Como si
siguieran una señal, los presentes en el salón de banquetes se abrieron hacia
ambos lados, como en una escena de una fábula. Freesia, observando desde la
mesa principal, tuvo un presentimiento.
«Al fin
estás aquí».
El otro
perpetrador que había arruinado el día de la boda original.
El emperador
Betelgeuse se aproximaba a la mesa de honor acompañado por su séquito. Su
cabello estaba salpicado de canas, y las arrugas alrededor de su boca denotaban
la dignidad de alguien que había ostentado una alta posición durante mucho
tiempo. Sin embargo, este día le dejaría a Freesia la peor de las impresiones
sobre el Emperador.
El Emperador,
con una sonrisa complacida, saludó primero al duque Antares y a Izar.
—Jajaja, qué
día tan verdaderamente bendecido, ¿no es así? Felicitaciones, duque Antares.
—Su Majestad
me honra.
—Lo mismo
para usted, duque Arcturus. Finalmente tiene a una dama en sus dominios. —El
Emperador seguía sonriendo. Pero sus ojos delataban viejos rencores cuando
miraba a Izar—. Supongo que no está demasiado decepcionado de que no sea lady
Atria, ¿duque Arcturus?
—...
—¿No es
natural que un matrimonio se contraiga con la hermana mayor?
—Es un honor
acatar su estimado mandato en este matrimonio, Su Majestad. —Izar respondió con
pulcritud.
El Emperador
frunció ligeramente el ceño, como si se sintiera decepcionado, pero pronto
volvió a sonreír y miró hacia Freesia.
—Así que esta
es la hija que el duque Antares encontró. La nueva novia también merece
felicitaciones.
El corazón de
Freesia dio un vuelco por un instante.
«Es mi
turno de saludarlo».
Recordó este
preciso momento en su vida pasada, al saludar al Emperador. En aquel entonces,
su mente se había quedado en blanco. ¿Cómo no iba a temblar ella, una simple
pastorcilla, frente al padre del imperio? Además, en esa ocasión, la familia
Antares le había dado a propósito una lección de etiqueta sumamente
superficial.
La tensión,
la falta de cultura, el peso del vestido... Freesia, abrumada por todo aquello,
había tropezado de forma vergonzosa frente al Emperador. El Emperador de
entonces estalló en carcajadas.
—Jajaja,
parece que la novia está nerviosa. El novio deberá ayudarla en muchos aspectos.
Los miembros
de la familia Antares también se rieron con él. Eran de la clase de personas
que se cortarían sus propios dedos con tal de conservar el favor del Emperador
para siempre. Naturalmente, poner en ridículo a una hija ilegítima no
significaba nada para ellos. Por lo tanto, la vergüenza de ese día recayó
únicamente en el bando de los Arcturus por tener una novia tan torpe.
«Esta es
otra parte que debo corregir».
Freesia bajó
la mirada y sostuvo con delicadeza el dobladillo de su vestido. Tres años de
ser educada a la fuerza hicieron que su postura fuera fluida y equilibrada.
—Que el sol
del imperio sea bendecido. Es la primera vez que saludo a nuestro glorioso
padre.
—¿Oh...? —El
Emperador enarcó las cejas al ver el elegante saludo de la novia—. Vaya, vaya,
duque Antares. Escuché que hace poco tiempo encontró a su hija.
—S-Su
Majestad.
—¿Parece que
le ha dado a la novia una educación bastante estricta? Ya luce muy noble.
Este no era
el panorama que el Emperador deseaba ver. En cuanto esa implicación se hizo
evidente, la familia Antares se tensó de inmediato.
Freesia pudo
haberlo dejado así, pero decidió alterar ligeramente su plan.
«Sería
agotador si esa gente empieza a armar un alboroto ahora. No tengo tiempo que
perder ni permitir que me interrumpan».
Por lo tanto,
Freesia optó por hablar con un poco más de audacia.
—Su Majestad
me honra. Me preparé con la ayuda de mi padre y las enseñanzas de mi difunta
madre.
Freesia
mencionó sutilmente a su fallecida madre. Esto impidió que el Emperador pudiera
culpar únicamente a los Antares.
«Se decía
que mi madre era una noble caída en desgracia».
...Aunque las
únicas cosas adecuadas que le enseñó fueron la escritura y la etiqueta en la
mesa. Incluso si su madre hubiera conocido una cultura más elevada, su estado
mental era demasiado inestable como para transmitirle más conocimientos.
Freesia
observó discretamente las reacciones a su alrededor. El duque Antares tenía una
expresión amarga, y el rostro del Emperador se relajó un poco más.
—Escuché que
has tenido una vida difícil, pero parece que tu madre te enseñó bien a no
olvidar tus orígenes aristocráticos.
—Solo estoy
agradecida por su magnanimidad al pasar por alto mis imperfecciones, Su
Majestad.
—Jajaja,
realmente una novia ejemplar. Podría empezar a sentir lástima por el novio.
Era
claramente un cumplido con doble intención.
Freesia
suspiró internamente con desprecio. Podía empatizar con el dolor de perder a un
miembro de la familia. Pero el que usaran a una extraña como ella para un juego
de venganza la hacía hervir por dentro.
«Al menos
he cambiado esto».
Originalmente,
el bando de los Arcturus, enfurecido por su caída frente al Emperador, había
discutido con la familia Antares. Fue una disputa inútil, pero al final, los
vasallos de los Arcturus se habían unido bajo este mismo sentimiento:
—¡No podemos
aceptar a esa mujer como nuestra señora!
Freesia miró
de reojo.
«Y lord
Izar».
Su esposo,
pensando que él también había sido burlado, se marchó con frialdad sin consumar
el matrimonio. Con una mirada de desprecio por haber sido engañado…
La mirada de
Izar seguía siendo severa. El desagrado de ser puesto en esta situación
permanecía. Sin embargo, Freesia estaba segura de que el desprecio que alguna
vez llenó esos ojos estaba ausente ahora.
«Parece
haber una oportunidad para conversar».
Vio la
posibilidad de tener discusiones más tranquilas sobre el futuro. Solo eso ya
era reconfortante. Especialmente cuando Izar se inclinó y le susurró al oído:
—Tenemos
mucho de qué hablar más tarde.
—...
—No te quedes
dormida por el cansancio.
Freesia miró
hacia abajo con ojos temblorosos, sin emitir ningún sonido.
—...Sí.
Esto se
trataba de corregir cada puntada errónea, una por una. Hasta que llegara el
final.

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