Aunque volvió
a burlarse de ella, Lily ya no lo escuchaba. Continuaba devorando el consolador
con su intimidad, imaginando que el miembro que tenía en la boca también estaba
apuñalando su orificio inferior.
—Realmente,
Lily... eres obscena.
Moritz,
enroscando el cabello de ella entre sus dedos, movía su cabeza de adelante
hacia atrás mientras ella lo succionaba. Incluso con ese toque brusco, Lily ni
siquiera frunció el ceño; más bien, lo succionaba como si fuera delicioso
mientras hurgaba en su orificio con movimientos lentos.
Poco a poco,
un líquido transparente goteó de la punta de la uretra. Moritz sintió que él
también estaba al límite. No podía aguantar más. Quería hundirlo con todas sus
fuerzas ahora mismo, en lo más profundo de Lily.
Al sacar su
miembro de la boca de ella, un hilo de saliva se extendió brevemente entre sus
labios y el bálano antes de romperse. Una expresión de tristeza apareció en el
rostro de Lily. Pero ahora, ella podía darse cuenta; sabía que lo había sacado
de su boca solo para empujarlo dentro de ella otra vez. Esperando el siguiente
paso, Lily levantó su trasero unas cuantas veces más y se apuñaló por dentro.
Moritz se
colocó detrás de ella y alineó su miembro con la entrada mientras ella aún
engullía el consolador.
—No... no va
a entrar.
—¿En serio?
Entonces... ¿hacemos el experimento?
Era algo
fuera de toda cuestión. Aun así, ella ignoró a Moritz y retorció su trasero
para sacar el consolador de su orificio. Lily miró hacia atrás y, en su lugar,
movió su parte inferior frente a él.
—Ya ni
siquiera me escuchas. Enamorada de mi miembro...
Dicho esto,
él soltó una risita y chasqueó la lengua. Apartó el trasero de ella hacia un
lado. La vara de hierro con el consolador debajo de ella también fue apartada
bruscamente por su mano y arrojada a un lado.
—Ah. Moritz...
rápido, mételo...
Moritz se rió
entre dientes y sacudió la cabeza ante las descaradas exigencias que empezaban
a reaparecer.
—¿Quién es el
amo y quién es la perra?
Mientras
agarraba sus suaves muslos y tiraba de ellos hacia atrás, hundió su erección en
su orificio inferior. La entrada palpitante de Lily lo devoró con deleite.
—Huuu... Ah,
qué bueno. ¡Moritz! ¡Rápido, rápido... embísteme!
—No me
presiones, Lily. Ja, qué lasciva...
Cuando Moritz
la movió hacia atrás, Lily, que había estado en cuclillas, se arrodilló sobre
la mesa y levantó la cadera para ponerse en una posición cómoda.
—En ese caso,
no puedes verlo, Lily.
Él presionó
sus hombros para que se tumbara plana, luego agarró sus piernas y las abrió un
poco más hacia los lados. Lily miró fijamente el espejo mientras el pilar de él
entraba en ella. Estaba roja desde las orejas hasta el cuello. Ni siquiera
había pensado en eso porque se había estado concentrando en la sensación de
hormigueo que sentía, aunque ver cómo él se introducía en ella de esa manera
hacía más evidente que estaba participando en ese acto impúdico.
Incapaz de
apartar los ojos del espejo, se sintió profundamente avergonzada de su entrada,
que goteaba líquido sobre la superficie reflectante. Pero, como siempre, la
vergüenza venía acompañada de excitación. Excitada por tan obscena visión, Lily
apretó la carne de él tanto como pudo.
—Huu
—Desearía
poder invitar a otras personas para mostrarles también esta imagen obscena. ¿No
lo deseas tú también, Lily?
Inmediatamente
pensó en el Emperador y en Paul cuando Moritz lo mencionó. Si el Emperador la
mirara con desprecio con esos ojos afilados y severos mientras la poseía toda
la noche... O si Paul le susurrara palabras lascivas al oído con esa voz ronca,
con sus ojos sensuales brillando durante horas...
Excitada solo
por su imaginación, Lily sacó la lengua y cerró los ojos, poniendo una
expresión impúdica en su rostro sin darse cuenta. Además del Emperador y Paul,
había muchos otros nobles apuestos en este juego. Qué increíble sería si a
todos los personajes se les mostrara esta faceta lasciva; entonces todos
sacarían sus miembros y la destrozarían.
Solo pensarlo
la hacía vibrar.
El líquido
espeso y transparente que derramaba sobre el espejo se acumuló, creando un
charco del tamaño de su palma. Sin embargo, Lily no podía verlo. Su mente ya
estaba llena de la fantasía de tener su intimidad apuñalada por muchos otros
hombres, junto con los violentos movimientos de Moritz.
—Haa… Uhh—
Qué bueno… Huu…
Un sollozo de
alegría. Mientras ella dejaba escapar gemidos de satisfacción, las comisuras de
los labios de Moritz también se curvaron hacia arriba.
—Pronto
prepararé un lugar así. Para exhibirte, mujer traviesa…

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