Braden miró a
Adela mientras ella se acercaba a él.
Uff,
qué se suponía que debía hacer con esta mujer. El brillo de sus ojos había
cambiado mientras nadaba. Justo como en aquel momento en que mudó de actitud
instantáneamente ante su petición de que intentara seducirlo. ¿Hacía esto a
sabiendas o de manera inconsciente?
Cada vez que
Adela subía los escalones, su cuerpo esbelto y tentador quedaba al descubierto.
Era tan hermosa que resultaba casi deslumbrante. Su piel, centelleando bajo la
tenue iluminación, irradiaba un encanto decadente. Verdaderamente, era una
mujer que oscilaba entre extremos. Irradiaba a la vez una pureza sagrada y una
sensualidad que parecía imposible de mezclar, y eso excitaba a Braden de manera
intensa.
Braden se
puso de pie, sosteniendo una toalla.
—Eres
excepcionalmente talentosa para provocar a los hombres. ¿Esto también es parte
de tus lecciones de artes del dormitorio? —Braden le quitó con delicadeza la
humedad del rostro, el cuello y los hombros con la toalla.
—No recuerdo
nada parecido a esto.
—Ah, ¿sí?
Entonces debes de tener un don natural para hechizar a los hombres. ¿Cómo lo
has ocultado hasta ahora?
La toalla
pasó sobre su pecho voluptuoso, su cintura delgada y sus caderas. A pesar de
sus palabras burlonas, su tacto era reverente. Era como un sacerdote realizando
un ritual para purificar un objeto sagrado.
—Tú eres el
único que está obsesionado. No es problema mío.
Adela se
sentó de rodillas ante él, mirándolo con altivez mientras él le secaba los
muslos. Su postura era la de un sirviente completamente obediente, pero la
atmósfera que desprendía era todo lo contrario. Se sentía como si cordones
invisibles estuvieran atando firmemente a Adela.
—No me
culpes. Eres tú la que me está provocando.
Braden la
acomodó en la tumbona redonda y le secó meticulosamente las pantorrillas, los
tobillos, el empeine de los pies e incluso los dedos.
—¿Eso es
todo? Me vuelves humilde de esta manera. Podría terminar adorándote pronto.
—Braden la sujetó por el tobillo. Se moría de ganas de besar esos pies pequeños
y blancos. ¿Cómo podían ser tan lindos incluso sus pies?
—Adoras de
una forma muy lasciva.
—He oído que
existen sectas prohibidas que utilizan el sexo como un ritual. —Braden besó los
dedos de sus pies, el arco del pie y el tobillo, sin apartar los ojos de los de
ella.
—¿Qué estás
haciendo?
—Estoy
alabando a mi diosa.
—¿Con unos
ojos que parece que están a punto de devorarme?
—Ese es mi
ritual de adoración.
Muac,
muac, muac.
Braden besó
sus pantorrillas, rodillas y muslos. Las rodillas de ella se contraían de vez
en cuando y los dedos de sus pies se agitaban. Braden lamió la parte interna de
su muslo con la lengua y luego succionó con fuerza la carne tersa.
Todo el
cuerpo de ella parecía ser un afrodisíaco. Su piel era más fragante y
adictivamente suave que cualquier vino. Braden, embriagado por su piel, la
mordisqueó suavemente y luego la lamió durante un largo rato. Marcas rojas
aparecieron rápidamente en su piel pálida. Esta piel delicada, que tan
fácilmente se marcaba, volvía loco a cualquiera.
—¡Ah!
—¿Ves? Mi
lasciva diosa lo está disfrutando mucho.
—¿Sabes qué?
Tu boca vulgar arruina por completo el ambiente... Uuuh...
Ella clavó la
mirada en Braden, pero pronto dejó escapar un gemido.
—No te límites
a gemir, habla.
—Ja, ja.
Braden separó
sus muslos blancos. Las marcas del estigma que él había dejado la última vez
eran visibles aquí y allá. Se sentía como una marca que proclamaba que ella era
suya, calentando aún más su cuerpo.
Maldición,
realmente estaba excitado. El solo hecho de besar sus piernas lo volvía loco.
Su miembro completamente erecto se presionaba contra su bajo vientre con
frustración.
—Está tan
mojada.
Entre sus
muslos blancos y abiertos, su zona íntima y rosada parecía una flor en pleno
apogeo. Un néctar claro y pegajoso fluía de su centro. El aroma del fragante
néctar de flores flotaba en el aire. Era profundamente sensual y dulce, lo
suficiente como para adormecer los sentidos.
—Uff,
esto es suficiente para volver loco a cualquiera.
Sus sentidos
se desbocaron. Sus ojos verdes, oscurecidos por el intenso deseo, brillaban con
fuerza. Conteniendo el aliento, se lamió los labios lentamente. Su expresión
era la de un depredador alfa saboreando a su presa.
—Gotea tanto
que tendré que lamerlo todo.
Braden la
sujetó de una pierna, la abrió y enterró la cabeza entre sus muslos. Lamió su
entrada de abajo hacia arriba, empapando su lengua en sus jugos aromáticos.
—Uuuh,
¿aquí? ¿Vas a hacerlo aquí? —Ella agitó las piernas.
—Es
agradable, ¿no? Mirar la luna y las estrellas mientras te lamen. Recuéstate y
disfruta.
Braden empujó
su torso hacia abajo para recostarla. Luego, sepultando sus labios entre sus
piernas abiertas, comenzó a explorarla verdaderamente. Sostuvo sus caderas con
firmeza y lamió su entrada.
Lametón,
lametón.
—Uut, ah...
Separó sus
labios como pétalos, lamiéndolos con la lengua y repasándolos suavemente hacia
arriba varias veces.
—¡Espera, ah!
¡Uut, ah...!
El
persistente lamido de su lengua era tan estimulante que el cuerpo de ella
temblaba y se retorcía.
—¿Cómo puedo
parar cuando estás fluyendo de esta manera?
El dulce
néctar se desbordaba con una fragancia tentadora. Braden tomó su entrada y los
pétalos circundantes en su boca a la vez, succionándolos. Mientras sorbía, el
néctar acumulado en el interior fluyó hacia su boca.
«Ah,
maldición. Es realmente dulce».
El dulzor
llenó su boca. El aroma daba vueltas en su cabeza, haciendo tambalear su
cordura.
Chup,
chup, chup.
Su saliva y
el néctar de ella se mezclaron de forma caótica, volviéndose húmedo y pegajoso.
Braden succionó con avidez la sensible entrada. La carne húmeda de ella se
aferraba a su boca, tan pegajosa que lo hacía estremecerse.
—¡Ah, ja,
ja...!
Ella sacudía
las piernas y soltaba agudos gemidos. El sonido de la saliva y el néctar
mezclándose, junto con sus jadeos y gritos acalorados, era profundamente
sensual.
Braden empujó
su lengua empapada en la hendidura, en esa brecha estrecha. Su lengua,
hundiéndose en el espacio caliente y estrecho, presionaba contra los pliegues y
exploraba cada parte de sus paredes internas.
—Mmm, ah,
ah... —soltaba ella con gemidos nasales.
Al verla
arquear la espalda y mover las caderas con sensualidad, era evidente que
disfrutaba de ser lamida tanto como él disfrutaba lamiéndola. Cada vez que ella
sacudía las caderas, la lengua de él se hundía más en su entrada. Su néctar se
desbordaba, corriendo hacia sus glúteos.
Braden hundió
el rostro más profundamente en ella, moviendo la cabeza. Aplastó su entrada
temblorosa con la lengua, frotándola vigorosamente.
—Braden, uuht...
—De sus
labios rojos se escapaban sonidos entrecortados por la falta de aliento.
Chasquido,
muac.
Por más que
succionaba con avidez su néctar desbordante, su sed solo aumentaba. Separaba
obsesivamente sus labios y la lamía. La punta de su lengua tocó su clítoris.
—Ja,
Adela. Tu pequeña perla está hermosamente hinchada.
Su clítoris,
semejante a una joya roja, estaba duro y erguido por la excitación. Braden
presionó sus labios, manchados de néctar, suavemente contra su clítoris y lo
frotó.
—Ah, detente,
detente.
Cuando
estimuló su clítoris, Adela retorció el cuerpo, sobresaltada. Braden dio un
toque al abultado botón con la lengua y luego lo succionó. Atraído hacia el
interior de su boca, era perfecto para rodarlo con la lengua. Colocó el
abultado botón en la punta de la lengua, le dio vueltas, lo frotó, le dio
toques rápidos y lo presionó de lado a lado.
El solo hecho
de succionarla hacía que su bajo vientre se tensara. Estaba excesivamente
excitado. Abundante líquido preseminal goteaba de su miembro ardiente.
Maldición, solo con succionarla sentía que podía llegar al clímax. Braden
sujetó su miembro palpitante con una mano, apretándolo y acariciándolo con
fuerza.
—No, uuh,
ja, ja... —Gritos agudos y tiernos sollozos brotaron de sus
labios al mismo tiempo. Su entrada se contraía en espasmos.
«Ah, en
serio».
Las lágrimas
de ella excitaron a Braden aún más.
Toque,
toque.
Aceleró el
ritmo, estimulando su botón.
—¡Uut,
ah, ah!
El cuerpo de
ella se tensó con fuerza. Se estremeció y, de repente, las rodillas que
mantenía elevadas cayeron como si se hubiera cortado una cuerda. Completamente
exhausta, abrió las piernas con lascivia.
—¡Ah!
Braden... —Gimoteó y se aferró a él—. Mmm, ja, ja...
Como si
quisiera más, empujó la cabeza de él hacia su intimidad, frotando sus caderas
contra sus labios, buscando el placer de forma persistente y descarada.
Braden
también estaba fuera de sí. Mientras la succionaba, acariciaba su miembro con
rapidez.
—Ja, mmm,
mmm...
Las piernas
de ella temblaban, su espalda se arqueaba como un arco. Su entrada se
estremeció y luego se cerró con fuerza alrededor de la lengua de él. En ese
momento, una oleada de puro placer atravesó a Braden.
Con el aroma
de las flores nocturnas, el semen blanquecino brotó con fuerza.
—¡Uugh!
Un placer
agudo que hizo que hasta se le erizaran los vellos estalló en la garganta de
Braden. De locos. Llegar al clímax solo por lamerla.
—Ja,
Braden, se siente caliente y con hormigueo ahí abajo. Se siente extraño
—gimoteó ella, quejándose con ternura.
—¿Por qué me
haces esto, Adela? —Braden apretó los dientes y levantó el cuerpo, colocándose
sobre la silueta de ella que permanecía tendida—. ¿Por qué eres tan linda? Me
estás volviendo loco.
Sus mejillas
sonrojadas y sus ojos húmedos eran suficientes para volver loco a cualquiera.
Con inmensa ternura, Braden acunó sus mejillas con las manos. Lamió las
lágrimas de sus ojos con la lengua y luego la besó. Aunque acababa de llegar al
clímax, su miembro, por alguna razón, seguía firme y duro.

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