Creí haber curado al hermano enfermo del villano - Capítulo 21
—Hay un salón
donde la Casa Hartez ha estado mandando a confeccionar su ropa por
generaciones. ¿Qué tal si vamos a que te tomen las medidas para el tuyo allí?
—Ah.
«Así que a
eso se refería con mandar a confeccionar un vestido».
Merrien, que
había estado refunfuñando internamente por sus excesivas omisiones de detalles,
se dejó caer de nuevo en su silla.
«…¿Espera?».
Pero
pensándolo con cuidado, esto no era algo que simplemente debía aceptar.
—¿Acaso
siempre ibas tú mismo al salón para conseguir tu ropa?
—Por supuesto
que no. Yo elegía de los folletos y el mayordomo enviaba mis medidas para que
hicieran las prendas.
Justo como
sospechaba. Él se encogió de hombros como si fuera lo más obvio del mundo.
—Entonces,
¿por qué necesitamos salir? ¿Qué pasa si te desplomas? Ni siquiera has estado
afuera últimamente.
¿Acaso no se
suponía que era el misterioso duque? ¿Por qué se empeñaba en destruir su propia
imagen? Merrien miró a Ariel con aire inquisitivo, arqueando una ceja.
—Bueno, de
todos modos, voy a salir para el banquete imperial. Y…
Él respondió
con naturalidad, luego hizo una pausa antes de quedarse mirándola fijamente de
repente.
—…¿Sí?
Esa mirada
profunda pareció de algún modo pícara, haciendo que Merrien empujara su silla
hacia atrás.
—Fuera todos.
Él fue
incluso más allá, ordenando a todos los sirvientes que se retiraran.
—¿…?
Mientras
Merrien parpadeaba y miraba a su alrededor, los sirvientes salieron en fila con
total calma. En un instante, solo Ariel y Merrien quedaron en la espaciosa
habitación.
—¿Q-Qué pasa?
Cuando
Merrien habló, presintiendo una atmósfera extraña, Ariel de pronto le tomó la
mano.
«¡…Todavía
no!».
Merrien cerró
los ojos con fuerza, intentando ignorar los latidos desbocados de su corazón.
Aunque se inclinó hacia atrás, su rostro se giraba lentamente hacia Ariel.
—...
—...
Pero no pasó
nada, incluso cuando el tiempo transcurrió.
—Merri, ¿en
qué estás pensando?
Después de un
momento, Ariel preguntó con una voz genuinamente desconcertada y colocó la mano
de Merrien sobre su corazón.
—¿Uh, ah?
Cuando
Merrien finalmente abrió los ojos, se topó con la sonrisa astuta de Ariel. Una
bastante molesta, por cierto.
—Curación
directa en el corazón. La última vez que lo intenté, pude moverme con
normalidad durante aproximadamente un día.
—Ah, aja.
—¿En qué
estabas pensando, Merri?
—...
«Sí, ¿en
qué estaba pensando?».
Tal vez solo
se dejó llevar por la extraña atmósfera. El rostro de Merrien se tiñó de rojo
hasta las orejas mientras apretaba los labios hasta que el inferior
desapareció. Encontrando insoportable la sonrisa de él, que ahora mostraba los
dientes, introdujo el Poder Santo directo en su corazón.
Entonces.
—Mmnn…
Él cerró los
ojos y emitió sonidos extraños como la vez anterior. Ella no tenía idea de por
qué le temblaban los párpados y su rostro se ponía rojo.
«Emitiendo
semejantes sonidos y aun así se burla de mí».
Aunque quería
quejarse, Merrien se concentró en silencio en verter el Poder Santo. No podía
permitir que los sentimientos personales causaran errores, especialmente porque
este método de curación era claramente mejor que la curación regular. Por
supuesto, como resultado, su Poder Santo se estaba agotando rápidamente.
—Hah, ugh…
Cuando se
sintió demasiado sofocada para continuar, Merrien retiró la mano.
Como era de
esperar, el rostro de Ariel estaba notablemente más lleno de vida, y la
pantalla del sistema mostró un aumento significativo en la curación.
[Cantidad
de Curación 4400/10000]
Haah—.
Mientras Merrien se desplomaba en su silla, Ariel tomó su mano flácida y la
frotó contra su mejilla.
—Gracias.
Sus ojos como
lagos brillaban con el reflejo de la luz estelar previa al amanecer. Era
astuto. Sabía que Merrien encontraba hermosos sus ojos.
Momentáneamente
aturdida por el repentino ataque a quemarropa de su atractivo físico, Merrien
habló de mal humor tras recuperar la compostura.
—…¿Pero
realmente era necesario echar a todos los sirvientes?
—Así fue como
conseguí que tuvieras pensamientos traviesos, ¿verdad?
—Oh, por
favor.
Engañada otra
vez, Merrien. Todo por dejarse llevar por la extraña atmósfera.
«Realmente
debería dejar de leer novelas de romance».
El problema
era lo bien que funcionaban las burlas de él. Frunciendo el ceño, Merrien miró
su mano, la cual Ariel ya había soltado. Después de recuperar el aliento por un
momento, su disminuido Poder Santo se sintió mejor, y definitivamente fue más
fácil habiéndolo hecho una vez antes.
—¿Nos vamos
entonces?
—De acuerdo.
Oh, como sea.
Merrien expresó su conformidad con resignación. Habiéndolo curado ya, Ariel
probablemente insistiría en salir de todos modos.
Habiendo
asegurado por completo su victoria, Ariel llamó con calma.
—Mayordomo.
—Sí, Su
Gracia —respondió el mayordomo, como si hubiera estado esperando afuera.
—Necesitamos
visitar el Salón Elpine. Por favor, prepara nuestra salida.
*******
Ariel, quien
terminó de prepararse primero, se dirigió al carruaje.
El carruaje
de la Casa Hartez, con su emblema del águila roja y la espada dorada. Era la
primera vez que lo veía desde que visitó el templo por causa de Merrien. Como
duque, rara vez salía, y como Maestro de la Torre, solo utilizaba la
teletransportación.
—...
Ariel
acarició la puerta del carruaje, pareciendo perdido en sus recuerdos. El
mayordomo, que lo había estado observando con empatía, divisó a Merrien
acercándose y susurró:
—Amo. La
Santa se acerca.
Ante esas
palabras, Ariel se dio la vuelta por reflejo, e inmediatamente se quedó
atónito.
Siguiendo las
instrucciones secretas de Ariel, Merrien vestía un vestido de un rosa claro y
suave. El dobladillo estaba adornado con volantes que ondeaban con cada paso
que daba. Al sentirse incómoda con ropa formal después de tanto tiempo,
caminaba con cuidado.
Ariel no pudo
ocultar su expresión y se cubrió el rostro.
—…Ariel, ¿qué
pasa? ¿Me veo extraña?
Merrien, que
se había acercado sin que él lo notara, preguntó con curiosidad mientras Ariel
finalmente giraba la cabeza a medias.
—…No.
La voz de
Ariel sonó serena al responder. Extendió la mano, ofreciéndose a escoltarla.
Extrañamente, todavía se cubría ambos ojos con la otra mano.
—¿Qué estás
haciendo?
—Escoltándote.
—De verdad
que tú…
Cualquiera
que fuera el juego que estaba jugando. Cuando ella colocó su mano sobre la de
él con ojos suspicaces, él guio hábilmente a Merrien hacia el interior del
carruaje, incluso con los ojos cubiertos.
Después de
que Merrien se acomodó primero y arregló su vestido, él finalmente se sentó
frente a ella. Ya no se cubría los ojos.
—Pero si
había tantos vestidos en el vestidor, ¿verdad? ¿Realmente hay necesidad de
comprar un vestido de gala?
Cuando
Merrien preguntó con seriedad, él se reclinó profundamente contra el respaldo y
respondió con total naturalidad:
—Bueno, eso
es porque compré cada vestido que pensé que le quedaría bien a Merri cada vez
que revisaba los folletos que llegaban a la mansión. Pero los vestidos de gala
son diferentes.
—...
«La
extravagancia de Ariel. ¿Realmente esto está bien?». Merrien se tragó
internamente ese comentario digno de portada de periódico. Realmente no podía
reprenderlo, ya que él era uno de los dos únicos duques en el imperio y era
extremadamente rico.
—De verdad te
queda muy bien.
Soltó Ariel
de repente. Era difícil saber si estaba siendo sincero o si se estaba burlando,
ya que a menudo hacía comentarios tan ambiguos; pero por lo general, cuando sus
ojos se curvaban en forma de media luna de esa manera, estaba siendo genuino.
—…Mejor mira
hacia afuera. Vaya, un jardín de rosas.
Abochornada,
Merrien usó un tono exagerado que incluso a ella le pareció incómodo.
Afortunadamente, el jardín de rosas visible a través de la ventana le brindó la
oportunidad de cambiar de tema. No, ella quería desviar la atención, pero era
evidente que Ariel seguía mirando fijamente su perfil.
Merrien
apartó la mirada deliberadamente y observó el exterior. En realidad, esta era
la primera vez que salía de esta manera, habiendo estado solo en el templo y en
la mansión Hartez hasta ahora.
—¿Te gustan
las rosas?
Quizás su
desesperado intento de ignorarlo había funcionado. Pronto Ariel pasó a hablar
de las rosas, y Merrien derramó internamente lágrimas de alegría.
—Puede que
sean comunes, pero por eso todo el mundo las ama. Mira, también hay rosas
amarillas. Qué interesante.
Incluso
señaló con el dedo índice para obligarlo a mirar hacia afuera, y entonces
recordó algo.
«Ahora que
lo pienso, decían que el anterior duque Hartez plantó rosas negras en el
jardín. Al parecer, Ariel las odiaba tanto que ordenó que las quitaran». De
entre todas las cosas, rosas. De repente desanimada, Merrien se giró hacia
Ariel.
—¿Othias las
rosas?
—No, no
realmente. Solo odio las rosas negras.
—Pero hay
rosas rosas, moradas y blancas también. Mira allá.
Merrien tiró
del brazo de Ariel para hacer que mirara hacia afuera. Solo después de
confirmar que su mirada se había dirigido a la ventana, murmuró con comodidad:
—Aunque
realmente no existen las rosas azules.
—¿Rosas
azules?
—Sí, por lo
que sé, las verdaderas rosas azules no existen en el mundo. Escuché que hay que
teñir las rosas blancas con pigmento azul. Aunque nunca he visto una.
—Ya veo.
Mostrando
finalmente interés, Ariel contempló fijamente las rosas. Realmente debía de
disfrutar estar afuera. Una vez que ella logró que mirara por la ventana, él
comenzó a charlar con Merrien mientras contemplaban el paisaje.
—Rosas
azules. ¿Te gustaría verlas?
—…¿Uh?
Él mencionó
de nuevo las rosas azules, que habían surgido de forma natural en la
conversación. Merrien se quedó momentáneamente aturdida al encontrarse con esos
inquisitivos ojos azules. Parpadeó varias veces y agitó la mano.
—Está bien.
De todos modos, son rosas artificiales. Aunque sería hermoso si existieran
rosas azules reales.
«Como tus
ojos».
Habiendo
apenas cruzado miradas con Ariel. A punto de decir algo innecesario, Merrien
giró el rostro hacia la ventana.
Ariel llenó
su mirada con esta imagen de Merrien.


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