La princesa necesita un escándalo - Capítulo 28

Capítulo 28

 

Braden miró a Adela mientras ella se acercaba a él.

Uff, qué se suponía que debía hacer con esta mujer. El brillo de sus ojos había cambiado mientras nadaba. Justo como en aquel momento en que mudó de actitud instantáneamente ante su petición de que intentara seducirlo. ¿Hacía esto a sabiendas o de manera inconsciente?

Cada vez que Adela subía los escalones, su cuerpo esbelto y tentador quedaba al descubierto. Era tan hermosa que resultaba casi deslumbrante. Su piel, centelleando bajo la tenue iluminación, irradiaba un encanto decadente. Verdaderamente, era una mujer que oscilaba entre extremos. Irradiaba a la vez una pureza sagrada y una sensualidad que parecía imposible de mezclar, y eso excitaba a Braden de manera intensa.

Braden se puso de pie, sosteniendo una toalla.

—Eres excepcionalmente talentosa para provocar a los hombres. ¿Esto también es parte de tus lecciones de artes del dormitorio? —Braden le quitó con delicadeza la humedad del rostro, el cuello y los hombros con la toalla.

—No recuerdo nada parecido a esto.

—Ah, ¿sí? Entonces debes de tener un don natural para hechizar a los hombres. ¿Cómo lo has ocultado hasta ahora?

La toalla pasó sobre su pecho voluptuoso, su cintura delgada y sus caderas. A pesar de sus palabras burlonas, su tacto era reverente. Era como un sacerdote realizando un ritual para purificar un objeto sagrado.

—Tú eres el único que está obsesionado. No es problema mío.

Adela se sentó de rodillas ante él, mirándolo con altivez mientras él le secaba los muslos. Su postura era la de un sirviente completamente obediente, pero la atmósfera que desprendía era todo lo contrario. Se sentía como si cordones invisibles estuvieran atando firmemente a Adela.

—No me culpes. Eres tú la que me está provocando.

Braden la acomodó en la tumbona redonda y le secó meticulosamente las pantorrillas, los tobillos, el empeine de los pies e incluso los dedos.

—¿Eso es todo? Me vuelves humilde de esta manera. Podría terminar adorándote pronto. —Braden la sujetó por el tobillo. Se moría de ganas de besar esos pies pequeños y blancos. ¿Cómo podían ser tan lindos incluso sus pies?

—Adoras de una forma muy lasciva.

—He oído que existen sectas prohibidas que utilizan el sexo como un ritual. —Braden besó los dedos de sus pies, el arco del pie y el tobillo, sin apartar los ojos de los de ella.

—¿Qué estás haciendo?

—Estoy alabando a mi diosa.

—¿Con unos ojos que parece que están a punto de devorarme?

—Ese es mi ritual de adoración.

Muac, muac, muac.

Braden besó sus pantorrillas, rodillas y muslos. Las rodillas de ella se contraían de vez en cuando y los dedos de sus pies se agitaban. Braden lamió la parte interna de su muslo con la lengua y luego succionó con fuerza la carne tersa.

Todo el cuerpo de ella parecía ser un afrodisíaco. Su piel era más fragante y adictivamente suave que cualquier vino. Braden, embriagado por su piel, la mordisqueó suavemente y luego la lamió durante un largo rato. Marcas rojas aparecieron rápidamente en su piel pálida. Esta piel delicada, que tan fácilmente se marcaba, volvía loco a cualquiera.

—¡Ah!

—¿Ves? Mi lasciva diosa lo está disfrutando mucho.

—¿Sabes qué? Tu boca vulgar arruina por completo el ambiente... Uuuh...

Ella clavó la mirada en Braden, pero pronto dejó escapar un gemido.

—No te límites a gemir, habla.

Ja, ja.

Braden separó sus muslos blancos. Las marcas del estigma que él había dejado la última vez eran visibles aquí y allá. Se sentía como una marca que proclamaba que ella era suya, calentando aún más su cuerpo.

Maldición, realmente estaba excitado. El solo hecho de besar sus piernas lo volvía loco. Su miembro completamente erecto se presionaba contra su bajo vientre con frustración.

—Está tan mojada.

Entre sus muslos blancos y abiertos, su zona íntima y rosada parecía una flor en pleno apogeo. Un néctar claro y pegajoso fluía de su centro. El aroma del fragante néctar de flores flotaba en el aire. Era profundamente sensual y dulce, lo suficiente como para adormecer los sentidos.

Uff, esto es suficiente para volver loco a cualquiera.

Sus sentidos se desbocaron. Sus ojos verdes, oscurecidos por el intenso deseo, brillaban con fuerza. Conteniendo el aliento, se lamió los labios lentamente. Su expresión era la de un depredador alfa saboreando a su presa.

—Gotea tanto que tendré que lamerlo todo.

Braden la sujetó de una pierna, la abrió y enterró la cabeza entre sus muslos. Lamió su entrada de abajo hacia arriba, empapando su lengua en sus jugos aromáticos.

Uuuh, ¿aquí? ¿Vas a hacerlo aquí? —Ella agitó las piernas.

—Es agradable, ¿no? Mirar la luna y las estrellas mientras te lamen. Recuéstate y disfruta.

Braden empujó su torso hacia abajo para recostarla. Luego, sepultando sus labios entre sus piernas abiertas, comenzó a explorarla verdaderamente. Sostuvo sus caderas con firmeza y lamió su entrada.

Lametón, lametón.

Uut, ah...

Separó sus labios como pétalos, lamiéndolos con la lengua y repasándolos suavemente hacia arriba varias veces.

—¡Espera, ah! ¡Uut, ah...!

El persistente lamido de su lengua era tan estimulante que el cuerpo de ella temblaba y se retorcía.

—¿Cómo puedo parar cuando estás fluyendo de esta manera?

El dulce néctar se desbordaba con una fragancia tentadora. Braden tomó su entrada y los pétalos circundantes en su boca a la vez, succionándolos. Mientras sorbía, el néctar acumulado en el interior fluyó hacia su boca.

«Ah, maldición. Es realmente dulce».

El dulzor llenó su boca. El aroma daba vueltas en su cabeza, haciendo tambalear su cordura.

Chup, chup, chup.

Su saliva y el néctar de ella se mezclaron de forma caótica, volviéndose húmedo y pegajoso. Braden succionó con avidez la sensible entrada. La carne húmeda de ella se aferraba a su boca, tan pegajosa que lo hacía estremecerse.

—¡Ah, ja, ja...!

Ella sacudía las piernas y soltaba agudos gemidos. El sonido de la saliva y el néctar mezclándose, junto con sus jadeos y gritos acalorados, era profundamente sensual.

Braden empujó su lengua empapada en la hendidura, en esa brecha estrecha. Su lengua, hundiéndose en el espacio caliente y estrecho, presionaba contra los pliegues y exploraba cada parte de sus paredes internas.

Mmm, ah, ah... —soltaba ella con gemidos nasales.

Al verla arquear la espalda y mover las caderas con sensualidad, era evidente que disfrutaba de ser lamida tanto como él disfrutaba lamiéndola. Cada vez que ella sacudía las caderas, la lengua de él se hundía más en su entrada. Su néctar se desbordaba, corriendo hacia sus glúteos.

Braden hundió el rostro más profundamente en ella, moviendo la cabeza. Aplastó su entrada temblorosa con la lengua, frotándola vigorosamente.

—Braden, uuht...

—De sus labios rojos se escapaban sonidos entrecortados por la falta de aliento.

Chasquido, muac.

Por más que succionaba con avidez su néctar desbordante, su sed solo aumentaba. Separaba obsesivamente sus labios y la lamía. La punta de su lengua tocó su clítoris.

Ja, Adela. Tu pequeña perla está hermosamente hinchada.

Su clítoris, semejante a una joya roja, estaba duro y erguido por la excitación. Braden presionó sus labios, manchados de néctar, suavemente contra su clítoris y lo frotó.

—Ah, detente, detente.

Cuando estimuló su clítoris, Adela retorció el cuerpo, sobresaltada. Braden dio un toque al abultado botón con la lengua y luego lo succionó. Atraído hacia el interior de su boca, era perfecto para rodarlo con la lengua. Colocó el abultado botón en la punta de la lengua, le dio vueltas, lo frotó, le dio toques rápidos y lo presionó de lado a lado.

El solo hecho de succionarla hacía que su bajo vientre se tensara. Estaba excesivamente excitado. Abundante líquido preseminal goteaba de su miembro ardiente. Maldición, solo con succionarla sentía que podía llegar al clímax. Braden sujetó su miembro palpitante con una mano, apretándolo y acariciándolo con fuerza.

—No, uuh, ja, ja... —Gritos agudos y tiernos sollozos brotaron de sus labios al mismo tiempo. Su entrada se contraía en espasmos.

«Ah, en serio».

Las lágrimas de ella excitaron a Braden aún más.

Toque, toque.

Aceleró el ritmo, estimulando su botón.

—¡Uut, ah, ah!

El cuerpo de ella se tensó con fuerza. Se estremeció y, de repente, las rodillas que mantenía elevadas cayeron como si se hubiera cortado una cuerda. Completamente exhausta, abrió las piernas con lascivia.

—¡Ah! Braden... —Gimoteó y se aferró a él—. Mmm, ja, ja...

Como si quisiera más, empujó la cabeza de él hacia su intimidad, frotando sus caderas contra sus labios, buscando el placer de forma persistente y descarada.

Braden también estaba fuera de sí. Mientras la succionaba, acariciaba su miembro con rapidez.

Ja, mmm, mmm...

Las piernas de ella temblaban, su espalda se arqueaba como un arco. Su entrada se estremeció y luego se cerró con fuerza alrededor de la lengua de él. En ese momento, una oleada de puro placer atravesó a Braden.

Con el aroma de las flores nocturnas, el semen blanquecino brotó con fuerza.

—¡Uugh!

Un placer agudo que hizo que hasta se le erizaran los vellos estalló en la garganta de Braden. De locos. Llegar al clímax solo por lamerla.

Ja, Braden, se siente caliente y con hormigueo ahí abajo. Se siente extraño —gimoteó ella, quejándose con ternura.

—¿Por qué me haces esto, Adela? —Braden apretó los dientes y levantó el cuerpo, colocándose sobre la silueta de ella que permanecía tendida—. ¿Por qué eres tan linda? Me estás volviendo loco.

Sus mejillas sonrojadas y sus ojos húmedos eran suficientes para volver loco a cualquiera. Con inmensa ternura, Braden acunó sus mejillas con las manos. Lamió las lágrimas de sus ojos con la lengua y luego la besó. Aunque acababa de llegar al clímax, su miembro, por alguna razón, seguía firme y duro.

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