Dentro del
carruaje en movimiento.
Adela
examinaba el pequeño espejo de mano que había ganado como premio. No era caro,
pero el diseño era pulcro. Su tamaño reducido lo hacía ver tierno.
—¿Qué tiene
de interesante? Es una baratija. —Braden miró a Adela con ojos perezosos.
—¿Quién fue
el que se esforzó tanto por ganar esta baratija? —se burló Adela.
—Fue por
diversión. Estabas trabajando demasiado. Fue divertido, ¿no? ¿A que sí?
—Fue
divertido. —Adela sonrió abiertamente.
Desde darle
capones en la frente hasta participar en juegos callejeros... Había sido una
experiencia inusual, una que jamás había tenido antes y que, probablemente,
nunca volvería a repetir.
—¿Me lo puedo
quedar? —Adela levantó el espejo de mano.
—No vale
nada, ¿qué vas a hacer con eso? ¿Dárselo a tu sirvienta?
—No, me lo
quedaré como recuerdo. Lo miraré, recordaré el día de hoy y sonreiré.
Adela colocó
con cuidado el espejo en su estuche de madera como si se tratara de un tesoro.
—Vaya, vaya,
resulta que es un artículo de gran valor. Cualquier cosa que pueda hacer reír a
la princesa Adela no tiene precio —bromeó Braden.
—Mi risa no
vale tanto.
—¿Acaso no
sabes cuántas personas inocentes perdieron la cabeza solo para ver sonreír a
una mujer?
Uno de los
reyes de un pequeño país conquistado por el Imperio Sovaro había hecho
justamente eso.
—Por eso cayó
su país. ¿A dónde vamos?
El carruaje
estaba abandonando la bulliciosa ciudad. No se dirigía hacia el alojamiento de
él ni hacia el hotel donde se hospedaba Adela.
—A un lugar
donde podamos estar solos, sin interrupciones. —Él sonrió con picardía y le
guiñó un ojo.
—Ellos se
preocuparán por mí.
—Es un
alojamiento de lujo. Absolutamente seguro. Tu caballero escolta ya lo
inspeccionó.
Habían estado
fuera juntos todo el día, así que ¿en qué momento había llamado al caballero
para que hiciera la inspección? Era una organización impecable, que no dejaba
margen para ninguna objeción. Y ella se sintió agradecida por su consideración
al asegurarse de que sus sirvientes no se preocuparan.
********
—El Estado
Neutral de Lasve realmente es asombroso. —Adela chasqueó la lengua mientras
contemplaba la suite, la cual incluía incluso una piscina climatizada al aire
libre bajo el cielo abierto.
La piscina
estaba decorada con vistosos árboles en flor y plantas verdes, haciendo que se
sintiera como si hubieran entrado a un bosque. Era un espacio hermoso que
parecía sanar con el simple hecho de sentarse allí. Debían de haber instalado
algún tipo de artefacto mágico, porque el aire del exterior no entraba y la
habitación se mantenía a una temperatura agradable.
—Realmente
saben cómo ganar dinero. No por nada la llaman la Ciudad de los Placeres.
—El costo de
esta habitación debe de ser descomunal.
Una suite de
una sola planta así de espaciosa, con artefactos mágicos de última generación
instalados... Los muebles estaban hechos de madera aromática y todos los
artículos de tocador eran de la más fina calidad, importados de varios países.
Era más lujosa que el propio dormitorio de Adela en el Reino.
—A menos que
seas ciudadano de Lasve, la gente que no tiene dinero ni siquiera considera
poner un pie en el Estado Neutral de Lasve.
—Es verdad.
He oído que todo noble sueña con venir aquí al menos una vez en su vida.
—De todas las
habitaciones, esta es la mejor. Hasta ahora.
—¿Hasta
ahora?
—Para cuando
te despiertes mañana, habrá habitaciones aún más caras. Así es como funciona
Lasve.
—Envíame la
cuenta.
—¿Tenemos que
discutir por dinero cada vez que vamos a algún lado? —Braden arqueó una ceja.
—No quiero
estar en deuda con el duque Shutal. Este es mi problema.
Evidentemente,
ella pensaba que Shutal pagaría por una habitación como esta. Qué correcta era.
La mayoría de los miembros de la realeza disfrutaban de todo gratis. Incluso si
él le decía que la piedra mágica con la que ella había pagado era suficiente, sabía
que no lo aceptaría. Si él decía que pagaría él mismo, a ella le desagradaría
todavía más. Braden decidió cambiar de estrategia.
—¿Sabes
cuánto dinero le he hecho ganar al duque?
—He oído que
es mucho.
—No solo
mucho. Astronómico.
—¿Tanto así?
—Los
mercenarios y los caballeros no vienen al Coliseo por nada. Todo lo que uso
ahora es solo una gota en el océano en comparación con lo que le he hecho ganar
al duque.
—¿Y bien?
—Esta es la
forma en que el duque me agradece por mi arduo trabajo. Acepto gustosamente su
generosidad y disfruto de lo mejor. Así que dejemos de discutir por dinero.
—El duque es
un buen patrocinador.
—¿Incluso si
yo le he hecho ganar más a él?
—Muchos amos
dan eso por sentado.
—Pero tú no
eres así.
—Yo...
Estuvo a
punto de decir «Yo soy diferente», pero se detuvo al percibir la
contradicción.
—Hay muchos
amos que se preocupan por sus subordinados tanto como tú. No pienses que eres
la única.
—Tienes
razón. Fui arrogante. —Adela asintió con una leve sonrisa.
Esto era lo
que a él le gustaba de ella. Cada vez que se daba cuenta de que su juicio era
erróneo, lo admitía de inmediato. Aunque persuadirla nunca era tarea fácil.
—Oh, de
verdad. Convencerte es demasiado difícil, Su Alteza.
Braden se
inclinó y rozó sus labios con un beso rápido, suavizando el ambiente tenso
entre ellos.
—Quiero
nadar. —Adela miró hacia la piscina.
En el Reino
de Edel no existían las piscinas artificiales. Para nadar, tenía que viajar a
un lago en el bosque cuando hacía buen tiempo. No había nadado en años;
requería demasiado tiempo y era demasiado problemático. Ni siquiera tenía
tiempo para pasear por el jardín, mucho menos para ir a un lago a nadar. Quizás
debería construir una piscina en el palacio.
—De acuerdo,
nademos.
Ahí mismo,
Braden se quitó la camisa. Su musculoso torso quedó al descubierto.
—¿Por qué te
estás quitando la ropa?
—¿Acaso nadas
con la ropa puesta?
—¿Así que
estás diciendo que deberíamos nadar desnudos?
—¿Por qué no?
Las piscinas privadas son para nadar desnudo.
Ah, así que a
eso se refería. Adela se quedó momentáneamente atónita por el choque cultural.
Justo en ese momento, Braden comenzó a quitarse los pantalones.
—No, no hagas
eso. —Adela lo detuvo. No se sentía capaz de manejar la situación si lo veía
caminando por ahí completamente desnudo.
—Ya estamos
otra vez. —Braden entornó los ojos.
Mirando a su
alrededor, Adela divisó una túnica sobre la mesa junto a la piscina. Hecha de
una tela delgada, obviamente estaba pensada para usarse mientras se nadaba.
—Aquí está.
—Adela recogió la túnica con aire de triunfo.
—¿Yo también
tengo que usar eso? —Braden se vio disgustado.
—Sí.
—Me lo voy a
quitar pronto de todos modos.
—Aun así.
—¿Tu gente lo
sabe? ¿Que eres así de terca?
—¿Cómo podría
alguien gobernar un país sin ser terco? Un líder no puede dejarse influenciar
fácilmente. Iré a cambiarme.
Su voz fue
rotunda. Adela tomó la túnica y se dirigió al baño. Braden la siguió por
detrás.
—¿Quieres que
te ayude a desvestirte? ¿En lugar de tu sirvienta?
—Puedo
hacerlo yo misma.
Adela cerró
de un portazo la puerta del baño a sus espaldas.
—Ah, de
verdad. ¿Por qué es tan rígida y a la vez tan atractiva? —Braden sonrió
ampliamente y se quitó el resto de la ropa—. Si ya estoy así, esto va a ser un
problema...
Ya estaba
completamente excitado. Desde que habían entrado juntos a la suite, se había
mantenido en ese estado. Tal vez nadar ayudaría a calmarlo. Braden miró de
reojo la túnica de natación. ¿Debería ponérsela? Recordó la mirada de desagrado
de Adela. Una sonrisa juguetona se dibujó en los labios de Braden. No es como
si él sintiera vergüenza, así que ¿por qué no?
Braden salió
a la piscina climatizada al aire libre completamente desnudo.

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