Capítulo 19

 

Al escuchar eso, Olivia abrió mucho los ojos y dijo:

—... ¿Se refiere a que solo me queda mi cuerpo?

Ante sus palabras, la Marquesa Philistines estalló en carcajadas.

—Yo no dije eso, sin importar que provenga de un burdel.

No era por el origen de la Marquesa Philistines, sino porque Olivia se sintió aludida. Debido a ello, las mejillas de Olivia se enrojecieron por la vergüenza.

—Es solo algo en lo que siempre he estado pensando. No es por el origen de la Marquesa.

—¿Está sugiriendo que el Duque es bueno con usted solo por el cuerpo de la señorita Claudel?

Aquellas palabras la sobresaltaron. Como sus excusas sonaban precisamente a eso, Olivia se recriminó haber hablado sin pensar, tartamudeando mientras intentaba justificarse.

—No, no es eso lo que quise decir. Su Excelencia el Duque no es esa clase de persona... Yo pensaba que mi cuerpo era lo único que tenía. Su Excelencia es una persona recta y me cuida bien como a un miembro de la familia, pero es tan bueno conmigo que siento que es demasiado.

—¿Su Excelencia el Duque Deorc, recto?

La Marquesa Philistines soltó una carcajada. Cuando Olivia la miró con curiosidad, preguntándose el porqué, la Marquesa dijo con una extraña sonrisa en el rostro:

—¿Sabe cómo cazan las fieras?

—¿Perdone?

—Tome al león como ejemplo. Se dice que cuando un león caza, observa a su presa conteniendo el aliento durante días.

—….

—Y, cuando los herbívoros bajan la guardia, les muerden la garganta de un solo golpe.

La Marquesa Philistines imitó con su mano la forma de una boca mordiendo.

—El Duque que yo conozco no es un hombre recto, sino un león así. Espera a que alguien baje la guardia, luego le agarra el cuello y lo arranca. Valora la disciplina y la moralidad, pero una vez que tiene un objetivo, simplemente lo ignora y se lanza sobre su presa.

—¿Cómo sabe eso?

Ante la pregunta de Olivia, la Marquesa rió.

—Estuve en el campo de batalla durante cinco años. Aunque odiaba verlo, lo presencié mucho. Los detalles más profundos quedarán como nuestro secreto. Para la señorita Claudel, él debe seguir siendo el Duque recto.

—….

—¿Sabe algo? Quizás, esa persona está empezando la caza ahora mismo.

Sus palabras dejaron una extraña y duradera impresión. La Marquesa Philistines seguía siendo una gran narradora. El tiempo voló mientras hablaba con ella, y Olivia pudo sonreír con tranquilidad. Su franqueza era el mayor encanto de la Marquesa.

—¡Cielos! ¡¿Esa mujer dijo eso?!

Sin darse cuenta, Olivia le relató las palabras que Henrietta le había dicho. Sabía que no debía hablar, pero deseaba confiarle lo que tenía acumulado. No tenía amigos, y la presencia de la Marquesa la hacía sentir libre.

—¡Cuéntaselo al Duque rápido! ¡Vaya!

—No puedo hacer eso. Es su prometida. No quiero armar un gran problema por esto.

Al escuchar su respuesta, la Marquesa Philistines frunció el ceño y asintió.

—Bueno, por decir lo menos, Su Excelencia el Duque no puede actuar. Después de todo, ella es su prometida.

—Así es.

La Marquesa Philistines era quien mejor entendía el corazón de Olivia.

—Aun así, ¿no es demasiado? ¡No, cómo puede dejarla en la misma casa con esa mujer! ¡Sálgase de aquí de inmediato! Yo me haré cargo.

—Pero no puedo estar en deuda...

—¡Entonces le presentaré un trabajo. ¡Eso es!

—¿Un trabajo?

Olivia abrió mucho los ojos y preguntó. Mientras la Marquesa Philistines hablaba, de repente sonrió.

—¡Eso creo, un trabajo!

—¿Sí?

—La señorita Claudel no se enoja y está retraída porque no es capaz de valerse por sí misma y se está encomendando a esta casa.

—Sí... así es.

No era mentira, pero hablando objetivamente, Olivia sentía que ella misma era una carga.

—Esto podría enfadarlo, pero como él tiene que ser justo…

—¿Perdón? Fue tan bajo que no pude oírlo.

—No, nada. Entonces, si te sientes incómoda estando en la casa del Duque, sal de ahí. Consigue un trabajo para ser autosuficiente.

—Eso…

—No vas a vender tu cuerpo, te lo digo de antemano por si acaso causa más malentendidos.

—….

—En realidad, los nobles tienen un talento sorprendente. Para empezar, aprenden conocimientos básicos y cultura.

—….

—Yo puedo enseñar a niños comunes a leer, y puedo enseñar otros conocimientos a quienes ya saben hacerlo. Sin embargo, la verdad es que a los nobles no les gusta hacer esto; sienten que es rebajarse. Voy a introducirte en algo así. ¿No te gusta la idea?

—No, en absoluto. Cuando era joven, mi familia se desmoronó.

—He oído que alguien que conozco quiere fundar una escuela así, pero necesitan una maestra. Olivia sería una maestra realmente buena. ¿No me digas que no sabes leer?

—Por supuesto que sé.

Se sintió sobresaltada por la repentina oportunidad. Encontrar un trabajo, poder elegir por sí misma… tal como se había rebelado contra Henrietta y recibido a la Marquesa Philistines. Pero, si lo hacía, tendría que dejar esta mansión…

—¿Olivia?

—¿Sí?

—Estás temblando, ¿estás bien?

—Estoy bien, estoy bien…

Al decir eso, Olivia luchó por calmar sus temblores y sonrió. Mientras tanto, la Marquesa Philistines la observó con una mirada significativa, aunque no hizo más preguntas.

Así, la conversación continuó. Después de una larga charla, Olivia finalmente pudo llamar a la Marquesa "Jane", y Jane también la llamó "Olivia". Al charlar con ella, se dio cuenta de que era bastante agradable conversar con alguien de su edad —Jane, por supuesto, era una hermana mayor por tres años—.

—Trabajo…

Tras despedir a Jane, murmuró para sí misma. Incluso si salía de esta mansión, podría hacer algo. ¿No sería bueno tener valor? Podría estar bien. Su corazón latía con fuerza y el miedo la invadió. Ante el recuerdo repentino, Olivia cerró los ojos con fuerza e intentó borrarlo.

*******

Henrietta, por supuesto, tan pronto como León regresó, le contó todo lo sucedido ese día. Olivia no puso excusas mientras mantenía la cabeza baja.

—Excelencia, por favor, consuéleme. La señorita Claudel debe de ser alguien sensible, visto que se ofendió a pesar de que yo no tenía malas intenciones.

Mientras León se quitaba el abrigo, no respondió a ninguna de las palabras de Henrietta. Solo cuando ella terminó de hablar, él abrió la boca.

—Entonces, ella trajo a la Marquesa a la mansión, ¿es eso lo que quieres decir? —Sí. Yo, obviamente…

Olivia pensó que León la regañaría. Ya estaba imaginando los reproches que seguirían.

—¿No es acaso contra la ley expulsar a quienes ya han venido?

Ante eso, ella levantó la cabeza y lo vio; él miraba a Henrietta con una expresión de curiosidad. León mostró una actitud fresca que eclabiosó todas las preocupaciones de Olivia.

—¡Pe-pero…!

—Si estabas tan insatisfecha, no me habría molestado que la Princesa la hubiera echado ella misma. ¿No te di la mayor parte de la autoridad para operar la mansión? ¿Por qué no hiciste que las criadas se encargaran?

—Eso…

Pensándolo bien, era cierto. Henrietta tenía el derecho de expulsar a Jane si quería. Pero, ¿por qué intentó que Olivia lo hiciera? Era obvio: porque no quería tener a Jane como enemiga. Así que le pasó la responsabilidad a Olivia. Al darse cuenta, su mente se quedó en blanco.

Henrietta se quedó sin palabras. ¿Acaso León lo sabía y por eso preguntó? Sin embargo, León tenía una expresión de pura curiosidad. No había forma de que estuviera actuando, era evidente que no lo había notado. Al ver que ella no podía responder, León miró a Olivia esta vez.

—Señorita Claudel, espero que sea muy cuidadosa la próxima vez que traiga a sus amigos. Y, si usted y la Princesa no tienen la misma afinidad, no se enoje de esa manera. Probablemente sea mejor evitar encontrarse con la Princesa en la medida de lo posible mientras ella esté aquí. A mí tampoco me gusta que haya ruido en la casa.

Obviamente estaba regañando a Olivia. Aunque su rostro, mirando a Olivia de espaldas a Henrietta, no parecía tan enojado. Le dijo que no se encontrara con Henrietta, ¿acaso la estaba cuidando?

Olivia dijo con expresión desconcertada:

—Lo sien… No, entiendo.

Casi pidió perdón, pero se dio cuenta de que no había hecho nada malo y se corrigió. Al ver eso, las comisuras de los labios de León se elevaron muy levemente.

—Retírate.

Dicho esto, Olivia subió a su propia habitación. No la habían regañado, y estaba atónita por ello. ¿Debería alegrarse por su suerte? Más bien, parecía que León se había puesto de su lado.

¿Pero qué había cambiado realmente? Henrietta era su prometida, ella estaría a su lado y pasaría el resto de su vida con él. Emocionarse porque él solo se puso un poco de su parte… Se sintió realmente patética.

Olivia dejó escapar un pesado suspiro mientras se cubría la cara con las manos.