de marketing —Adela se rió entre dientes. Un premio de tres monedas de oro con una recaudación de siete por las inscripciones; más del doble de beneficio.

—¿Acaso no les gustaría obsequiarle juventud y felicidad a su amada?

El presentador, no conforme con solo siete parejas, incitó a más hombres a dar un paso al frente. Uno de ellos fue Braden.

Arrastrada de la mano, Adela le lanzó una mirada que decía: «¿De verdad era necesario?». Para ella, aquello no era más que una baratija que valía tres monedas de oro.

—Hay que responder a los desafíos —Braden sonrió de medio lado.

Finalmente, se reunieron diez parejas.

—Este juego es una prueba de resistencia.

Cada pareja recibió una gran hoja de papel, lo suficientemente grande como para que dos personas cupieran de pie. Al principio era fácil, pero con cada ronda, el papel se doblaba por la mitad, obligando a las parejas a colocarse cada vez más juntas. Algunas parejas aún no eran amantes, por lo que esto representaba una oportunidad natural para el contacto físico. Eso volvía el ambiente muy agradable, tanto para los participantes como para los espectadores.

—Vamos, acérquense más, más juntos.

Ante las palabras del presentador, las risas estallaron por todas partes. Con apenas espacio suficiente para dos pares de pies, Adela y Braden se abrazaron con fuerza para mantener el equilibrio.

—Oh, oh —Adela no pudo evitar emitir un sonido cuando su equilibrio vaciló. Braden la sujetó firmemente por la cintura, ayudándola a aguantar. Mientras tanto, más parejas quedaron eliminadas.

—¡Doblen el papel por la mitad! —ordenó el presentador, y el papel se dobló de nuevo. Esta vez, solo una persona podía pararse sobre él.

—¿Qué debemos hacer?

—Pon tu pie encima del mío —dijo Braden.

—Eso te va a doler.

—¿Eso crees? —Braden se mofó y se paró sobre el papel—. Vamos.

Adela se quitó los zapatos y colocó su pie encima del de él.

—¡Vaya, qué determinación por ganar! Incluso se quitó los zapatos. ¡La dama está parada sobre el pie del caballero! ¡Un aplauso de todos!

La gente se rió, silbó y vitoreó a Adela y a Braden. Unos pocos imitaron a Adela, quitándose los zapatos y parándose sobre el pie de su pareja, pero un hombre gimió, «¡Uff!», y tropezó, quedando fuera del juego.

—¡Demasiado débil! ¡Ruptura, ruptura!

La broma del presentador provocó más risas, y más parejas se retiraron.

—Ahora solo quedan dos parejas. Emocionante, ¿verdad? ¿Quién ganará?

El tambor redobló de nuevo: dogo-dogo-dogo. El papel se dobló una vez más. Esta vez, solo había espacio para un solo pie. ¿Cómo se suponía que dos personas se mantuvieran en pie sobre eso? Adela miró perpleja. La otra pareja se veía igual.

—Apúrense a pisar o dense por vencidos —instó el presentador.

—¿Te sostengo? ¿O te cargo? —preguntó Braden.

—¿Vas a sostenerme parado en un solo pie? —Los ojos de Adela se agrandaron.

—Tenemos que ganar.

Ese espíritu competitivo... ¿qué podía hacer ella al respecto? Al ver el fuego en los ojos de él, Adela no pudo evitar reírse. Este hombre no soportaba perder. ¿O tal vez simplemente no sabía cómo perder? Era solo un juego, pero él estaba dispuesto a arriesgarlo todo.

—Cárgame.

Tan pronto como Adela habló, Braden la levantó en vilo con ambas manos. Adela rodeó su cuello con los brazos para ganar estabilidad. Los vítores estallaron y alguien soltó un silbido. Los espectadores se volvieron locos. Realmente él había nacido para llamar la atención.

—Así se hace, un hombre debería hacer al menos esto.

Provocado por el presentador, el otro hombre intentó levantar a su pareja, pero a diferencia de Braden, gruñó, «¡Ugh!», y se tambaleó. Flaqueó incluso antes de pisar el papel. Quién sabía si era por debilidad del hombre o por el peso de la mujer. Avergonzada, la mujer se ocultó el rostro con las manos. Algunos gritaron palabras de aliento, otros se burlaron.

—¡Pise! —llamó el presentador.

Braden mantuvo el equilibrio a la perfección sobre un solo pie en el papel. En cambio, el otro hombre se desplomó antes de poder intentarlo siquiera.

—¡Sí, tenemos un ganador! Qué fuerza tan asombrosa. Dama, ha elegido bien.

Por supuesto, ella sabía que había elegido bien. Una amplia sonrisa se dibujó en el rostro de Adela.

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