Una propuesta de matrimonio salvaje - Capítulo 17

Capítulo 17

 

La trampa (1)

 

No necesitaba esforzarse mucho para darse cuenta de que su mente estaba concentrada únicamente en ella. Su hombro le dolía constantemente debido a eso.

Cada vez que ella se movía, su cabeza la seguía. Su cuerpo se quedaba quieto, pero su cabeza giraba, lo que naturalmente tiraba de su hombro atravesado por la flecha. Encontraba el asunto descabellado, pero no tenía intenciones de negar la obvia consecuencia del movimiento de su hombro.

La miraba fijamente, como aturdido. Si ella estuviera frente a sus ojos todo el día, se le quedaría viendo todo el día.

—Dado que mi señor ya lo sabe...

—Aun así, ella nunca me ha mentido ni una sola vez.

—... —Fermos lo miró con una expresión que cuestionaba si tal afirmación era cierta.

En realidad, Black también estaba confundido. Podía adivinar la razón por la que ella ocultaba desesperadamente lo que ocurrió en la propiedad de los Kleinfelter. Si su amante, que no estaba muerto, se escondía en Nauk, su ubicación era evidente. Probablemente fue a esa casa con el pretexto de entregar la noticia del fallecimiento para reunirse con él. Reunirse allí, y luego...

Maldición.

Sus pensamientos de inmediato se tornaron sombríos. Había sangre en los labios de ella. No encontraba absolutamente ninguna respuesta razonable a qué había causado que esa sangre manchara sus labios sin que hubiera una herida, y eso lo perturbaba constantemente. Es muy probable que se hubiera ofrecido a examinar su lesión por esa misma razón: no podía soportarlo sin comprobarlo.

Lo que lo confundía era la reacción de ella. Pensó que lo rechazaría porque acababa de ver a su amante, pero aceptó lo que él hizo dócilmente. Incluso pareció creerse su ridícula excusa de que solo lo hacía para revisar una herida. Su confusa e inesperada reacción continuaba alimentando el deseo de él. No podía descifrar si ella intentaba aceptarlo como prometió o si meramente fingía sumisión para proteger a su amante.

Esta era la primera vez que le ocurría algo tan impredecible. También era la primera vez que no podía quitarle los ojos de encima a alguien, deseando constantemente sostenerla para encontrar certezas.

—Nos echaremos hacia atrás de manera simultánea. —Cuando ella dijo eso, él tuvo que dudar de sus propios oídos. Significaba que ella se encontraba en el mismo estado que él: incapaces de soltarse el uno al otro.

—Uno, dos, tres. —La expresión de su rostro al decirlo parecía completamente sincera.

Las puntas de los dedos que no dejaban de temblar, la piel de gallina y los ojos oscurecidos por el deseo; todo parecía gritar que su cuerpo lo deseaba. ¿Podría ser todo una mentira? ¿Podría esa mujer fingir tales microrreacciones solo para proteger a su amante?

Realmente no lo sabía. Liene era el ser más desafiante con el que jamás se había topado.

—No importa qué tan buen mentiroso sea alguien, no puede simular todas esas microrreacciones.

—Mmm... eso es verdad. —En su trabajo como mercenarios, a menudo tenían que identificar espías u obtener confesiones mediante la tortura. Aunque la boca podía soltar mentiras con facilidad, la mayoría de las personas no lograban que sus cuerpos hicieran lo mismo. Las microrreacciones como la piel de gallina, el sudor frío o un corazón acelerado eran indicadores de engaño. Las microrreacciones de Liene simplemente significaban que lo deseaba.

—Bueno, entonces asumiré que mi señor tiene la intención de observarla por un tiempo. ¿Deberíamos dejar en paz al hijo mayor que se hace pasar por un hijo ilegítimo?

—Debe de haber otras cosas que podamos exprimirle a esa familia. Exprímelos tanto como podamos mientras estén bajo presión.

Fermos sonrió con picardía.

—Teniendo en cuenta que dice eso, parece que detesta intensamente a esa familia. Entendido. Haré mi mejor esfuerzo.

—Al final, esa familia necesita ser eliminada. Prepara una trampa para los Kleinfelter a partir de ahora.

—De modo que podamos borrarlos a todos del mapa si alguna vez caen en ella. Empezaré de inmediato.

Tras decir eso, Black cerró los ojos. Su hombro le dolía.

...Maldición. Incluso cuando Liene no estaba presente, sentía como si la estuviera viendo.

********

Liene no dudó de las palabras de Fermos, pero tampoco podía limitarse a esperar que Weroz regresara por su propia voluntad. Llamó a la guardia y les ordenó rastrear su paradero. Los guardias también estaban muy consternados por su ausencia. Notó que el vicecomandante, quien de repente había asumido el cargo de Weroz sin ninguna preparación, sudaba a mares.

—Uf... —Soltó un suspiro tras despachar a los guardias.

Dado que Weroz había desaparecido repentinamente, la seguridad del castillo de Nauk, por lógica, tendría que depender más de los Tiwakan. ¿Acaso los Tiwakan habrían provocado su desaparición... deseando este resultado? Aparte de que Black no le desagradaba, tampoco podía sentirse completamente tranquila. La desaparición de Weroz significaba que ya no le quedaba nadie en quien confiar bajo ninguna circunstancia.

Mientras se hallaba sumida en sus pensamientos, sin percatarse del ceño fruncido entre sus cejas, llegó la señora Flambard.

Toc, toc.

—Su Alteza, soy yo. ¿Puedo pasar?

—Sí. Espere un momento. —La señora de seguro no venía con las manos vacías.

Liene se levantó apresuradamente y abrió la puerta ella misma. Como era de esperarse, la señora Flambard cargaba una gran cesta con ambas manos.

—¿Qué es todo esto?

—Materiales de costura. Para el abrigo de bodas.

—Ya veo. Déjelos por aquí. —Liene señaló la alfombra frente a la chimenea.

—También traje su vestido de luto. Ajusté la línea de la cintura y añadí un cuello, así que ahora lucirá apropiado como un vestido de luto.

—Gracias por su arduo trabajo, señora.

Liene también le pidió a la señora Flambard que la ayudara a cambiarse para ponerse el vestido de luto. La señora Flambard, quien la ayudó meticulosamente a colocarse el vestido de luto —ahora mucho más prolijo—, suspiró:

—Pero sigue habiendo un problema: usted todavía es demasiado hermosa.

—... Con esto es suficiente. No me adule, señora. —Liene apartó el espejo con timidez. Ya que se había cambiado de ropa, era hora de comenzar a coser.

—¿Lo midió todo?

—A grandes rasgos. —No lo había medido de la cintura para abajo, pensando: «¿Qué tanta diferencia podría haber en el largo de las piernas de cada quién?». Dado que el difunto rey también era alto, asumió que la parte inferior de la prenda le quedaría bien en general.

—A ver, entonces. —La señora Flambard extendió el manto sobre la alfombra. Liene abrió la cinta métrica y comparó las tallas.

—Tendremos que arreglar bastante. —Frunció el ceño con expresión seria.

—¿En serio?

—Esta parece una prenda que ni siquiera le quedaría a una persona común. Al revés, ¿por qué sus hombros son tan increíblemente anchos? ¿Acaso midió mal?

—Creo que medí correctamente... —Si le pedían que relatara los hechos de cuando tomó las medidas, Liene no sabría qué decir. Estaba tan distraída por él que apenas recordaba lo que hizo. Todo lo que lograba evocar era su voz diciéndole que no contara tan rápido.

—Nunca había visto unas medidas como estas. ¿De verdad serán así de anchos...? ¿Qué se sentirá ser abrazada por esos hombros...? ¡Vaya, dije algo inapropiado! —La señora Flambard, que había estado murmurando para sí misma, se sobresaltó y sacudió la cabeza con rapidez.

—Fingiré que no escuché eso, señora.

—Debe hacerlo. Qué cosas ando diciendo frente a usted, que está siendo forzada a casarse...

Liene desvió el rostro para contener una risa fugaz.

—Ha pasado tiempo desde la última vez que arreglamos una vestimenta tan lujosa; usted también debe estar un poco entusiasmada, señora.

—Sí... Es verdad. Ha pasado tanto tiempo desde una ocasión así. Desde que el difunto rey falleció, no había tenido la oportunidad de tocar una buena tela.

—Es cierto. —Las habilidades de costura de la señora Flambard eran probablemente las mejores de Nauk. Era comprensible que estuviera entusiasmada después de tanto tiempo, ya que las personas como ella siempre tenían que remendar ropas viejas y gastadas—. Entonces, ¿nos faltará tela?

—Por lo tanto, debemos acortar un poco este abrigo. La prenda fue hecha para arrastrarse a lo largo del altar el día de la coronación, así que no necesitamos hacer eso para una boda. Si cortamos aquí y lo añadimos a los hombros y al cuello, lucirá aún más grandioso.

—De acuerdo.

—¿Qué tal si hacemos un cinturón también? Y añadimos la misma tela a los tobillos.

—Ah, esa es una buena idea.

—¿Cuánto deberíamos añadir? Los pantalones necesitan ser mucho más largos que esto, ¿verdad?

—Eso... —Ahí fue cuando Liene se quedó en silencio—. No medí el largo de los pantalones... —dijo con una voz pequeña, casi inaudible.

—¿Qué? ¿Cómo pudo olvidar eso? ¿Qué pasa si los pantalones le quedan demasiado cortos y se le ven los tobillos?

—Pensé que los pantalones le quedarían bien a grandes rasgos.

—En realidad, no pude medirlos. Porque ese hombre dijo que contenerse fue un error. No, sino porque fui yo quien se dejó afectar por él.

—Cielos, cielos... ¿Cómo pudo pensar eso? Será mejor que lo mida de nuevo. ¿Qué tal si este abrigo de bodas no le queda?

—Supongo que sí... —Su voz fue muy queda esta vez también.

Mientras Liene vacilaba sobre si sería capaz de medir con precisión el largo de los pantalones, la señora Flambard malinterpretó su expresión.

—Su Alteza. ¿Acaso no quiere volver a verlo? Entonces déjemelo a mí.

—No, es... no es que no quiera...

—Claro. ¿Cómo podría estar complacida? No tomé en cuenta sus sentimientos. Entonces yo iré. Usted, por favor, separe las dos mangas del abrigo.

—No me importa ir. —Liene lo repitió, pero el malentendido no se resolvió.

—Estoy bien. Estoy segura de que, por mucho que me desagrade ese hombre, no podría superar al desagrado suyo, ¿verdad? Entonces, se quedará sola por un momento. —La señora Flambard, que había extendido una gran cantidad de artículos de costura, salió apresuradamente del dormitorio de Liene.

—No es eso... —Liene, al quedarse sola, tocó las tijeras con el rostro encendido sin motivo alguno—. Realmente no es eso...

«¿Es extraño que él no me desagrade? Puede que los demás no lo entiendan». Ese pensamiento, de alguna manera, pesaba en su corazón.

La señora Flambard, que se dirigió a la habitación de Black, se enteró de que él se había marchado con sus seguidores. Como no podía perseguirlos a caballo, la señora Flambard envió a un guardia para pedirle a Black que acudiera al dormitorio de Liene.

********

Después de que la señora Flambard regresó, Liene permaneció en silencio y se concentró en la costura. La señora Flambard no dejaba de observarla mientras le comentaba que, debido a diversas circunstancias, le había pedido a Black que acudiera a su habitación. Aunque Liene repitió una y otra vez que él no le desagradaba, la señora Flambard no parecía del todo convencida.

«Déjalo ir. Ya lo sabrá más adelante».

—Pero, Su Alteza... —Su voz resonó de nuevo en el dormitorio, donde solo se escuchaba el sonido de la aguja al penetrar la tela.

—Sí, señora.

—La boda es en unos diez días, ¿no es así?

—Así es. Después del funeral de mañana, faltarán exactamente diez días.

—Entonces, este... ¿Acaso eso no coincide con la fecha de su fiebre mensual?

—Ah... Oh, cielos. —Liene se pinchó su propio dedo con la aguja, no la tela, sobresaltada por la inesperada pregunta.

—Cielos. ¿Se encuentra bien? —Se acercó y tomó la mano de Liene. Una gota de sangre roja brotó justo debajo de la uña de su pulgar—. Vaya, por Dios. ¿Por qué tuvo que pincharse justo debajo de la uña?

Se había pinchado en la zona más dolorosa.

—Déme su mano. Debo desinfectarla y aplicarle medicina. Iré rápido...

—No lo haga. —Liene la sujetó justo cuando estaba por levantarse. Aunque la sangre goteaba debajo de la uña de su pulgar, no sentía el dolor.

—¿Qué? ¿Qué es lo que no debo hacer?

—La fecha... La fecha de la fiebre mensual...

Su rostro estaba tan pálido como el papel.

 

—Su Alteza... —El rostro de la señora finalmente se tornó tan serio como el de ella.

—No deben... descubrirlo. No, bajo ninguna circunstancia.

—Su Alteza. —La señora Flambard le acarició el dorso de la mano como pidiéndole que se calmara—. Yo no sé mucho de política ni de esas cosas, pero... ¿realmente tiene que mentir sobre el embarazo, a pesar de que se va a casar?

—Es... sí. Tengo que hacerlo. Solo así la soberanía de Nauk no pasará a manos de los Tiwakan.

—Conque es por eso.

Liene preguntó con semblante grave:

—¿No hay ninguna forma de ocultar la fiebre mensual?

—¿Cómo podríamos ocultarla? Bueno, tal vez si no comparten la habitación, pero si están casados, tendrán que pasar por la noche de bodas, ¿no es así?

—Ah... ¿Qué debo hacer? No pensé en eso en lo absoluto. Que las fechas fueran a coincidir. —Una sombra sombría cayó sobre su rostro completamente pálido—. Entonces la única manera es...

—Únicamente rechazando la noche de bodas. —El rostro de la señora también comenzó a reflejar la misma preocupación que el de ella.

—¿Pero acaso él aceptará eso tan fácilmente?

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