La princesa necesita un escándalo - Capítulo 23

Capítulo 23

 

—¿Qué están haciendo? —Alexa sujetó a Joy en cuanto esta salió del dormitorio.

Desde que Braden había entrado a la habitación de la princesa, los tres se habían pasado el día entero esperando ansiosamente afuera de la puerta. Al menos Joy entraba y salía para hacer los recados, por lo que sabía lo que estaba ocurriendo en el interior.

—Jugando a las cartas.

—¿Qué? Hace rato era ajedrez, ¿y ahora cartas después de la cena?

—¿Qué es exactamente lo que esperas? —reprendió Logan a Alexa.

—No esperaba nada, pero cada vez que las criadas traían comida, parecía que algo iba a suceder; sin embargo, están jugando de forma tan decente que resulta extraño.

—Bueno, Su Alteza se veía muy feliz —añadió Joy.

—¿Se veía feliz? ¿Jugando al ajedrez y a las cartas? —Alexa, que detestaba usar la cabeza, no lograba comprenderlo. —Se estaba riendo a carcajadas.

—¿...?

Alexa y Logan se miraron el uno al otro ante las palabras de Joy. Su Alteza, riéndose a carcajadas. ¿Acaso habían visto alguna vez a la princesa actuar así?

¿¿??

Sus mentes se llenaron de signos de interrogación. Habían servido a Adela durante mucho tiempo, pero jamás la habían visto de esa manera.

******

—¡Gané! —Adela desplegó sus cartas con aire de triunfo.

—¡¿Qué?! —Braden la miró, estupefacto—. Eres realmente inteligente.

—No es nada. Solo es un juego de cartas —habló Adela como si no fuera la gran cosa.

Pero no era "solo" un juego de cartas. El juego que estaban jugando era uno que los mercenarios solían usar en los cotos de caza de monstruos; llevaba días enteros comprender las reglas y mucho tiempo dominarlo lo suficiente como para ganar. Adela lo estaba jugando hoy por primera vez. Y, aun así, en solo unas pocas rondas, lo había dominado y estaba en una racha ganadora. ¿Cómo podía ser "solo" un juego de cartas?

—¿Puedes golpearme con tus labios esta vez? Me duele la frente de tantos manotazos. —Braden se frotó la frente con la palma de la mano, asomando los labios.

—No seas dramático. La frente, Braden.

Los ojos de Adela centellearon mientras apuntaba a su frente. La alegría de la victoria brillaba en su mirada como la luz de las estrellas.

—Te pasas. Eres excesivamente considerada con tus sirvientes, pero conmigo nunca eres blanda.

Braden, no queriendo recibir el golpe, se acurrucó en la esquina del sofá, encogiendo su enorme cuerpo como si fuera un niño de siete años. No quedaba ni rastro de la imagen del gladiador que rebanaba monstruos de un solo tajo o que hacía sangrar a sus oponentes en el Coliseo.

—Jaja, ¿a dónde huyes?

Adela se echó a reír a carcajadas, abalanzándose sobre él. Braden la sujetó por la cintura y la atrajo hacia sí. Quedaron frente a frente, sentados muy juntos. Una suave sonrisa permaneció en los labios de Braden.

—Te ves tan hermosa cuando te ríes.

Ella siempre había sido hermosa, pero su risa la hacía varias veces más bella. Irradiaba frescura y vida, como una hoja empapada por el rocío de la mañana. A él le encantaba eso. Quería hacerla reír más.

—No sé cuándo fue la última vez que me reí así.

No, en realidad, no podía recordarlo. Adela había tenido que actuar como una princesa hecha y derecha desde una edad muy temprana. Incluso si algo era divertido, no podía reírse a carcajadas, e incluso si estaba enojada, no podía llorar ni gritar para mostrar sus sentimientos. Nunca había jugado así con nadie, nunca le había dado un manotazo en la frente a alguien como castigo, nunca había perseguido a nadie para cobrar una penalización. Por eso ella misma estaba sorprendida al darse cuenta de que era capaz de reír a carcajadas.

—¿Te divertiste? —Braden la miró con ojos tiernos.

—Fue divertido. ¿Todo el mundo juega así?

—Depende de con quién juegues. Es divertido porque estás jugando conmigo.

—Sí, yo también lo creo —admitió Adela con honestidad, sin dejar de sonreír.

Cuando ella perdía, Braden le daba un manotazo en la frente. Le pegaba tan fuerte que casi la hacía llorar. ¿Quién más jugaría con ella de esa manera? Solo este esclavo rebelde. Después de eso, Adela ardió en determinación por ganar, y cuando tenía la oportunidad de golpearle la frente, jamás se contenía. Acababa de aprender que jugar alegremente podía hacerla sentir eufórica.

—Entonces dame un premio. —Braden colocó un mechón de su desordenado cabello negro detrás de su oreja.

—¿Pero si yo gané?

—Entonces me daré a mí mismo como premio. Tómame. —Él sonrió con dulzura, como si preguntara: «¿De verdad no me vas a tomar?». Con voz seductora, añadió—: Adela. Esta noche quiero estar contigo.

Su voz era tan dulce. El corazón de ella vaciló. Había estado con él todo el día y, aun así, todavía quería más. Por eso mismo, Adela sacudió la cabeza con firmeza redoblada.

—No.

—Dijiste que te habías divertido, ¿no?

—Lo hice.

—¿Entonces por qué?

—Porque no creo que pueda dormir.

Se las arregló para decir tales cosas con voz calmada. Braden sintió como si hubiera recibido un golpe inesperado. Por supuesto, fue una sorpresa agradable.

—Hay otras cosas que podríamos hacer. —Con el pulgar, él acarició con picardía las marcas rojas como flores esparcidas por el cuello de ella—. Te lameré ahí abajo. Pareció gustarte mucho.

—No me gustó.

A pesar de que no había nadie alrededor para escuchar, Adela se sobresaltó, mirando a su alrededor y susurrando en voz baja.

—No, te gustó. Hoy te gustará aún más, te lo garantizo.

Él se rió entre dientes con picardía, y Adela renunció a discutir. Ahora no era el momento para una guerra de palabras por cosas como esa. Mientras tanto, la mano de él avanzó sigilosamente, levantando su camisón, pasando de largo su pantorrilla y acariciando suavemente su rodilla redondeada. A medida que su mano se desplazaba hacia la parte interna de su muslo, su excitación humedeció su ropa interior. Solo con esa cantidad de estimulación. Esto era realmente una locura. Si seguía así, perdería la cabeza y haría algo imprudente aquí mismo. Adela retiró rápidamente la mano de él de su muslo.

—Te lo dije antes, ¿no? No puedo tener intimidad en un espacio donde mis sirvientes estén presentes.

—¿Acaso en las artes del dormitorio te enseñaron a atormentar a un hombre de esta manera? —Braden dejó escapar un profundo suspiro.

—¿Qué?

—Con solo una palabra, me elevas y luego me dejas caer.

Fuera cierto o no, verlo tan ansioso hizo que el corazón de Adela diera un vuelco. ¿Cuántas veces había dado un vuelco su corazón por culpa de este hombre hoy? Parecía que se estaba acostumbrando a ello. Al principio, no sabía si le gustaba o no, pero ahora se inclinaba hacia el "me gusta". Este vuelco en el corazón no era malo. No, tal vez incluso era bueno.

—Vete ya.

Adela presionó sus labios firmemente contra la frente de él en lugar de darle un capón.

—¿Este es el premio? —Braden se quedó estupefacto.

—Es mejor que un capón.

Adela se levantó de su rodilla, como si hubiera terminado su asunto.

—Entonces, ¿qué hay de un beso de buenas noches?

—Eso tampoco va a suceder.

Adela sacudió la cabeza con firmeza. Besarlo era demasiado peligroso.

—Uff, realmente eres fría. Está bien, me iré por esta noche. Nos vemos mañana. —Braden levantó ambas manos en señal de rendición.

—¿Vas a venir mañana también?

—Tengo que esparcir rumores. Mañana nos reuniremos afuera.

—¿Ese es el siguiente plan?

—Sí.

Braden se puso de pie, decidido a no repetir mañana los errores de hoy.

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