Ven y llora en mi funeral - Capítulo 15

Capítulo 15

 

Una mujer que se asemeja a una flor silvestre con el tallo roto.

 

Para cualquiera que escuchara, aquella podría parecer una petición increíblemente modesta. Después de todo, mostrar preocupación por alguien enfermo, aunque fuera solo por cortesía, era una tarea sencilla. Pero para Freesia, incluso esos pequeños actos de amabilidad constituían un lujo. Era un lujo tan abrumador como las joyas de la casa ducal: costoso e inalcanzable.

«Pero en esta vida...».

Si lograba prevenir los incidentes que estaban por venir, si evitaba los errores insensatos… ¿No sería posible que su relación con Izar progresara hasta ese punto?

Cuando Freesia terminó de hablar, la habitación quedó sumida en el silencio. Justo en ese momento, la luna se ocultó tras las nubes, dejando el rostro de Izar en las sombras. Solo sus afilados ojos dorados centelleaban en la oscuridad, siendo el único destello de color en la penumbra.

Cautivada, como si contemplara estrellas en llamas, Freesia se preguntó: «¿Qué estará pensando ahora?».

In su vida pasada, él se había marchado enfurecido. Pero esta vez, ¿habría quizás un atisbo de piedad hacia ella?

Sin embargo, lo que siguió fue una risa seca que brotó de la garganta de su esposo.

—Jajaja. De verdad… hay un límite para tomar a alguien por idiota.

—...

La luz de esperanza en los ojos verdes de ella se apagó.

«Como esperaba. No me va a creer de inmediato».

Intentó aparentar que estaba bien, pero la ilusión que había parpadeado brevemente hizo que el corazón le doliera aún más.

No obstante, justo cuando ella bajaba la mirada, una mano grande se extendió de repente.

—¡...!

Freesia se sobresaltó, pensando que tal vez le daría una bofetada. En su vida pasada, Izar jamás la había golpeado. Indiferencia, fastidio y decepción, sí, pero nunca violencia física. «¿Acaso esta vez será diferente?».

Sin embargo, la mano de él se posó en su barbilla. Era la mano propia de un espadachín: ardiente y áspera. Cuando sus dedos rozaron la suave piel debajo de su mentón, Freesia entreabrió los labios involuntariamente.

—Ah…

Los dedos de él se movieron más allá de su barbilla, tocando ligeramente su cuello, lo que provocó un vuelco en el estómago de ella. ¿Por qué venía a su memoria la única noche que habían compartido?

«Él también me había levantado la barbilla de esta manera aquella vez…».

Esa noche de deber conyugal se llevó a cabo en la penumbra, sin una sola palabra de amor. Su «esposo», detestando que lo obligaran a hacer cualquier cosa, aborrecía incluso mirarla a ella, «el símbolo de su opresión». Pero al principio, él sí le había levantado la barbilla, clavando la mirada en sus ojos como si intentara asimilar el castigo que debía soportar.

Al recordar los momentos que siguieron, Freesia se sonrojó con torpeza. Y, de repente, reparó en la ropa de ambos. Los dos se acababan de bañar; su piel aún estaba húmeda y templada. La camisa de lino de Izar, atada al frente, estaba ligeramente abierta, revelando un atisbo de su pecho esculpido. No podía ver con claridad en la oscuridad, pero recordaba vívidamente cuán sólido y abrumador era el cuerpo desnudo de su «esposo».

Tragando saliva, Freesia se aferró a su camisón con más fuerza. «¿O debería estar desatándolo en su lugar?». Su boca se secaba cada vez más debido a la tensión.

Dondequiera que se posaba la mirada dorada de él, escocía como si quemara. ¿Podría ser esta la consumación adecuada de su noche de bodas?

Pero antes de que el temor y la esperanza pudieran crecer más, Izar habló con un tono cínico:

—...Escucha bien, pastorcilla.

—Sí.

—Odio a los hipócritas más que a nada en este mundo.

—...

La emoción que había brotado en su interior se enfrió rápidamente. En esta habitación, en este preciso instante, él la acusaba sutilmente de ser una hipócrita.

—No esperaré nada de ti, ni te trataré como a una verdadera esposa.

—Sí.

—Porque sigues siendo el ser más insignificante en Arcturus.

—...

Pum.

Antes de que Freesia pudiera asimilar sus palabras, Izar se levantó abruptamente y abandonó la cámara nupcial a pasos agigantados. Sacudió la cabeza como si sintiera repulsión y cerró la puerta tras de sí. Escuchando cómo se alejaban sus pasos, Freesia finalmente suspiró:

—Haah. Así que esta vez también…

Parecía que no habría consumación del matrimonio.

Freesia intentó calmar la amargura que surgía en su interior. «Al menos no azotó la puerta esta vez». Durante la boda anterior, aquello había parecido un terremoto. Comparado con eso, el que Izar se marchara de una manera tan contenida y formal era un progreso significativo. Reducir las expectativas permitía valorar y mantener la esperanza en cada pequeño detalle.

—Aún está bien.

Esto era apenas el comienzo.

Freesia sacó el collar de botones que llevaba oculto en su camisón y murmuró para sí misma. Las partes talladas estaban desgastadas de tanto juguetear con él desde que tenía quince años. Una sonrisa irónica apareció en su rostro ante el aspecto tan deslucido de la pieza.

—Realmente se ve deteriorado ahora.

Con razón su «esposo» no lo había reconocido antes. ...De hecho, en su vida pasada, ella lo llevaba puesto con la esperanza de que eso lo ablandara un poco. Pero en el instante en que Izar lo vio, su rostro se contorsionó con desprecio.

—¿Qué haces con esa baratija mugrienta?

—Ah, esto... Es…

—¿Acaso no te importa lo que piensen los demás? Te comportas como una duquesa sin modales ni vergüenza.

Tras ser reprendida por su «esposo», Freesia ocultó el collar de botones en su joyero. Más allá del dolor en el pecho, sus labios se curvaron ligeramente ahora con indignación.

—¿Por qué me salvaste entonces?

¿Había sido simplemente porque no quería ver un cadáver hinchado flotando en el lago? Los habitantes de las tierras alababan a Izar como a un buen señor. Decían que cuidaba de su feudo mejor que otros. Freesia era muy consciente de que el haber sido salvada formaba parte de esa benevolencia. Una gracia en la que el benefactor no piensa nada, pero que cambia por completo la vida de quien la recibe.

«Pero al menos podrías haber evitado que me enamorara de ti a la mañana siguiente».

Murmuró sus quejas silenciosas para sus adentros, cuando de pronto la asaltó un presentimiento inquietante. «Si ve esto ahora, podría decirme que lo tire a la basura». Por un tiempo, tendría que ser cuidadosa de no dejar que Izar lo viera. Pero entonces le vino un pensamiento a la mente.

—¿Qué habrá pasado con él después de que morí?

Con seguridad, alguien debió de haberlo notado al clasificar sus pertenencias.

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