Creí haber curado al hermano enfermo del villano - Capítulo 55

Capítulo 55

 

Cuando cayó la noche, Agnes buscó la habitación de Ariel. No a través de la puerta, sino por la ventana.

—¿A qué se refiere con que tiene que volver?

A pesar de ser un invitado no deseado, Agnes lanzó la pregunta de inmediato. Perchado en el alféizar de la ventana, ya no lucía como un niño pequeño. Tenía la forma de un hombre adulto de facciones fuertes y afiladas. Su voz también era grave y profunda.

Ahora podía usar la magia libremente, aunque no a su total capacidad original. Esto significaba que «ese mes» estaba casi por terminar. Sus ojos negros miraron con fiereza al dueño de la habitación, exigiendo una respuesta, pero Ariel no pareció sorprendido y contestó sin siquiera mirarlo:

—¿Qué?

—Merrien.

La mano de Ariel, que había estado organizando documentos en su escritorio sin ninguna prisa, se detuvo en seco. Pronto, una voz ominosa rodeó los oídos de Agnes:

—Te dije que no pronunciaras su nombre.

—¿A qué se refiere con que tiene que volver?

Pero Agnes fue persistente. Al resultarle frustrante la evasiva de Ariel, apoyó la cabeza contra la ventana y se puso por completo cómodo.

—Ah...

La mano libre de Ariel se presionó contra su sien. Estaba claro que, si no respondía, Agnes no se marcharía y se quedaría a acampar en su habitación. Ariel colocó ordenadamente todos los documentos en un cajón antes de apoyar la barbilla en su mano. La mirada que dirigió a Agnes estaba llena de fastidio.

—Exactamente lo que se escucha. Dice que cuando la barra de curación se llene, tiene que regresar a un lugar llamado «realidad» o algo así.

—...¿Qué significa eso?

No podía entender el significado de eso en absoluto. Pensándolo bien, Ariel solo estaba repitiendo las mismas palabras incoherentes que Merrien había estado balbuceando.

—Es complicado de explicar.

Todo lo que Agnes recibió a cambio fue un ademán de desdén con la mano de Ariel. Significaba que esto no era asunto suyo y que debía dejar de preocuparse por ello. Quizás por encontrar demasiado molesto dar más explicaciones, Ariel volvió a girar la cabeza hacia el escritorio. Una pluma giraba entre sus dedos.

Pronto, una voz espeluznante resonó:

—Pero, de todos modos, ella no podrá volver.

La comisura de la boca de Ariel, visible desde un costado, se curvó de forma extraña.

—...

Agnes cerró la boca ante la vista de esos ojos azules llenos de locura. No era una terquedad o un orgullo sin sentido. Esto era auténtica confianza. Eso debería haber sido tranquilizador, pero ¿por qué su ánimo cayó en picada? Quizás porque no había lugar para él entre esas dos personas.

******

«No. Puedo hacer espacio».

Agnes había olvidado por completo lo que había sucedido la noche anterior. El hecho de que «ese mes» terminaría en unos pocos días significaba que el día de regresar al nido no estaba lejano. El tiempo se estaba agotando.

«Pero todavía tengo una oportunidad».

Ariel había dicho que, de todos modos, Merrien no podría volver. Entonces él también necesitaba aprovechar la oportunidad antes de que pasara «ese mes».

Curiosamente, Agnes no había reconocido de forma adecuada sus propios sentimientos. Simplemente pensó por instinto:

«A Merrien le gustan las cosas lindas».

Fiu. Antes de que pudiera terminar su pensamiento, su cuerpo se encogió. Con manos tan pequeñas como hojas de helecho, abrió la puerta y se dirigió con audacia hacia la habitación de Merrien.

—Hermana. ¿Puedo comer contigo?

Seguramente Ariel no estaría allí hoy tampoco. Asomó con nerviosismo la mitad de su cuerpo por el umbral y revisó el interior de la habitación.

—¡Sí, por supuesto! Entra.

Merrien, que acababa de tomar una cuchara, le hizo un ademán. Por fortuna, Ariel no estaba. Él debió de haber pensado que Agnes ya no intentaría ninguna tontería.

Con una sonrisa demasiado astuta para un niño, caminó de forma deliberada por el suelo, y sus pisadas creaban suaves sonidos de palmaditas con cada paso.

—¡Ay, Dios mío! ¡Qué lindo!

Como siempre, esta apariencia le ganó la atención de los sirvientes. Agnes entró con orgullo y se sentó en el lugar que Merrien le había indicado con palmaditas. Sintiéndose engreído por haberle ganado a Ariel, se reclinó con comodidad en la silla.

Sin embargo, vista de cerca, los ojos de Merrien todavía estaban muy hinchados. Una voz preocupada le salió de forma natural:

—...¿Estás bien?

—Ah, estoy bien.

Merrien tomó un paño lleno de hielo con su mano libre y se frotó los ojos.

—Agnes. Gracias por lo de ayer. Me siento un poco más aliviada gracias a ti.

Ella sonrió de manera tenue. Pero no pudo engañar por completo a Agnes. Su mirada, que había pasado brevemente sobre él, estaba vacía.

—...

El ánimo de Agnes cayó en picada una vez más. En su forma de niño, era difícil ocultar sus verdaderos sentimientos. Sus labios se curvaron hacia abajo, mostrando su abatimiento. Quizás debido a esto, Merrien tocó la mejilla descuidada de Agnes, como antes, y le levantó las comisuras de la boca.

—De verdad. Estoy bien, lo prometo.

«¡En serio...!».

¿Cómo podía esta mujer acercarse con tanta naturalidad? ...Incluso si lucía como un niño, seguía siendo un hombre. Aun así, esta vez no se puso tan nervioso. Agnes puso en acción el plan que había ideado a toda prisa esa mañana.

—Entonces, aliméntame.

—¿Eh?

—Ah.

Abrió la boca con descaro. Incluso abriéndola lo más que podía, era más pequeña que el puño chico de Merrien. Tal como esperaba, Merrien era débil ante las cosas lindas.

—Ten, ¿quieres un poco de carne?

Ella pareció olvidarse de sus ojos hinchados mientras sostenía el rostro de Agnes y lo alimentaba.

Ñam, ñam. A medida que Agnes masticaba con la boca llena de comida a toda prisa, sus mejillas se volvieron regordetas. Sus ojos brillaban con intensidad. Merrien, por instinto, colocó su mano sobre su cabeza y lo acarició. Su cabello, rizado y revuelto, era esponjoso.

«Luciendo así, se parece a Blanquito».

Para ser exactos, Ariel se transformaba en Blanquito. La forma en que miraba con ojos redondos, la manera tan linda en que masticaba con los labios. Sus acciones eran idénticas a las de Blanquito.

«Ah, por eso es que son cercanos».

Al final, todos los pensamientos de Merrien conducían de vuelta a Ariel. Su mano vacilante dejó de acariciar la cabeza del niño. Tomó el paño de hielo que había dejado a un lado y se lo colocó en silencio sobre los ojos.

Mientras tanto, Agnes sintió un vacío cuando la mano de ella abandonó su cabeza.

«No puedo encontrarme con ella siempre en esta forma de niño».

Merrien no tenía forma de saber sus verdaderos pensamientos. De hecho, sus ojos no estaban brillando de ternura, sino que relucían con astucia.

******

Después de eso, pasaron días muy ordinarios. Ariel ya no besaba a Merrien ni se aferraba a ella bajo el pretexto del contacto físico. ¿Quizás debido a esto?

[Cantidad de curación 9600/10000]

[Cantidad de curación 9700/10000]

La barra de curación, que aumentaba un poco cada día, parecía una cuenta regresiva que predecía el día de su regreso.

Tres días. Si la curación continuaba al ritmo actual, a Merrien solo le quedaban tres días. Merrien pensó que ahora debía hacer lo que había estado posponiendo. Se sentó en su escritorio y sacó papel y una pluma. Tras vacilar por un momento, escribió una breve carta.

«Charlotte. Me voy a un lugar lejano. No podremos vernos durante un tiempo».

No durante un tiempo, sino probablemente nunca más. La dobló con cuidado, la colocó en un sobre y lo selló. Finalmente, se quedó mirando el nombre del destinatario: «Charlotte».

«Nos volvimos bastante cercanas».

Acarició las letras de forma ausente. Le había tomado más cariño de lo esperado. Al principio, solo tenía la intención de aprender métodos de curación y conectar a Charlotte con Forcite, pero antes de que se diera cuenta, se había vuelto tan cercana a ella que casi olvidó que era la protagonista femenina original. Invitarla a la mansión Hartez para conversar, compartir novelas de romance...

Pff. Un sonido desinflado se le escapó de los labios. El calor se acumuló en sus ojos. Si pensaba en eso por más tiempo, podría pasar una vergüenza frente a los sirvientes. Merrien sacudió la cabeza para despejar los pensamientos sobre Charlotte y le entregó la carta a su doncella, Rika.

—Rika. ¿Podrías enviar esta carta por mí?

—Sí, Santa.

Al tomar la carta, Rika estudió el semblante de Merrien. Como era de esperarse, tenía un rostro inexpresivo que parecía carecer de cualquier emoción. No era la cara de alguien que forzaba una sonrisa, sino una expresión en blanco, muy calmada.

El ánimo de Merrien había caído en picada hacía días. Las otras doncellas sentían lo mismo, así que no era solo su imaginación. Preocupada, Rika estuvo a punto de preguntarle qué le ocurría. Justo antes de que pudiera hablar, Merrien de repente comenzó a moverse con afán.

—Ah, Rika. Solo un momento.

Abrió el tercer cajón de su escritorio, el cual había mantenido cerrado con firmeza, y sacó algo. En su mano había un brazalete que Rika jamás había visto.

—Toma esto.

Rika se guardó la carta en el pecho y recibió el brazalete con ambas manos. Un brazalete tejido con pasto y rosas de varios colores. A juzgar por la fragancia, eran flores frescas.

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