Cuando la luna cae hacia el oeste - Capítulo 16

Capítulo 16

 

07. Visita

Olivia se quedó mirando a la mujer que entraba, recibida por todos con honores.

Era una mujer hermosa de cabello rubio oscuro. Ahora que lo pensaba, era la misma mujer del vestido verde que sonreía a su lado en el último banquete del Palacio Imperial. ¿Cómo no se había dado cuenta? Olivia se recriminó su propia estupidez.

—Muchas gracias por una hospitalidad tan profunda, Excelencia.

Olivia observó a León, quien pasó de largo a su lado para acercarse a la mujer. Mientras León besaba su mano, ella sonrió ante ese gesto tan cortés.

Qué mujer tan hermosa. Y su atuendo era más sofisticado que el de cualquier otra persona: un vestido color limón y pendientes de perlas doradas. Su brillante cabello rubio era como la luz del sol; resultaba deslumbrante.

La mujer echó un vistazo a su alrededor, encontró a Olivia y le sonrió.

—¡Cielos! Es un placer conocerte.

—El placer es mío.

Ante el saludo de Olivia, ella sonrió aún más.

—Eres Olivia Claudel, ¿verdad?

—Sí.

—Yo soy Henrietta Grande. Mi padre es Dolace Grande, el Duque.

Olivia no se sorprendió demasiado al escuchar su título de "Princesa", pero se sintió intimidada por la majestuosidad de Henrietta.

—Dejemos los saludos y entremos.

León le tendió la mano y Henrietta colocó la suya sobre ella. A diferencia de Olivia, que siempre dudaba, ella se movía con naturalidad.

Las criadas siguieron a Henrietta al unísono. Siempre habían fingido cuando estaban con Olivia, pero parecía que pensaban que debían causar una buena impresión a la futura Duquesa, Henrietta. Aunque era de esperar, el sabor de boca fue amargo.

Era temprano para la cena, así que tomaron el té con un refrigerio ligero. Olivia intentó usar algunas excusas para retirarse, pero Henrietta dijo que le resultaba difícil estar en un lugar sin otra mujer más que ella, y le pidió a Olivia que la acompañara un poco más. Además, León también la estaba observando, así que no pudo decir que quería irse para no mostrarle su mezquindad.

Henrietta, vista mientras bebía el té, era bastante alegre. Con gran habilidad, entablaba conversación sin frustrarse ante un León que no respondía activamente a su charla. Al verla, Olivia pensó que la sonrisa de Henrietta era igual al oro.

—Me hizo muy feliz saber que el Duque de Deorc era mi prometido. No sé cómo mi padre pudo ocultarlo todo este tiempo.

El tema de hoy era su compromiso...

Olivia tomó en silencio una magdalena de vainilla y la masticó durante un buen rato.

—Yo tampoco lo sabía.

—Más tarde, cuando el Duque regresó y me dijeron que mi prometido era él, no te imaginas lo feliz que me puse... Comprendí de inmediato por qué mi padre no había dicho nada sobre mi acuerdo matrimonial.

Mientras Henrietta sonreía como una flor al decir eso, León bebía su té sin decir una palabra. Luego, tras pedirle a la criada que trajera más magdalenas, miró a Henrietta y dijo:

—Fue porque mi padre y el Duque Grande tenían una relación muy especial.

—Es cierto. Aunque cada vez que te veía de niña, nunca me atreví a imaginarlo.

—Lo mismo me pasó a mí.

Parecía que los dos ya se conocían desde pequeños. Olivia bebió su té en silencio.

—Oh, Kevin. ¿Cómo está el hermano Kevin?

—Actualmente se encuentra en una inspección.

—Su Majestad parece considerarlo alguien muy confiable.

—Tras su ascenso al trono, Su Majestad se esfuerza por mantener a la gente talentosa cerca de él.

—Vaya, escuché a mi padre decir que es difícil comprender las intenciones de Su Majestad el Emperador. Si un Emperador así aprecia al hermano Kevin, ¿sabes qué estándares aplica?

—No hay estándares específicos. Al haber gestionado bien este Ducado durante mi ausencia, Su Majestad debió de valorarlo.

—Ajá.

—Obviamente, habrá sido porque confío en él.

Olivia cerró los ojos con dolor ante esas palabras. Lo sabía, pero al escucharlo de boca de León, se sintió aún más amargada. León confiaba en Kevin como en su hermano mayor. Como hermanos.

—Es bueno que los hermanos confíen el uno en el otro.

En ese momento, los ojos azules de Henrietta brillaron de forma significativa. Cuando Olivia la miró en respuesta a esa reacción tan extraña, Henrietta ocultó sus verdaderas intenciones con una sonrisa burlona. ¿Acaso Olivia estaba siendo demasiado sensible? Volvió a masticar la magdalena.

—Oh. Señorita Claudel.

Entonces, la mirada de Henrietta se dirigió a ella.

—¿Tiene la señorita Claudel algún prometido designado?

—No, no lo tengo.

—Oye, no lo guardes en secreto, cuéntame. ¿Con quién decidiste casarte? ¿Con Kevin?

—….

Henrietta inclinó la cabeza y preguntó mientras Olivia mantenía el silencio apretando el dobladillo de su falda.

—Entonces, ¿vas a quedarte aquí sin casarte? ¿La señorita Claudel tiene veintiún años, por lo que sé? Creo que ya has pasado tu edad de contraer matrimonio...

Olivia se dio cuenta de lo que Henrietta intentaba decir. "¿Vas a vivir aquí sin salir hasta que seas vieja?", era lo que realmente preguntaba. Sin embargo, no tenía nada que decir, así que solo pudo apretar su falda con más fuerza.

—He estado pensando en el matrimonio de la señorita Claudel.

Al oír esa voz, Olivia abrió mucho los ojos y miró a León. ¿Él había pensado en su matrimonio?

León la miró y sonrió. Ella sabía perfectamente que esa sonrisa era falsa.

—Cielos, ¿con qué familia se supone que va a casar? Siendo una belleza como la señorita Claudel y con esa personalidad tan tranquila, debe de tratarse de una buena familia, ¿verdad?

—Será dentro de la familia.

—Vaya, entonces yo también seré miembro de esa familia dentro de poco.

A pesar de la insistencia de Henrietta, León solo sonrió. Tenía una expresión indescifrable en el rostro. Pero, en esta situación, nadie estaba más frustrada que Olivia.

¿Había decidido él casarla con alguien? ¿Él... de verdad lo hizo?

Era natural que el jefe de la casa decidiera el matrimonio de un miembro de la familia. Sin embargo, ¿no podía al menos haberlo discutido una vez con ella? Entonces, ¿por qué le había preguntado en primer lugar si tenía a alguien con quien casarse?

Además, León y ella habían unido sus cuerpos. ¿Cómo podía ser tan arrogante de decidir con quién pasaría ella el resto de su vida compartiendo su lecho?

... ¿Acaso era ella alguien que no significaba nada para él?

*******

Henrietta dijo que no regresaría al Ducado de Grande y que le gustaría quedarse en la mansión por unos días. Olivia quería que León se negara, pero él aceptó con gusto.

Quedarse en la casa del prometido incluso antes del matrimonio corría el riesgo de convertirse en chisme, pero también era la prueba de que la boda estaba muy cerca. Al darse cuenta de esto, Olivia dijo que se saltaría la cena con la excusa de que no se sentía bien y se encerró en su habitación.

Al entrar, reprimió sus ganas de llorar. Sabía que, si lo hacía, las criadas no tardarían en contárselo a Henrietta. Olivia contuvo el aliento durante un rato intentando controlar sus emociones, pero fracasó. Su amante la estaba entregando en matrimonio, y ese mismo amante había elegido a otro hombre para ella.

¿Podía sentirse más miserable...?

En ese momento, llamaron a la puerta.

Cuando le dijo a la persona que pasara, sin fuerzas, la puerta se abrió y entró León. ¿Por qué entraba este hombre en su habitación? ¿No debería estar cenando con Henrietta? Mientras ella lo miraba con una mezcla de resentimiento y desconcierto, él suspiró.

—¿Estás bien?

No había forma de que no estuviera bien físicamente, ya que su enfermedad era fingida. Lo único que no estaba bien era su mente. Olivia evitó la mirada de León, ignorándolo. Él acercó una silla y se sentó a su lado.

—Bueno, si no es que te duele el cuerpo, es que te sientes disgustada. Es comprensible.

Olivia sintió como si le hubieran dado una estocada y levantó la cabeza sorprendida. León la estudiaba con una expresión sutil. Ante esa mirada de observador, la ira de ella empezó a arder lentamente.

¿Estaba disgustada? ¿Él lo sabía? ¿Y aun sabiéndolo lo hizo? Por primera vez en su vida, ella apretó los puños y habló.

—¿Ha decidido ya mi matrimonio?

—….

—Por supuesto, Su Excelencia se ha hecho cargo de mí, así que sé que tiene el derecho de hacerlo. Sé que es rudo y desvergonzado de mi parte, pero habría sido mejor si me hubiera hablado de esto primero.

A medida que hablaba, su enfado crecía. La melancolía sin esperanza se transformó en rabia. Tomó aire y continuó:

—Aun así. Decirlo así, de repente... Tener que enterarme de mi propio matrimonio en ese momento. Estoy segura de que a usted no le importaría, pero...

—No he pensado en absoluto en tu matrimonio.

—Ese es mi futuro... ¿Perdone? ¿No tiene nada planeado?

Cuando Olivia abrió mucho los ojos y preguntó, León sonrió de lado y respondió:

—Mentí por temor a que te metieras en problemas. De esa manera, no habrá preguntas molestas. Si alguien te hace una pregunta similar en el futuro, responde así.

—Ah...

Ella frunció los labios. En un instante, perdió el motivo para estar enfadada. Sin embargo, la ira que ya estaba ardiendo no se disipó de inmediato.

—¡Entonces, debería habérmelo dicho de antemano! ¡Como una idiota, yo...!

"¡Basta! ¡Deja de enojarte!". Su razón intentaba detenerla, pero hacía mucho tiempo que no escuchaba una voz tan airada saliendo de su propia boca.

—La Princesa Grande hizo una visita repentina hoy, no esperaba que hiciera tal pregunta y, antes de que pudiera compartir mis pensamientos y tener una conversación al respecto, nosotros... estuvimos un poco ocupados.

—¡….!

Olivia se sonrojó al recordar el encuentro amoroso de ayer. Su ira, que había llegado al límite, se transformó en vergüenza y desapareció por completo.

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