Cuando la luna cae hacia el oeste - Capítulo 3

Capítulo 3

Tal vez debido a la mirada de León, Kevin no fue a su habitación.

Él solía ir una vez cada dos días. Cuando su cuerpo no respondía por la llegada de su periodo menstrual, el descanso era un poco más largo.

Gracias a eso, ella no odiaba tanto la luna. Aun así, esta vez él no apareció a pesar de que ella no estaba en esos días.

Sin embargo, Olivia no sintió vacío por ello. De hecho, le gustaba esa noche cómoda en la que dormía sola.

La mansión parecía cambiar con el regreso del amo, pero en el fondo seguía siendo la misma. Cenaba en su habitación por temor a que ocurriera algo con Kevin, y leía libros en silencio, como si estuviera ausente. Lo único que cambiaba era que, a veces, cuando miraba por la ventana, León estaba allí.

En esos momentos, podía espiarlo a su antojo. Como había crecido con los años, su figura era más alta que las ramas de los árboles plantados en el jardín. Siempre mantenía ese aspecto distintivo y pulcro, y ocasionalmente fruncía el ceño.

Ella ocultaba su cuerpo cuando él levantaba la vista, como si hubiera notado su mirada. Al observar a León, era como si volviera a ser la niña que no sabía nada.

Ese día también fue un día de suerte para ella. Mientras buscaba un libro en la biblioteca, vio a León de pie bajo la ventana desde la cual ella miraba, y sonrió ampliamente. Él le decía algo al mayordomo, aunque no parecía estar de buen humor. No obstante, incluso su rostro ligeramente contraído le parecía atractivo.

¿A quién amará esa persona? ¿A qué tipo de mujer guardará en su corazón para casarse con ella?

…Seguramente se casaría con alguien elegante y hermosa; con una persona diferente a una noble a medias como ella misma.

La mujer en los brazos de ese hombre debía de ser feliz. Él la abrazaría cálidamente con sus brazos fuertes. Quizás le dedicaría una sonrisa.

Sintió celos y depresión por una mujer intangible. Fue entonces cuando ocurrió.

—Pensé que estarías aquí.

Olivia se sobresaltó al ver el rostro de Kevin. Mientras ella le daba la espalda, él se acercó a la ventana donde ella estaba.

—Me moría por verte.

—Pareces estar muy ocupado estos días.

—¿Verdad? ¿Por qué demonios la coronación de Su Majestad el Emperador tiene tantas cosas que hacer…? Bueno, no es de extrañar que esté tan ocupado, le cortó el cuello a todos los de su sangre.

Cuando escuchó lo de la coronación, ella ladeó la cabeza. ¿Dijo que cortó el linaje? Entonces, ¿mató a su padre…?

Kevin sonrió con astucia sin dar más explicaciones.

—Entonces, ¿me extrañaste?

—….

Ante su silencio, él la agarró del rostro y la besó con fuerza. Como era su costumbre, la empujó hacia abajo y ella aceptó el beso. Kevin, mientras la besaba, miró hacia la ventana por la que ella había estado observando.

—Estabas mirando a León, ¿verdad?

Él se río. Estaba claro que la presencia de León fuera de la ventana había ofendido a Kevin. Se quedó mirando a su hermano durante un largo rato. Luego sonrió y dijo:

—León, realmente un modelo para los nobles. Alto, guapo y capaz. Debe de haber sido bastante llamativo en el campo de batalla. Pensé que iba a morir.

—….

—Ahora, ¿creo que él no es el tipo de persona que se atrevería a cruzar la línea con una chica como tú? Es una lástima.

Era una voz amigable, pero con un trasfondo patético y burlón.

—No se trata de mirar de más. No hay nada de malo en observar.

Él la fulminó con la mirada y luego la puso de espaldas hacia la ventana, como si se le hubiera ocurrido algo interesante. Entonces, León apareció de nuevo. Seguía de pie bajo la ventana. Se sujetaba la barbilla con la mano, como si estuviera sumido en sus pensamientos.

Mientras ella se desconcertaba por su expresión seria, la mano de Kevin se deslizó bajo su falda.

—¡Hermano, ¿qué estás haciendo?!

A pesar de su pequeña resistencia, su mano acarició sus nalgas. Se dio cuenta de lo que Kevin planeaba hacer.

—¡Yo, yo no quiero!

—Grita, muéstrale algo divertido. Si León lo escucha, será increíble. ¿No es así?

Kevin le susurró al oído con una voz pegajosa. Si León veía una escena como esta, ella nunca podría volver a vivir en paz.

Si se negaba y gritaba, León podría ayudarla. Pero Kevin diría que ella y él siempre habían mezclado sus cuerpos… Solo imaginar que él la miraría con desprecio como los empleados la hacía sentir mareada.

Concluyendo eso, cerró los ojos. Su ropa interior fue bajada completamente por las manos de él. Ante lo que estaba por venir, Olivia se agarró al alféizar de la ventana mientras apretaba sus nalgas expuestas al aire frío.

—¡Heuk!

Su miembro, erguido sin previo aviso, la invadió. Fue una invasión árida, sin juegos previos. Intentó tragarse el dolor, pero se le escapó un grito. Ante la inserción descuidada, su cuerpo derramó líquido desesperadamente para aliviar el dolor.

—¡Uhh, ugh…!

Él se retiró una vez y volvió a empujar hacia adentro. La fuerza de la embestida tensó su mandíbula. No soportaba mirar hacia adelante, así que bajó la cabeza.

—Levanta la cabeza y mira por la ventana.

—¡No, no quiero!

—Te lo haré una vez y terminaré.

—No quie—

Él la agarró del cabello y la pegó contra la ventana.

—O te lo haré una y otra vez. He estado hambriento durante días.

Kevin resopló; sus manos eran urgentes y rudas. Mientras movía la cintura, su sexo entraba ferozmente. Sentía como si su cuerpo se partiera en dos.

—¡Ahhtt, ahhhtt!

Sus ojos nublados se dirigieron a León, afuera de la ventana. Era miserable mirarlo mientras mezclaba su carne con Kevin.

El dolor la obligaba a moverse, pero la mano de Kevin presionaba contra la de Olivia. Como un pez atravesado por una lanza, ella era penetrada sin remedio.

—Ah, por favor detente… Por favor, no…

Las lágrimas brotaron de sus ojos, y Kevin le mordió la oreja y susurró:

—Piénsalo, Olivia.

—Huu… ung…

—Que no soy yo, sino León quien pone su miembro en tu lugar lascivo.

—Uhh, ungg. N, no.

El temblor de sus blancas nalgas solo estimuló más a Kevin. Se escuchó su risita.

—¿Qué tipo de cuerpo tendrá nuestro León? ¿Qué crees? Como soldado, tendrá un cuerpo fuerte como el mío.

—Ungg.

—¡Mira de cerca! Si quieres que esto termine de una vez.

Ella contempló a León con sus ojos nublados y empapados de lágrimas. Como dijo Kevin, León era más alto que los otros hombres. Hasta ahora, ella había estado imaginando a una mujer en sus brazos.

¿Y si fuera ella? ¿Y si él la sujetara? Su cuerpo debía de estar hecho de músculos. Debía de tener un cuerpo más fuerte que el de Kevin…

—¡Aahh, ahhkk!

—¿Qué pasaría si León te abrazara? ¿Eh?

—¡Uhkk!

—Inesperadamente, ese tipo podría ser un ignorante. O tal vez tuvo a muchas perras en el campo de batalla.

Los libros de la estantería cayeron por el rudo embate. Ella miró a León con ojos empañados por el llanto.

León…

Era muy triste pensar en un hombre así mezclando su carne con una mujer, pero las palabras de Kevin seguían resonando en sus oídos.

—Él podría ser más pervertido que yo. Podría gustarle así, por detrás.

¿Cómo sería cuando abrazara a una mujer? ¿Cómo se vería si la poseyera a ella? …¿Sería tan dulce como siempre? ¿O mostraría una apariencia más salvaje que la de Kevin?

Era tan doloroso que decidió pensar que era León el hombre que la abrazaba, tal como Kevin le decía que hiciera. León, es León. León la está sujetando porque la desea intensamente ahora.

Entonces, aquello se volvió tolerable.

—¡Ah…!

Justo en ese momento, la mano de él tocó su pecho más sensible. Los botones de su parte delantera estaban desabrochados y la punta de su pecho sobresalía erguida. Kevin notó cómo el gemido de dolor se convertía en un gemido dulce, y sus caderas se ralentizaron.

Fue más arduo. Hubiera sido mejor que él terminara pronto, pero Kevin parecía usar ese momento para atormentarla lentamente.

—¿Sabes eso? Olivia, ahora te estás apretando contra mí.

—¡No, no me digas… Hnngg!

Soltó un gemido involuntario e inclinó la cabeza. Sin embargo, Kevin la agarró del cabello de nuevo y la obligó a mirar por la ventana.

—¿Crees que León será grande o pequeño?

—¡Por favor…!

—Podría ser sorprendentemente pequeño. Si nunca ha estado con chicas, ¿no lo crees?

—¡Aaanngg!

—Si no tiene experiencia, podría babear y abalanzarse sobre ti al ver tu cuerpo maduro.

Ella lo estaba imaginando ante la voz de Kevin: acostarse con él, su miembro…

«Lo siento».

Le pidió perdón a León mentalmente mientras imaginaba que sus cuerpos se fundían. León le decía que la amaba. Tal como decía Kevin, era León quien movía su cintura de esa forma, fascinado por su cuerpo. Lo que estaba dentro de ella ahora le pertenecía a él…

—¡Aaah!

Mientras Olivia cerraba la boca e intentaba tragarse sus gemidos, Kevin le apartó la mano de la cara.

—¡Aahh, aahh!

Un grito sin refinar estalló en un aullido. Al intentar vislumbrar su rostro, gimió de forma obscena, sintiendo placer junto a una profunda sensación de inmoralidad.

El fluido que había brotado para proteger su cuerpo hacía tiempo que se había desbordado por la excitación. El sonido sordo pronto se convirtió en un chapoteo húmedo.

—¡Huft, huft!

La voz grave de Kevin le recordó, por un instante, a la de León.

Excitada por esto, Olivia arqueó la espalda. Había perdido el sentido ante el repentino placer. Desesperadamente, tuvo que morderse el labio.

Mientras su visión se nublaba en blanco, él finalmente la agarró de la cintura y empujó su miembro hasta el fondo.

Fue el clímax.

Cuando Kevin se retiró, un líquido caliente corrió entre sus piernas. No necesitaba mirar para saberlo; el olor de aquel encuentro, mezclado con ese aroma dulce y denso, le estimulaba la nariz.

Su cuerpo temblaba. Su corazón pareció hundirse bajo sus pies cuando abrió bien los ojos y miró hacia la ventana, despertando apenas del trance de la excitación por primera vez en un buen rato.

León estaba mirando hacia allí.

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