La vida privada y secreta del Gran Duque villano - Capítulo 20

Capítulo 20

 

Slap.

Moritz le dio un azote en el trasero una vez más antes de apretar con fuerza la carne turgente. Al sujetar sus glúteos con tanta firmeza, la piel se tensó, revelando el orificio y el miembro que lo seguía. Bajó la mirada y se quedó observando, aumentando la velocidad mientras veía los delicados pétalos de Lily deslizarse hacia afuera con su pilar y contraerse al volver a entrar.

—Es maravilloso…

Aunque sentía que era un desperdicio verlo a solas, al mismo tiempo no quería mostralo a nadie. Eso era bastante bueno, porque ahora sentía más curiosidad por ella. Si la corrompía más y más, ¿seguiría irradiando ese encanto adorable? ¿O se sentiría como una ninfa lasciva y ardiente, y él perdería el interés en ella...?

Quería verlo con sus propios ojos.

Moritz, que había embestido con la fuerza suficiente para sacudir la mesa, la atravesó hasta la raíz y expulsó su líquido denso. Después del encuentro, tomó a Lily en sus brazos como de costumbre y la llevó al baño para asearla. En cuanto entró en la bañera llena de agua tibia, ella se quedó dormida.

******

Al día siguiente, Lily se despertó en el dormitorio de Moritz. Esta vez, él no estaba cerca de ella como la última vez. A estas alturas, a Lily no le importaba realmente. Había madurado respecto al pasado, cuando se sentía triste o molesta porque él no estaba a su lado; él le había dicho que estaba ocupado, así que lo comprendía.

—Señorita Lily, ¿puedo prepararle algo de comer?

Al oír que se levantaba y caminaba por la habitación, la criada de Moritz preguntó cortésmente a través de la rendija de la puerta.

—No. Está bien.

Originalmente, ella no era de comer mucho, pero después de entrar en el cuerpo de Lily, ya no sentía ningún apetito.

—Entendido.

La criada fue al estudio e informó a Moritz de que Lily se había despertado, tal como él había ordenado.

—Se despertó antes de lo esperado. ¿Está comiendo ahora?

—Le pregunté si iba a comer, pero dijo que estaba bien sin nada.

Al escuchar el informe, el rostro de Moritz se contrajo. Junto con su gesto, la punta del documento que sostenía se arrugó.

—¿Debo llevarle una comida a Lady Lily? —preguntó la criada con cautela al notar la mirada de Moritz.

—No, está bien. Iré yo mismo, así que solo prepárala.

Soltando un largo suspiro, él recordó lo delgada que era Lily. Lo que notó la primera noche al quitarle el vestido fue que era mucho más esbelta de lo que esperaba; por consideración a ella, había decidido abstenerse de juegos violentos. Aun así, parecía estar cada vez más delgada cada vez que la veía. Debido a eso, Moritz contemplaba seriamente si debía reducir la frecuencia de sus encuentros.

El verdadero problema estaba en otra parte. ¿Debería estar feliz con esto...?

No era de extrañar que se hubiera dado cuenta tan tarde. Aunque poseía un cuerpo atractivo con la mezcla justa de músculos tonificados y líneas esbeltas, Moritz era delgado en comparación con hombres de su misma estatura.

Lejos de comer a sus horas, solía saltarse las comidas cuando el trabajo lo absorbía. Era un caso completamente opuesto al de Paul, quien devoraba sándwiches o bocadillos a su lado.

Tras mirar una vez más la pila de documentos, Moritz suspiró y se levantó para dirigirse al dormitorio. A pesar de estar saturado de trabajo, Lily tenía la prioridad.

Mientras subía, Moritz se sorprendió un poco de su propia actitud. Acababa de darse cuenta de que estaba cuidando a una mujer antes que a sus deberes. Era demasiado incluso para racionalizar que Lily se hubiera convertido en algo tan importante.

¿Lily es lo primero…? ¿No se estaba equivocando?

Aquello no tenía sentido. Aunque había tenido muchas compañeras, ¿cuál podía ser la razón para estar interesado únicamente en ella? No podía sentir afecto por Lily. Porque, en primer lugar, no se debe entregar el corazón a una pieza de ajedrez que está destinada a ser desechada.

Moritz sacudió la cabeza y se aflojó el cuello antes de detenerse frente a la puerta del dormitorio. La criada le tendió la bandeja con la comida.

—Amo, aquí tiene el servicio…

—Sí.

Tomando la bandeja, abrió la puerta, entró y se apoyó contra ella. Observó por un momento a Lily, que estaba sentada en la cama mirando por la ventana, antes de hablar.

—Toc, toc. Te he traído la comida.

Lily se sobresaltó por un instante al oír la voz familiar. Sin embargo, luego lo miró fijamente, como si aquello fuera algún tipo de broma extraña.

—¿Qué pasa, Lily? ¿A qué viene esa expresión?

—Es que finges ser un sirviente sin ninguna necesidad…

—Pensé que era bastante romántico. El sexy Gran Duque trayéndote el desayuno… ¿No es ese el sueño que toda dama del imperio debería tener?

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