—¿El Joven
Amo…?
—Porque
realmente no bailo mucho.
—Pero si es
tan bueno con la espada. Bailar debe ser similar a mover el cuerpo…
—Es un poco
diferente. Es como si coser y confeccionar ropa fueran cosas distintas a
bordar.
Ante eso,
ella asintió. Cuando él lo explicó así, lo comprendió de inmediato. Olivia
preguntó como si se le hubiera ocurrido de repente:
—Entonces,
¿cómo fue su ceremonia de mayoría de edad?
—Se celebró
con modestia. Porque no quería bailar.
—¿De verdad?
¿En serio?
¿Él? Le resultó gracioso que hiciera algo así solo porque no le gustaba. Sus
labios se curvaron y estalló en una carcajada. Debido a eso, él detuvo sus
pasos.
—Mira.
—¿Sí?
—¿No es muy
natural?
—¿Qué…?
Mientras
hablaba con él, Olivia se dio cuenta de que en realidad estaba bailando, pero
ya ni siquiera estaba nerviosa por ello.
—¿Acaso no
pisé su pie?
—Nunca lo
pisaste, e incluso bailaste bien. Parece que has practicado mucho.
Los ojos de
Olivia se agrandaron y brillaron ante el elogio de León. Un nuevo rubor
apareció en su rostro. Al ver esto, él añadió con un tono inusualmente suave:
—Y no tienes
que preocuparte por eso. Incluso si intentas pisarme, lo esquivaré.
—Pero si dijo
hace un momento que no sabe bailar.
—Bailar y
esquivar ataques son dos cosas diferentes.
«¿Podría
estar diciendo eso como una broma?»
Ella volvió a
sonreír ampliamente. Sintió que la angustia de su corazón se desvanecía. Cuando
León la elogió, ganó confianza. Ahora estaba realmente segura de que lo haría
bien.
—Gracias,
Joven Amo. De verdad creo que ahora puedo bailar bien.
—….
—Gracias por
su valioso tiempo. Ahora creo que puedo hacerlo por mi cuenta.
Ante esas
palabras, él puso una expresión sutil. Ella habló sin ser consciente del
significado de ese gesto.
—Gracias por
su amable ayuda.
—No. Avísame
cuando necesites ayuda.
Era una
persona realmente amable. Ella miró de reojo su mano mientras lo enfrentaba.
Sería agradable si pudiera bailar así una vez más. No obstante, la codicia
tenía que detenerse en este punto… Olivia se alejó de él.
No hablaba
con él a menudo, pero a veces, cuando la suerte la acompañaba, él era muy
considerado con ella. No sabía si esto era solo un pequeño favor para alguien
con quien vivía, o una buena acción para alguien necesitado, pero él era muy
valioso para ella.
Le gustaba
desde el principio, pero ahora incluso más. Estos recuerdos nunca serían
olvidados; los recordaría por el resto de su vida. Olivia rió tímidamente.
*******
Al despertar
de su sueño, Olivia parpadeó lentamente. Se oía el trino de un pájaro a través
de la ventana. Acomodando su largo y encrespado cabello, se levantó y miró
hacia afuera. Una sonrisa amarga se dibujó en sus labios.
Había tenido
un sueño. Recordó haber bailado con León. Lo había guardado a solas en su
pecho. Pero el hombre no lo recuerda. Era natural. Para él, fue solo un pequeño
favor que no permanecería en su memoria.
Las emociones
que sintió en aquel entonces, la felicidad, aún la perseguían. ¿Por qué no era
tan feliz como antes, a pesar de que compartía su cuerpo con él toda la noche y
lo besaba…? Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.
Momentos
después, se oyó un golpe en la puerta. Olivia pensó que era la criada que
entraba de nuevo.
—¿Puedes
traerme una toalla? Quiero limpiarme la cara.
Entonces, la
toalla blanca de la mesa lateral le fue entregada. Enterró la cara en ella
durante un largo rato. Después de secarse las lágrimas, Olivia respiró hondo.
—¿Se marchó
el Duque de la mansión?
—Aún no he
ido al palacio.
Ella se
sobresaltó ante el repentino sonido de la voz masculina. Era León quien estaba
junto a la cama.
—¡Du, Duque!
—Siempre
pareces sorprenderte cuando entro.
—¡Es, eso
es…!
Esta vez
estaba avergonzada. Era hora de que él estuviera fuera; el sol había subido
demasiado… Al darse cuenta de la situación, se miró a sí misma.
«¡Gracias
a Dios!»
Ahora que lo
pensaba, después de su encuentro de ayer, se había cambiado de ropa y se había
quedado dormida debidamente. En un día tan luminoso, no quería que él la viera
desnuda.
Mientras
Olivia encogía las rodillas y desviaba la mirada, él la observó durante un
largo rato antes de hablar con cautela.
—No tienes
energía. ¿Estás enferma?
—No.
—¿Estás de
mal humor?
—….
Con la
expresión de su rostro, no podía mentir diciendo que estaba de buen humor, así
que se mordió los labios. Él soltó un suspiro bajo ante su silencio afirmativo.
—¿Hay algo
que te gustaría tener?
—Gracias a Su
Excelencia, no me falta nada.
—No me
refiero a lo que necesitas. Te pregunto qué es lo que quieres.
¿Qué quería
tener? En realidad, la respuesta era la persona que tenía delante. Era él. Si
lo dijera, ¿qué expresión pondría? Pensó que se comportaba como una niña
pequeña haciendo un berrinche. Aun sabiendo esto, dejó escapar su
resentimiento.
—Su
Excelencia no me dará lo que quiero.
—¿Cómo
garantizas que no lo haré?
—Porque usted
nunca querrá dárselo.
—….
Al oír esto, León
no dijo nada durante mucho tiempo. Ella se arrepintió de haber dicho eso.
Kevin decía
que estaba harto de ver rostros tan sombríos. Decía que una mujer siempre debía
estar sonriendo, pero que ella era lúgubre y poco atractiva, por lo que a nadie
le gustaría. Olivia estaba de acuerdo. ¿Cómo podría este hombre sentirse
atraído por ella estando tan deprimida? No había lugar para que él se fijara en
ella, quien, para empezar, creía que Olivia no podría vivir sin un hombre.
Olivia pensó
que León se marcharía suspirando ante su propia y miserable melancolía y sus
quejas.
—Entonces,
¿hay algo que quieras hacer?
—¿Eh?
Ante las
palabras completamente inesperadas, ella levantó la cabeza y lo escudriñó. Él
no parecía molesto ni enfadado.
—¿No estás de
mal humor?
—...
Excelencia, ¿acaso le importa cómo me siento?
León no
respondió, pero la respuesta fue definitivamente positiva. Fue como si la mitad
de su sentimiento de depresión se esfumara solo con eso. Él la cuidaba de esta
manera. Su corazón se reconfortó.
—Gracias.
Aunque no sé qué es lo que quiero hacer, de verdad lo siento.
—¿No lo
sabes?
—No sé qué
hacer o qué puedo hacer para sentirme mejor. Siento haber desvariado. Es que
realmente no lo sé.
Cuando estaba
deprimida, no sabía qué hacer. Olivia simplemente jadeaba y se llevaba la mano
al pecho, esperando a que el sentimiento disminuyera.
—Lamento que
se haya tomado la molestia de cuidarme, yo misma me haré cargo de mis
sentimientos. Cuando vuelva a verle, nunca estaré así.
Era una
respuesta honesta. Pensó que León se rendiría ahora. Mientras tanto, él
observaba en silencio su rostro, manteniendo el mutismo.
—¿Alguna vez
has montado a caballo?
Ante las
repentinas palabras, ella abrió mucho los ojos y negó con la cabeza
frenéticamente. De niña, solía ir a los establos de su casa, pero la doncella
se aterrorizaba y la detenía, por lo que nunca volvió a ir. Los caballos eran
animales extraños y especiales que vivían allí; animales grandes que tiraban de
carretas y transportaban personas.
—Yo monto a
caballo cuando no estoy de buen humor.
—….
—¿Te gustaría
dar un paseo?
Ante su
sugerencia, los ojos de Olivia se agrandaron. ¿Ir a montar a caballo? Montar
era algo que nunca pensó que sería capaz de hacer. Se preguntó si podría
lograrlo; sentía curiosidad.
—Pe... pero,
yo, ¿nunca he montado a caballo antes?
—Yo te
vigilaré; oh, si quieres, llamaré a otro instructor.
Con esas
palabras, la otra mitad de su melancolía se disipó.
—Entonces,
que sea alguien más...
—¿Acaso eres
reacia a mí también?
—¿Cómo? ¡No!
Pero debe ir al Palacio Imperial. No puedo quitarle su tiempo valioso.
—El tiempo no
es tan valioso, e incluso si lo fuera, lo hago porque quiero, así que la
señorita Claudel no tiene por qué lamentarlo tanto.
—Uh...
¿Dónde había
escuchado eso? Eran palabras que él ya había dicho una vez. La misma
consideración salía de su boca. ¿Acaso esta persona no sentía asco o desprecio?
¿Por qué era tan amable con ella?
La inocente
Olivia Claudel ya no existía. Le dolía el corazón, pero, por otro lado, le
palpitaba con fuerza.
—Excelencia,
¿de verdad está bien? Si se me permite decirlo... usted es muy bueno montando.
De nuevo, la
expresión de él cambió.
—Mmh
—suspiró—. No soy un jinete tan excelente, pero soy lo suficientemente bueno
como para cuidar de ti.
Le dijo que
se preparara y, tras toser un par de veces, León salió de la habitación.

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