Mientras
tanto, Thea, tomada con la guardia baja por este regalo inesperado, solo atinó
a carraspear.
—Oh, eh,
gracias… señora.
—¿Podrías
atarme algo más en el cabello entonces?
—¡S-sí!
Y, como por
arte de magia, el cepillado se volvió más delicado. Los serenos ojos verdes de
Freesia, profundos como un lago, observaron a la encantada sirvienta.
«La vida
siempre es así».
La gente rara
vez le tendía una mano amistosa a Freesia. Incluso su propia madre la golpeaba
si no le servía la comida, así que ¿qué podía esperar de los demás? Por lo
tanto, Freesia tenía que preparar cosas de valor para ofrecer al resto. Hasta
el fin de sus días.
Thea, mirando
a su alrededor, se aclaró la garganta.
—Esto,
señora, ¿sabe que después de casarse, se supone que la nueva señora de la casa
debe agasajar a los caballeros al día siguiente?
Era una
mezcla de lástima y una actitud de «usted no sabría esto, déjeme ayudarla».
Pero Freesia no se inmutó.
—Por
supuesto. ¿Hay faisanes y carne de cerdo preparados en el castillo?
—Eh, sí.
—Y revisa la
cocina en busca de algunos postres. Una jalea de frutas o peras en escabeche
estarían bien.
—Ohhh. ¡Ah-
sí, señora!
Thea,
aturdida y parpadeando, hizo que Freesia se riera para sus adentros.
«Es obvio
que pensó que yo no lo sabría».
…En la vida
anterior de Freesia, en efecto, no lo había sabido. Y los caballeros de
Arcturus también sabían que Freesia, al haber trabajado como pastora, ignoraría
tales «costumbres de damas». Pero esa ignorancia no disminuía el desdén de
ellos.
—Preparémonos,
señora. Deberíamos calcular el tiempo para que coincida con el regreso de todos
del templo.
El plan
consistía en salvar a Riegel Betelgeuse, el nieto imperial, y atribuirle el
logro a la Casa Arcturus. Pero ¿y si Izar no confiaba en ella, volviendo el
plan inviable?
«Entonces
tendré que persuadir a alguien en quien él sí confíe».
Entre los
caballeros que recibirían su hospitalidad el día de hoy, identificaría quién
sería más propenso a empatizar con ella.
*******
La visita de
Izar al Templo del Dios Adamant, tal como Freesia había predicho, tenía como
fin participar en la tradición de las oraciones previas a la partida. Pero si
esa hubiera sido la única razón, no lo habrían conducido al santuario más
privado del templo.
—Su Gracia,
ha llegado.
—Ah… Cuñada.
Izar saludó
con una mueca de desdén a la mujer que lo esperaba. Era Atria, la media hermana
de la pastora y la hija menor del Duque Antares. Su atuendo para este encuentro
supuestamente secreto en el templo era provocativamente revelador.
Atria se
movió hacia él, haciendo resaltar la fluida caída de su vestido. Levantando
seductoramente sus pestañas doradas, dijo:
—No sea tan
formal. Después de todo, estuvimos a punto de unirnos.
—¿Nuestra
unión? ¿Acaso no es de esperarse tal formalidad?
—Pero
inicialmente, se suponía que seríamos nosotros, Su Gracia.
Izar
respondió con una sonrisa burlona:
—Yo también
lo creía, pero el señor Antares se apegó con demasía a la orden de Su Majestad.
—Es verdad.
Es debido al miedo excesivo de mi padre que las cosas resultaron de esta
manera.
—Si eres
consciente de eso, entonces está bien —respondió Izar con frialdad, de brazos
cruzados, mirándola desde arriba.
El contraste
entre las dos medias hermanas, conectadas solo por la mitad de su sangre, era
abismal.
«Esta es
deslumbrantemente hermosa».
Pero la que
estaba en su castillo… La imagen de sus suplicantes ojos verdes rogando por
compasión le amargó el humor.
«Basta de
pensamientos innecesarios».
Esa mujer
sería descartada muy pronto. No le mostraría el más mínimo atisbo de afecto. Su
prioridad era el honor de su casa, no una pastora de bajo rango convertida en
dama noble.
Además, había
un asunto en la nota secreta de Atria que requería su atención.
—Enviaste una
broma bastante intrigante a través de un mensajero.
—Jeje, no es
ninguna broma.
Atria sacó un
documento de su manga, sonriendo con astucia. El rostro de Izar se tensó al
verlo. Increíble. Ella se atrevía a recurrir a esto.
—Eso es…
—El contrato
de matrimonio que firmó, Su Gracia.
Debería haber
estado resguardado de forma segura en el templo; un contrato matrimonial
sagrado. Pero ante las cuantiosas donaciones de Antares, algunos clérigos
podían flaquear. La madre de Atria había cumplido su promesa de «ayudar».
—Toma este
documento. Si algo le sucede, el matrimonio jurado ante Adamant queda
invalidado. Consérvalo, Atria.
—Madre, ¿de
verdad vas a hacer esto?
—No puedes
estar siempre en el lugar de otra persona, especialmente por las futuras
generaciones.
Como si la
pastora nunca hubiera existido. Aunque ahora la recordaran, con el tiempo sería
borrada por completo.
Izar soltó
una carcajada amarga mientras miraba el documento.
—Ha…
La firma de
la pastora había sido eliminada con maestría. A pesar del poder sagrado imbuido
en tales documentos.
«Incluso
si lo descubren, le echarán la culpa a la pastora».
Un método más
rápido que un divorcio negociado u oportunista. Y alarmantemente inteligente.
Izar escudriñó el papel del juramento y a Atria con sospecha.
—Dama Ducal,
¿por qué llegar a tales extremos?
—Porque
siempre he esperado unirme a usted, Su Gracia.
—…
—Si la
despide, por favor acépteme como su esposa, tal como debía ser.
Atria lo
contempló con ojos llenos de anhelo. Ella era la única e ilustre hija noble del
distinguido Ducado Antares. Siempre obteniendo lo mejor y lo más nuevo de todo
lo que deseaba.
—Por lo
tanto, el matrimonio de ayer quedará efectivamente invalidado, Duque.

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