—¿Qué están
haciendo? —Alexa sujetó a Joy en cuanto esta salió del dormitorio.
Desde que
Braden había entrado a la habitación de la princesa, los tres se habían pasado
el día entero esperando ansiosamente afuera de la puerta. Al menos Joy entraba
y salía para hacer los recados, por lo que sabía lo que estaba ocurriendo en el
interior.
—Jugando a
las cartas.
—¿Qué? Hace
rato era ajedrez, ¿y ahora cartas después de la cena?
—¿Qué es
exactamente lo que esperas? —reprendió Logan a Alexa.
—No esperaba
nada, pero cada vez que las criadas traían comida, parecía que algo iba a
suceder; sin embargo, están jugando de forma tan decente que resulta extraño.
—Bueno, Su
Alteza se veía muy feliz —añadió Joy.
—¿Se veía
feliz? ¿Jugando al ajedrez y a las cartas? —Alexa, que detestaba usar la
cabeza, no lograba comprenderlo. —Se estaba riendo a carcajadas.
—¿...?
Alexa y Logan
se miraron el uno al otro ante las palabras de Joy. Su Alteza, riéndose a
carcajadas. ¿Acaso habían visto alguna vez a la princesa actuar así?
¿¿??
Sus mentes se
llenaron de signos de interrogación. Habían servido a Adela durante mucho
tiempo, pero jamás la habían visto de esa manera.
******
—¡Gané!
—Adela desplegó sus cartas con aire de triunfo.
—¡¿Qué?!
—Braden la miró, estupefacto—. Eres realmente inteligente.
—No es nada.
Solo es un juego de cartas —habló Adela como si no fuera la gran cosa.
Pero no era
"solo" un juego de cartas. El juego que estaban jugando era uno que
los mercenarios solían usar en los cotos de caza de monstruos; llevaba días
enteros comprender las reglas y mucho tiempo dominarlo lo suficiente como para
ganar. Adela lo estaba jugando hoy por primera vez. Y, aun así, en solo unas
pocas rondas, lo había dominado y estaba en una racha ganadora. ¿Cómo podía ser
"solo" un juego de cartas?
—¿Puedes
golpearme con tus labios esta vez? Me duele la frente de tantos manotazos.
—Braden se frotó la frente con la palma de la mano, asomando los labios.
—No seas
dramático. La frente, Braden.
Los ojos de
Adela centellearon mientras apuntaba a su frente. La alegría de la victoria
brillaba en su mirada como la luz de las estrellas.
—Te pasas.
Eres excesivamente considerada con tus sirvientes, pero conmigo nunca eres
blanda.
Braden, no
queriendo recibir el golpe, se acurrucó en la esquina del sofá, encogiendo su
enorme cuerpo como si fuera un niño de siete años. No quedaba ni rastro de la
imagen del gladiador que rebanaba monstruos de un solo tajo o que hacía sangrar
a sus oponentes en el Coliseo.
—Jaja, ¿a
dónde huyes?
Adela se echó
a reír a carcajadas, abalanzándose sobre él. Braden la sujetó por la cintura y
la atrajo hacia sí. Quedaron frente a frente, sentados muy juntos. Una suave
sonrisa permaneció en los labios de Braden.
—Te ves tan
hermosa cuando te ríes.
Ella siempre
había sido hermosa, pero su risa la hacía varias veces más bella. Irradiaba
frescura y vida, como una hoja empapada por el rocío de la mañana. A él le
encantaba eso. Quería hacerla reír más.
—No sé cuándo
fue la última vez que me reí así.
No, en
realidad, no podía recordarlo. Adela había tenido que actuar como una princesa
hecha y derecha desde una edad muy temprana. Incluso si algo era divertido, no
podía reírse a carcajadas, e incluso si estaba enojada, no podía llorar ni
gritar para mostrar sus sentimientos. Nunca había jugado así con nadie, nunca
le había dado un manotazo en la frente a alguien como castigo, nunca había
perseguido a nadie para cobrar una penalización. Por eso ella misma estaba
sorprendida al darse cuenta de que era capaz de reír a carcajadas.
—¿Te
divertiste? —Braden la miró con ojos tiernos.
—Fue
divertido. ¿Todo el mundo juega así?
—Depende de
con quién juegues. Es divertido porque estás jugando conmigo.
—Sí, yo
también lo creo —admitió Adela con honestidad, sin dejar de sonreír.
Cuando ella
perdía, Braden le daba un manotazo en la frente. Le pegaba tan fuerte que casi
la hacía llorar. ¿Quién más jugaría con ella de esa manera? Solo este esclavo
rebelde. Después de eso, Adela ardió en determinación por ganar, y cuando tenía
la oportunidad de golpearle la frente, jamás se contenía. Acababa de aprender
que jugar alegremente podía hacerla sentir eufórica.
—Entonces
dame un premio. —Braden colocó un mechón de su desordenado cabello negro detrás
de su oreja.
—¿Pero si yo
gané?
—Entonces me
daré a mí mismo como premio. Tómame. —Él sonrió con dulzura, como si
preguntara: «¿De verdad no me vas a tomar?». Con voz seductora, añadió—:
Adela. Esta noche quiero estar contigo.
Su voz era
tan dulce. El corazón de ella vaciló. Había estado con él todo el día y, aun
así, todavía quería más. Por eso mismo, Adela sacudió la cabeza con firmeza
redoblada.
—No.
—Dijiste que
te habías divertido, ¿no?
—Lo hice.
—¿Entonces
por qué?
—Porque no
creo que pueda dormir.
Se las
arregló para decir tales cosas con voz calmada. Braden sintió como si hubiera
recibido un golpe inesperado. Por supuesto, fue una sorpresa agradable.
—Hay otras
cosas que podríamos hacer. —Con el pulgar, él acarició con picardía las marcas
rojas como flores esparcidas por el cuello de ella—. Te lameré ahí abajo.
Pareció gustarte mucho.
—No me gustó.
A pesar de
que no había nadie alrededor para escuchar, Adela se sobresaltó, mirando a su
alrededor y susurrando en voz baja.
—No, te
gustó. Hoy te gustará aún más, te lo garantizo.
Él se rió
entre dientes con picardía, y Adela renunció a discutir. Ahora no era el
momento para una guerra de palabras por cosas como esa. Mientras tanto, la mano
de él avanzó sigilosamente, levantando su camisón, pasando de largo su
pantorrilla y acariciando suavemente su rodilla redondeada. A medida que su
mano se desplazaba hacia la parte interna de su muslo, su excitación humedeció
su ropa interior. Solo con esa cantidad de estimulación. Esto era realmente una
locura. Si seguía así, perdería la cabeza y haría algo imprudente aquí mismo.
Adela retiró rápidamente la mano de él de su muslo.
—Te lo dije
antes, ¿no? No puedo tener intimidad en un espacio donde mis sirvientes estén
presentes.
—¿Acaso en
las artes del dormitorio te enseñaron a atormentar a un hombre de esta manera?
—Braden dejó escapar un profundo suspiro.
—¿Qué?
—Con solo una
palabra, me elevas y luego me dejas caer.
Fuera cierto
o no, verlo tan ansioso hizo que el corazón de Adela diera un vuelco. ¿Cuántas
veces había dado un vuelco su corazón por culpa de este hombre hoy? Parecía que
se estaba acostumbrando a ello. Al principio, no sabía si le gustaba o no, pero
ahora se inclinaba hacia el "me gusta". Este vuelco en el corazón no
era malo. No, tal vez incluso era bueno.
—Vete ya.
Adela
presionó sus labios firmemente contra la frente de él en lugar de darle un
capón.
—¿Este es el
premio? —Braden se quedó estupefacto.
—Es mejor que
un capón.
Adela se
levantó de su rodilla, como si hubiera terminado su asunto.
—Entonces,
¿qué hay de un beso de buenas noches?
—Eso tampoco
va a suceder.
Adela sacudió
la cabeza con firmeza. Besarlo era demasiado peligroso.
—Uff,
realmente eres fría. Está bien, me iré por esta noche. Nos vemos mañana.
—Braden levantó ambas manos en señal de rendición.
—¿Vas a venir
mañana también?
—Tengo que
esparcir rumores. Mañana nos reuniremos afuera.
—¿Ese es el
siguiente plan?
—Sí.
Braden se
puso de pie, decidido a no repetir mañana los errores de hoy.

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