Slap.
Moritz le dio
un azote en el trasero una vez más antes de apretar con fuerza la carne
turgente. Al sujetar sus glúteos con tanta firmeza, la piel se tensó, revelando
el orificio y el miembro que lo seguía. Bajó la mirada y se quedó observando,
aumentando la velocidad mientras veía los delicados pétalos de Lily deslizarse
hacia afuera con su pilar y contraerse al volver a entrar.
—Es
maravilloso…
Aunque sentía
que era un desperdicio verlo a solas, al mismo tiempo no quería mostralo a
nadie. Eso era bastante bueno, porque ahora sentía más curiosidad por ella. Si
la corrompía más y más, ¿seguiría irradiando ese encanto adorable? ¿O se
sentiría como una ninfa lasciva y ardiente, y él perdería el interés en ella...?
Quería verlo
con sus propios ojos.
Moritz, que
había embestido con la fuerza suficiente para sacudir la mesa, la atravesó
hasta la raíz y expulsó su líquido denso. Después del encuentro, tomó a Lily en
sus brazos como de costumbre y la llevó al baño para asearla. En cuanto entró
en la bañera llena de agua tibia, ella se quedó dormida.
******
Al día
siguiente, Lily se despertó en el dormitorio de Moritz. Esta vez, él no estaba
cerca de ella como la última vez. A estas alturas, a Lily no le importaba
realmente. Había madurado respecto al pasado, cuando se sentía triste o molesta
porque él no estaba a su lado; él le había dicho que estaba ocupado, así que lo
comprendía.
—Señorita
Lily, ¿puedo prepararle algo de comer?
Al oír que se
levantaba y caminaba por la habitación, la criada de Moritz preguntó
cortésmente a través de la rendija de la puerta.
—No. Está
bien.
Originalmente,
ella no era de comer mucho, pero después de entrar en el cuerpo de Lily, ya no
sentía ningún apetito.
—Entendido.
La criada fue
al estudio e informó a Moritz de que Lily se había despertado, tal como él
había ordenado.
—Se despertó
antes de lo esperado. ¿Está comiendo ahora?
—Le pregunté
si iba a comer, pero dijo que estaba bien sin nada.
Al escuchar
el informe, el rostro de Moritz se contrajo. Junto con su gesto, la punta del
documento que sostenía se arrugó.
—¿Debo
llevarle una comida a Lady Lily? —preguntó la criada con cautela al notar la
mirada de Moritz.
—No, está
bien. Iré yo mismo, así que solo prepárala.
Soltando un
largo suspiro, él recordó lo delgada que era Lily. Lo que notó la primera noche
al quitarle el vestido fue que era mucho más esbelta de lo que esperaba; por
consideración a ella, había decidido abstenerse de juegos violentos. Aun así,
parecía estar cada vez más delgada cada vez que la veía. Debido a eso, Moritz
contemplaba seriamente si debía reducir la frecuencia de sus encuentros.
El verdadero
problema estaba en otra parte. ¿Debería estar feliz con esto...?
No era de
extrañar que se hubiera dado cuenta tan tarde. Aunque poseía un cuerpo
atractivo con la mezcla justa de músculos tonificados y líneas esbeltas, Moritz
era delgado en comparación con hombres de su misma estatura.
Lejos de
comer a sus horas, solía saltarse las comidas cuando el trabajo lo absorbía.
Era un caso completamente opuesto al de Paul, quien devoraba sándwiches o
bocadillos a su lado.
Tras mirar
una vez más la pila de documentos, Moritz suspiró y se levantó para dirigirse
al dormitorio. A pesar de estar saturado de trabajo, Lily tenía la prioridad.
Mientras
subía, Moritz se sorprendió un poco de su propia actitud. Acababa de darse
cuenta de que estaba cuidando a una mujer antes que a sus deberes. Era
demasiado incluso para racionalizar que Lily se hubiera convertido en algo tan
importante.
¿Lily es
lo primero…? ¿No se estaba equivocando?
Aquello no
tenía sentido. Aunque había tenido muchas compañeras, ¿cuál podía ser la razón
para estar interesado únicamente en ella? No podía sentir afecto por Lily.
Porque, en primer lugar, no se debe entregar el corazón a una pieza de ajedrez
que está destinada a ser desechada.
Moritz
sacudió la cabeza y se aflojó el cuello antes de detenerse frente a la puerta
del dormitorio. La criada le tendió la bandeja con la comida.
—Amo, aquí
tiene el servicio…
—Sí.
Tomando la
bandeja, abrió la puerta, entró y se apoyó contra ella. Observó por un momento
a Lily, que estaba sentada en la cama mirando por la ventana, antes de hablar.
—Toc, toc. Te
he traído la comida.
Lily se
sobresaltó por un instante al oír la voz familiar. Sin embargo, luego lo miró
fijamente, como si aquello fuera algún tipo de broma extraña.
—¿Qué pasa,
Lily? ¿A qué viene esa expresión?
—Es que
finges ser un sirviente sin ninguna necesidad…
—Pensé que
era bastante romántico. El sexy Gran Duque trayéndote el desayuno… ¿No es ese
el sueño que toda dama del imperio debería tener?

0 Comentarios