A la tarde
siguiente, se dirigió a la mansión de Moritz para acompañarlo a la cena.
Moritz, que aún no había terminado sus deberes, se encontraba en el estudio.
—¿Está bien
este tipo de ropa? —preguntó Lily al entrar.
Posó para
lucir su atuendo; quería escucharlo decir que era el conjunto perfecto para
seducir al Emperador.
—Ah, esa es
la ropa que compré. Como no la habías usado antes, pensé que no era de tu
agrado.
—No es que no
me guste, es que el pecho está un poco abierto…
La respuesta
sonó como una excusa inventada. Lily lo miró a los ojos y su voz se fue
apagando por una extraña culpa. Moritz, por otro lado, la observó con ojos
inexpresivos y luego volvió a concentrarse en su trabajo.
Al ver su
reacción, ella se acercó al escritorio, inclinó un poco el cuerpo y echó un
vistazo a los papeles.
—Debes de
estar muy ocupado.
—Se acerca la
temporada de cosecha. Hay asuntos relacionados con los impuestos…
Moritz
revisaba los documentos cuando de reojo notó el pecho de Lily, que quedaba
expuesto al inclinar ella el torso.
—Ja. Es bueno
que la ropa te quede bien, pero ¿podrías dejar que me concentre en mi trabajo
por ahora, Lily?
Su frente
estaba llena de arrugas mientras hablaba, así que Lily se incorporó rápidamente
y se cubrió el pecho. Sus mejillas ardieron al pensar en cómo se habría visto
desde el ángulo de él.
—Ah, eso… no
fue a propósito…
—¿No ibas a
decir en realidad que lo hiciste a propósito?
Con una
sonrisa pícara, él se burló de Lily. Disgustada por su travesura, ella lo
fulminó con la mirada una vez y salió del estudio.
*******
Mientras
Moritz terminaba sus pendientes, Lily lo esperó en el salón.
Poco después,
él terminó su labor y fue al vestidor. Sacó el traje rojo oscuro que Lily había
preparado para ir a juego y contempló su apariencia. Podría ser difícil
encontrar ropa que no le sentara bien a un rostro tan esculturalmente
atractivo, pero esas prendas le quedaban particularmente bien. Sin embargo, por
muy bien que luciera, no podía usarlo. Sería una locura vestir del mismo tono
que la mujer que iba a seducir al Emperador.
Moritz sacó
otro traje, esta vez de color azul oscuro, y se dirigió al salón.
—Vaya,
Moritz. Estás realmente guapo.
Él extendió
su brazo sin decir palabra ante el elogio de Lily. Sin embargo, al no notar por
qué extendía el brazo, Lily salió disparada del salón primero.
—Haa…
No estaba de
humor para disfrutar la cena. Moritz suspiró ante su brazo ignorado y siguió a
Lily.
La mansión
Kneis estaba cerca del Palacio Imperial. Los dos llegaron al palacio poco
después de subir al carruaje. Moritz no pronunció ni una palabra hasta su
llegada.
Cuando el
carruaje se detuvo, él bajó primero y luego le tendió la mano.
—Ah, gracias.
Sujetando la
mano que él le ofrecía, Lily bajó del carruaje. Entonces, las comisuras de los
labios de Moritz finalmente se elevaron un poco.
Los oficiales
del Palacio Imperial, que habían salido con antelación y estaban esperando, los
condujeron a un pequeño comedor donde el Emperador solía cenar.
En cuanto
Lily abrió la puerta y entró, Matthias se levantó de un salto de su asiento.
Al notar
esto, Moritz frunció el ceño y recorrió a Matthias con la mirada de arriba
abajo. ¿Cuándo demonios se había levantado así para recibir a un invitado? Era
increíble cómo su actitud cambiaba de tal forma solo porque Lily estaba
presente. Matthias siempre se comportaba con arrogancia, incluso ante el Gran
Duque Moritz, quien era el segundo después del Emperador en la jerarquía.
Matthias se
acercó a Lily y le pidió la mano. Lily vaciló antes de extenderla con cuidado;
para alguien del siglo XXI, ese protocolo resultaba bastante embarazoso.
—Lady Lily.
Matthias tomó
su mano con ligereza y depositó un suave beso en el dorso antes de alzar la
vista hacia ella.
Al verlos a
los dos, Moritz se sentó primero con una sonrisa torcida. Con sus largos dedos,
tomó el cuchillo de plata impecable.
—Llegaron
demasiado tarde y la comida se ha enfriado. Aun así, espero que la disfruten.
—Qué
excelente hospitalidad para con los invitados. Por eso mismo estaba deseando
que llegara la cena.
Mientras
Matthias y Moritz se lanzaban comentarios sarcásticos, Lily observaba la gran
variedad de platos sobre la mesa. ¿Cómo podía Matthias comer así todos los días
solo por haber nacido con una cuchara imperial en la boca? La vida era tan
injusta.
Cuando
comenzó la comida, ella puso en práctica sus conocimientos para mostrar
cortesía. Los cubiertos debían usarse desde el exterior hacia adentro, y el
tenedor y el cuchillo debían colocarse en posición paralela ($||$) para indicar
que había terminado de comer.

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