Ven y llora en mi funeral - Capítulo 13

Capítulo 13

 

Como si siguieran una señal, los presentes en el salón de banquetes se abrieron hacia ambos lados, como en una escena de una fábula. Freesia, observando desde la mesa principal, tuvo un presentimiento.

«Al fin estás aquí».

El otro perpetrador que había arruinado el día de la boda original.

El emperador Betelgeuse se aproximaba a la mesa de honor acompañado por su séquito. Su cabello estaba salpicado de canas, y las arrugas alrededor de su boca denotaban la dignidad de alguien que había ostentado una alta posición durante mucho tiempo. Sin embargo, este día le dejaría a Freesia la peor de las impresiones sobre el Emperador.

El Emperador, con una sonrisa complacida, saludó primero al duque Antares y a Izar.

—Jajaja, qué día tan verdaderamente bendecido, ¿no es así? Felicitaciones, duque Antares.

—Su Majestad me honra.

—Lo mismo para usted, duque Arcturus. Finalmente tiene a una dama en sus dominios. —El Emperador seguía sonriendo. Pero sus ojos delataban viejos rencores cuando miraba a Izar—. Supongo que no está demasiado decepcionado de que no sea lady Atria, ¿duque Arcturus?

—...

—¿No es natural que un matrimonio se contraiga con la hermana mayor?

—Es un honor acatar su estimado mandato en este matrimonio, Su Majestad. —Izar respondió con pulcritud.

El Emperador frunció ligeramente el ceño, como si se sintiera decepcionado, pero pronto volvió a sonreír y miró hacia Freesia.

—Así que esta es la hija que el duque Antares encontró. La nueva novia también merece felicitaciones.

El corazón de Freesia dio un vuelco por un instante.

«Es mi turno de saludarlo».

Recordó este preciso momento en su vida pasada, al saludar al Emperador. En aquel entonces, su mente se había quedado en blanco. ¿Cómo no iba a temblar ella, una simple pastorcilla, frente al padre del imperio? Además, en esa ocasión, la familia Antares le había dado a propósito una lección de etiqueta sumamente superficial.

La tensión, la falta de cultura, el peso del vestido... Freesia, abrumada por todo aquello, había tropezado de forma vergonzosa frente al Emperador. El Emperador de entonces estalló en carcajadas.

—Jajaja, parece que la novia está nerviosa. El novio deberá ayudarla en muchos aspectos.

Los miembros de la familia Antares también se rieron con él. Eran de la clase de personas que se cortarían sus propios dedos con tal de conservar el favor del Emperador para siempre. Naturalmente, poner en ridículo a una hija ilegítima no significaba nada para ellos. Por lo tanto, la vergüenza de ese día recayó únicamente en el bando de los Arcturus por tener una novia tan torpe.

«Esta es otra parte que debo corregir».

Freesia bajó la mirada y sostuvo con delicadeza el dobladillo de su vestido. Tres años de ser educada a la fuerza hicieron que su postura fuera fluida y equilibrada.

—Que el sol del imperio sea bendecido. Es la primera vez que saludo a nuestro glorioso padre.

—¿Oh...? —El Emperador enarcó las cejas al ver el elegante saludo de la novia—. Vaya, vaya, duque Antares. Escuché que hace poco tiempo encontró a su hija.

—S-Su Majestad.

—¿Parece que le ha dado a la novia una educación bastante estricta? Ya luce muy noble.

Este no era el panorama que el Emperador deseaba ver. En cuanto esa implicación se hizo evidente, la familia Antares se tensó de inmediato.

Freesia pudo haberlo dejado así, pero decidió alterar ligeramente su plan.

«Sería agotador si esa gente empieza a armar un alboroto ahora. No tengo tiempo que perder ni permitir que me interrumpan».

Por lo tanto, Freesia optó por hablar con un poco más de audacia.

—Su Majestad me honra. Me preparé con la ayuda de mi padre y las enseñanzas de mi difunta madre.

Freesia mencionó sutilmente a su fallecida madre. Esto impidió que el Emperador pudiera culpar únicamente a los Antares.

«Se decía que mi madre era una noble caída en desgracia».

...Aunque las únicas cosas adecuadas que le enseñó fueron la escritura y la etiqueta en la mesa. Incluso si su madre hubiera conocido una cultura más elevada, su estado mental era demasiado inestable como para transmitirle más conocimientos.

Freesia observó discretamente las reacciones a su alrededor. El duque Antares tenía una expresión amarga, y el rostro del Emperador se relajó un poco más.

—Escuché que has tenido una vida difícil, pero parece que tu madre te enseñó bien a no olvidar tus orígenes aristocráticos.

—Solo estoy agradecida por su magnanimidad al pasar por alto mis imperfecciones, Su Majestad.

—Jajaja, realmente una novia ejemplar. Podría empezar a sentir lástima por el novio.

Era claramente un cumplido con doble intención.

Freesia suspiró internamente con desprecio. Podía empatizar con el dolor de perder a un miembro de la familia. Pero el que usaran a una extraña como ella para un juego de venganza la hacía hervir por dentro.

«Al menos he cambiado esto».

Originalmente, el bando de los Arcturus, enfurecido por su caída frente al Emperador, había discutido con la familia Antares. Fue una disputa inútil, pero al final, los vasallos de los Arcturus se habían unido bajo este mismo sentimiento:

—¡No podemos aceptar a esa mujer como nuestra señora!

Freesia miró de reojo.

«Y lord Izar».

Su esposo, pensando que él también había sido burlado, se marchó con frialdad sin consumar el matrimonio. Con una mirada de desprecio por haber sido engañado…

La mirada de Izar seguía siendo severa. El desagrado de ser puesto en esta situación permanecía. Sin embargo, Freesia estaba segura de que el desprecio que alguna vez llenó esos ojos estaba ausente ahora.

«Parece haber una oportunidad para conversar».

Vio la posibilidad de tener discusiones más tranquilas sobre el futuro. Solo eso ya era reconfortante. Especialmente cuando Izar se inclinó y le susurró al oído:

—Tenemos mucho de qué hablar más tarde.

—...

—No te quedes dormida por el cansancio.

Freesia miró hacia abajo con ojos temblorosos, sin emitir ningún sonido.

—...Sí.

Esto se trataba de corregir cada puntada errónea, una por una. Hasta que llegara el final.

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