¡Bam-ba-ba,
bum bum bum, piri-ri!
Con una
música ruidosa, el deslumbrante desfile cruzó la plaza. Bailarines vestidos con
ropas de colores brillantes danzaban, elevando la emoción a su punto máximo.
Adela y
Braden se encontraban entre la multitud que se había reunido para ver uno de
los cuatro desfiles diarios. Para evitar que la masa de gente la empujara,
Braden sujetaba a Adela firmemente por la cintura desde atrás. Parecían una
auténtica pareja de enamorados. Pocos reconocían a Braden, pero formaban una
pareja tan llamativa que muchas personas los miraban de reojo.
—Un desfile,
¿eh? Sería un lindo detalle si hiciéramos algo como esto para el festival de la
fundación.
—¿Hablando de
trabajo durante una cita? ¿Acaso no soy lo suficientemente encantador? —susurró
Braden al oído de Adela, mordisqueando ligeramente el lóbulo de su oreja.
—¡Ah,
detente!
Adela se dio
la vuelta y le dio un manotazo en el dorso de la mano que rodeaba su cintura.
Fue una acción refleja. ¿Acaso este hombre no tenía sentido de la vergüenza?
Podía tolerar que tocara su rostro o sus labios, pero el lóbulo de la oreja era
demasiado. El pálido rostro de Adela se encendió de rojo por la vergüenza.
Detrás de ella, pudo sentir el pecho de él vibrar por la risa.
Cuando el
desfile terminó, la multitud se dispersó y solo entonces Braden le soltó la
cintura. En su lugar, entrelazó sus dedos con los de ella, acariciando
suavemente su mano con el pulgar.
—Braden,
tómatelo con calma.
Por mucho que
estuvieran actuando, esto ya era excesivo.
—¿Deberíamos
regresar ya? —Su voz era dulce y tentadora.
Adela levantó
la mirada hacia el sol, que todavía estaba alto en el cielo.
—¿Tan pronto?
—Si no,
entonces no me lo pongas tan difícil. Me estoy conteniendo mucho aquí, ¿sabes?
De verdad quiero llevarte conmigo de inmediato.
Vaya, ¿cómo
podía actuar de forma tan convincente? Sabía que era teatro y, aun así,
cualquiera podría haber sido engañado. Si este hombre se hubiera convertido en
actor en lugar de gladiador, habría sido una gran estrella.
—Entonces, ¿a
dónde vamos ahora, princesa?
Dejaron atrás
la plaza para adentrarse en un callejón, y apareció otro espacio abierto
repleto de gente que murmuraba entre sí.
—¿Por qué
está toda esa gente reunida allí? —Adela mostró interés.
—Deja de
trabajar y solo diviértete un poco —Braden entornó los ojos, insatisfecho.
—No estoy
trabajando.
—¿Acaso
comprobar el nivel de vida y las mercancías de los habitantes de Lasve no es
trabajo?
Hasta el
almuerzo, las cosas habían ido de maravilla. Ella solo lo había mirado a él, y
sus reacciones atolondradas ante las acciones de él habían sido deliciosas.
Pero una vez que comenzó el verdadero turismo, la atención de ella se desvió
rápidamente de él. Podía aceptar que disfrutara del recorrido en sí, pero es
que deambulaba tanto por el mercado turístico como por el mercado que
utilizaban los ciudadanos de Lasve, examinándolo todo como un halcón en busca
de cualquier cosa que pudiera beneficiar al Reino de Edel.
—¿Por qué lo
dices? Es divertido. Si es divertido, ¿no es lo mismo que jugar?
—Eres una
adicta al trabajo de lo más seria —Braden chasqueó la lengua.
—En
comparación con pasar horas revisando documentos en la oficina y largas
reuniones con funcionarios, esto es muchísimo más divertido. Me encanta ir de
incógnito.
Mientras
hablaban, llegaron hasta la multitud. Las risas llenaban el aire.
—Sí, ¡tenemos
un ganador!
Ante el
anuncio del presentador, la multitud circundante aplaudió. El ganador recibió
un premio.
—Ahora, ¿les
parece si probamos un juego de parejas? Si quieren demostrarle a su compañera
su verdadera fuerza, ¡no dejen pasar esta oportunidad! La cuota de inscripción
es de una moneda de oro.
Las palabras
del presentador eran tentadoras, despertando de inmediato la competitividad de
los hombres. Tres parejas dieron un paso al frente, pero el alto costo de la
inscripción hizo que muchos dudaran.
—¿Qué pasa?
¿Tantas parejas y solo estos pocos hombres valientes? Está bien, seré generoso.
¡Se viene un gran premio! —Acto seguido, el animador tocó el tambor: dogo-dogo-dogo—.
¡Es un juego de espejo de mano con aguamarina, que simboliza la eterna juventud
y la felicidad!
La multitud
bulló ante las palabras del presentador. Fuera aguamarina o no, era muy
pequeño. Pero aun así era una piedra preciosa, y su valor rondaba las tres
monedas de oro; tres veces la cuota de inscripción si ganabas el primer lugar.
Con eso, cuatro parejas más se adelantaron.
—Buena
estrategia de marketing —Adela se rió entre dientes. Un premio de tres monedas
de oro con una recaudación de siete por las inscripciones; más del doble de
beneficio.
—¿Acaso no
les gustaría obsequiarle juventud y felicidad a su amada?
El
presentador, no conforme con solo siete parejas, incitó a más hombres a dar un
paso al frente. Uno de ellos fue Braden.
Arrastrada de
la mano, Adela le lanzó una mirada que decía: «¿De verdad era necesario?».
Para ella, aquello no era más que una baratija que valía tres monedas de oro.
—Hay que
responder a los desafíos —Braden sonrió de medio lado.
Finalmente,
se reunieron diez parejas.
—Este juego
es una prueba de resistencia.
Cada pareja
recibió una gran hoja de papel, lo suficientemente grande como para que dos
personas cupieran de pie. Al principio era fácil, pero con cada ronda, el papel
se doblaba por la mitad, obligando a las parejas a colocarse cada vez más
juntas. Algunas parejas aún no eran amantes, por lo que esto representaba una
oportunidad natural para el contacto físico. Eso volvía el ambiente muy
agradable, tanto para los participantes como para los espectadores.
—Vamos,
acérquense más, más juntos.
Ante las
palabras del presentador, las risas estallaron por todas partes. Con apenas
espacio suficiente para dos pares de pies, Adela y Braden se abrazaron con
fuerza para mantener el equilibrio.
—Oh, oh
—Adela no pudo evitar emitir un sonido cuando su equilibrio vaciló. Braden la
sujetó firmemente por la cintura, ayudándola a aguantar. Mientras tanto, más
parejas quedaron eliminadas.
—¡Doblen el
papel por la mitad! —ordenó el presentador, y el papel se dobló de nuevo. Esta
vez, solo una persona podía pararse sobre él.
—¿Qué debemos
hacer?
—Pon tu pie
encima del mío —dijo Braden.
—Eso te va a
doler.
—¿Eso crees?
—Braden se mofó y se paró sobre el papel—. Vamos.
Adela se
quitó los zapatos y colocó su pie encima del de él.
—¡Vaya, qué
determinación por ganar! Incluso se quitó los zapatos. ¡La dama está parada
sobre el pie del caballero! ¡Un aplauso de todos!
La gente se
rió, silbó y vitoreó a Adela y a Braden. Unos pocos imitaron a Adela,
quitándose los zapatos y parándose sobre el pie de su pareja, pero un hombre
gimió, «¡Uff!», y tropezó, quedando fuera del juego.
—¡Demasiado
débil! ¡Ruptura, ruptura!
La broma del
presentador provocó más risas, y más parejas se retiraron.
—Ahora solo
quedan dos parejas. Emocionante, ¿verdad? ¿Quién ganará?
El tambor
redobló de nuevo: dogo-dogo-dogo. El papel se dobló una vez más. Esta
vez, solo había espacio para un solo pie. ¿Cómo se suponía que dos personas se
mantuvieran en pie sobre eso? Adela miró perpleja. La otra pareja se veía
igual.
—Apúrense a
pisar o dense por vencidos —instó el presentador.
—¿Te
sostengo? ¿O te cargo? —preguntó Braden.
—¿Vas a
sostenerme parado en un solo pie? —Los ojos de Adela se agrandaron.
—Tenemos que
ganar.
Ese espíritu
competitivo... ¿qué podía hacer ella al respecto? Al ver el fuego en los ojos
de él, Adela no pudo evitar reírse. Este hombre no soportaba perder. ¿O tal vez
simplemente no sabía cómo perder? Era solo un juego, pero él estaba dispuesto a
arriesgarlo todo.
—Cárgame.
Tan pronto
como Adela habló, Braden la levantó en vilo con ambas manos. Adela rodeó su
cuello con los brazos para ganar estabilidad. Los vítores estallaron y alguien
soltó un silbido. Los espectadores se volvieron locos. Realmente él había
nacido para llamar la atención.
—Así se hace,
un hombre debería hacer al menos esto.
Provocado por
el presentador, el otro hombre intentó levantar a su pareja, pero a diferencia
de Braden, gruñó, «¡Ugh!», y se tambaleó. Flaqueó incluso antes de pisar
el papel. Quién sabía si era por debilidad del hombre o por el peso de la
mujer. Avergonzada, la mujer se ocultó el rostro con las manos. Algunos
gritaron palabras de aliento, otros se burlaron.
—¡Pise!
—llamó el presentador.
Braden
mantuvo el equilibrio a la perfección sobre un solo pie en el papel. En cambio,
el otro hombre se desplomó antes de poder intentarlo siquiera.
—¡Sí, tenemos
un ganador! Qué fuerza tan asombrosa. Dama, ha elegido bien.
Por supuesto,
ella sabía que había elegido bien. Una amplia sonrisa se dibujó en el rostro de
Adela.

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