Cuando la luna cae hacia el oeste - Capítulo 13

Capítulo 13

 

—¿El Joven Amo…?

—Porque realmente no bailo mucho.

—Pero si es tan bueno con la espada. Bailar debe ser similar a mover el cuerpo…

—Es un poco diferente. Es como si coser y confeccionar ropa fueran cosas distintas a bordar.

Ante eso, ella asintió. Cuando él lo explicó así, lo comprendió de inmediato. Olivia preguntó como si se le hubiera ocurrido de repente:

—Entonces, ¿cómo fue su ceremonia de mayoría de edad?

—Se celebró con modestia. Porque no quería bailar.

—¿De verdad?

¿En serio? ¿Él? Le resultó gracioso que hiciera algo así solo porque no le gustaba. Sus labios se curvaron y estalló en una carcajada. Debido a eso, él detuvo sus pasos.

—Mira.

—¿Sí?

—¿No es muy natural?

—¿Qué…?

Mientras hablaba con él, Olivia se dio cuenta de que en realidad estaba bailando, pero ya ni siquiera estaba nerviosa por ello.

—¿Acaso no pisé su pie?

—Nunca lo pisaste, e incluso bailaste bien. Parece que has practicado mucho.

Los ojos de Olivia se agrandaron y brillaron ante el elogio de León. Un nuevo rubor apareció en su rostro. Al ver esto, él añadió con un tono inusualmente suave:

—Y no tienes que preocuparte por eso. Incluso si intentas pisarme, lo esquivaré.

—Pero si dijo hace un momento que no sabe bailar.

—Bailar y esquivar ataques son dos cosas diferentes.

«¿Podría estar diciendo eso como una broma?»

Ella volvió a sonreír ampliamente. Sintió que la angustia de su corazón se desvanecía. Cuando León la elogió, ganó confianza. Ahora estaba realmente segura de que lo haría bien.

—Gracias, Joven Amo. De verdad creo que ahora puedo bailar bien.

—….

—Gracias por su valioso tiempo. Ahora creo que puedo hacerlo por mi cuenta.

Ante esas palabras, él puso una expresión sutil. Ella habló sin ser consciente del significado de ese gesto.

—Gracias por su amable ayuda.

—No. Avísame cuando necesites ayuda.

Era una persona realmente amable. Ella miró de reojo su mano mientras lo enfrentaba. Sería agradable si pudiera bailar así una vez más. No obstante, la codicia tenía que detenerse en este punto… Olivia se alejó de él.

No hablaba con él a menudo, pero a veces, cuando la suerte la acompañaba, él era muy considerado con ella. No sabía si esto era solo un pequeño favor para alguien con quien vivía, o una buena acción para alguien necesitado, pero él era muy valioso para ella.

Le gustaba desde el principio, pero ahora incluso más. Estos recuerdos nunca serían olvidados; los recordaría por el resto de su vida. Olivia rió tímidamente.

*******

Al despertar de su sueño, Olivia parpadeó lentamente. Se oía el trino de un pájaro a través de la ventana. Acomodando su largo y encrespado cabello, se levantó y miró hacia afuera. Una sonrisa amarga se dibujó en sus labios.

Había tenido un sueño. Recordó haber bailado con León. Lo había guardado a solas en su pecho. Pero el hombre no lo recuerda. Era natural. Para él, fue solo un pequeño favor que no permanecería en su memoria.

Las emociones que sintió en aquel entonces, la felicidad, aún la perseguían. ¿Por qué no era tan feliz como antes, a pesar de que compartía su cuerpo con él toda la noche y lo besaba…? Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.

Momentos después, se oyó un golpe en la puerta. Olivia pensó que era la criada que entraba de nuevo.

—¿Puedes traerme una toalla? Quiero limpiarme la cara.

Entonces, la toalla blanca de la mesa lateral le fue entregada. Enterró la cara en ella durante un largo rato. Después de secarse las lágrimas, Olivia respiró hondo.

—¿Se marchó el Duque de la mansión?

—Aún no he ido al palacio.

Ella se sobresaltó ante el repentino sonido de la voz masculina. Era León quien estaba junto a la cama.

—¡Du, Duque!

—Siempre pareces sorprenderte cuando entro.

—¡Es, eso es…!

Esta vez estaba avergonzada. Era hora de que él estuviera fuera; el sol había subido demasiado… Al darse cuenta de la situación, se miró a sí misma.

«¡Gracias a Dios!»

Ahora que lo pensaba, después de su encuentro de ayer, se había cambiado de ropa y se había quedado dormida debidamente. En un día tan luminoso, no quería que él la viera desnuda.

Mientras Olivia encogía las rodillas y desviaba la mirada, él la observó durante un largo rato antes de hablar con cautela.

—No tienes energía. ¿Estás enferma?

—No.

—¿Estás de mal humor?

—….

Con la expresión de su rostro, no podía mentir diciendo que estaba de buen humor, así que se mordió los labios. Él soltó un suspiro bajo ante su silencio afirmativo.

—¿Hay algo que te gustaría tener?

—Gracias a Su Excelencia, no me falta nada.

—No me refiero a lo que necesitas. Te pregunto qué es lo que quieres.

¿Qué quería tener? En realidad, la respuesta era la persona que tenía delante. Era él. Si lo dijera, ¿qué expresión pondría? Pensó que se comportaba como una niña pequeña haciendo un berrinche. Aun sabiendo esto, dejó escapar su resentimiento.

—Su Excelencia no me dará lo que quiero.

—¿Cómo garantizas que no lo haré?

—Porque usted nunca querrá dárselo.

—….

Al oír esto, León no dijo nada durante mucho tiempo. Ella se arrepintió de haber dicho eso.

Kevin decía que estaba harto de ver rostros tan sombríos. Decía que una mujer siempre debía estar sonriendo, pero que ella era lúgubre y poco atractiva, por lo que a nadie le gustaría. Olivia estaba de acuerdo. ¿Cómo podría este hombre sentirse atraído por ella estando tan deprimida? No había lugar para que él se fijara en ella, quien, para empezar, creía que Olivia no podría vivir sin un hombre.

Olivia pensó que León se marcharía suspirando ante su propia y miserable melancolía y sus quejas.

—Entonces, ¿hay algo que quieras hacer?

—¿Eh?

Ante las palabras completamente inesperadas, ella levantó la cabeza y lo escudriñó. Él no parecía molesto ni enfadado.

—¿No estás de mal humor?

—... Excelencia, ¿acaso le importa cómo me siento?

León no respondió, pero la respuesta fue definitivamente positiva. Fue como si la mitad de su sentimiento de depresión se esfumara solo con eso. Él la cuidaba de esta manera. Su corazón se reconfortó.

—Gracias. Aunque no sé qué es lo que quiero hacer, de verdad lo siento.

—¿No lo sabes?

—No sé qué hacer o qué puedo hacer para sentirme mejor. Siento haber desvariado. Es que realmente no lo sé.

Cuando estaba deprimida, no sabía qué hacer. Olivia simplemente jadeaba y se llevaba la mano al pecho, esperando a que el sentimiento disminuyera.

—Lamento que se haya tomado la molestia de cuidarme, yo misma me haré cargo de mis sentimientos. Cuando vuelva a verle, nunca estaré así.

Era una respuesta honesta. Pensó que León se rendiría ahora. Mientras tanto, él observaba en silencio su rostro, manteniendo el mutismo.

—¿Alguna vez has montado a caballo?

Ante las repentinas palabras, ella abrió mucho los ojos y negó con la cabeza frenéticamente. De niña, solía ir a los establos de su casa, pero la doncella se aterrorizaba y la detenía, por lo que nunca volvió a ir. Los caballos eran animales extraños y especiales que vivían allí; animales grandes que tiraban de carretas y transportaban personas.

—Yo monto a caballo cuando no estoy de buen humor.

—….

—¿Te gustaría dar un paseo?

Ante su sugerencia, los ojos de Olivia se agrandaron. ¿Ir a montar a caballo? Montar era algo que nunca pensó que sería capaz de hacer. Se preguntó si podría lograrlo; sentía curiosidad.

—Pe... pero, yo, ¿nunca he montado a caballo antes?

—Yo te vigilaré; oh, si quieres, llamaré a otro instructor.

Con esas palabras, la otra mitad de su melancolía se disipó.

—Entonces, que sea alguien más...

—¿Acaso eres reacia a mí también?

—¿Cómo? ¡No! Pero debe ir al Palacio Imperial. No puedo quitarle su tiempo valioso.

—El tiempo no es tan valioso, e incluso si lo fuera, lo hago porque quiero, así que la señorita Claudel no tiene por qué lamentarlo tanto.

—Uh...

¿Dónde había escuchado eso? Eran palabras que él ya había dicho una vez. La misma consideración salía de su boca. ¿Acaso esta persona no sentía asco o desprecio? ¿Por qué era tan amable con ella?

La inocente Olivia Claudel ya no existía. Le dolía el corazón, pero, por otro lado, le palpitaba con fuerza.

—Excelencia, ¿de verdad está bien? Si se me permite decirlo... usted es muy bueno montando.

De nuevo, la expresión de él cambió.

—Mmh —suspiró—. No soy un jinete tan excelente, pero soy lo suficientemente bueno como para cuidar de ti.

Le dijo que se preparara y, tras toser un par de veces, León salió de la habitación.

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