—...
Merrien
permaneció en silencio y lo dejó ser, sabiendo que responder solo daría pie a
que él hiciera más comentarios. Quizás debido a esto, la mano de él comenzó a
moverse con inquietud antes de trasladarse finalmente hacia la mejilla de
Merrien. El lento roce de su mano era vergonzosamente cálido.
—Disculpe,
Duque.
—¿Sí?
—Lo estoy
curando.
Ella bajó la
voz a propósito y lo reprendió, pero él se encontró con la mirada de Merrien
con ojos inocentes.
[♥
142]
[♥
144]
Sin siquiera
intentar ocultar los latidos salvajes de su corazón. Por supuesto, el ritmo
cardíaco de Merrien no era muy diferente. Su rostro se tiñó de rojo desde la
barbilla hasta la frente. A Merrien esto le resultó molesto.
«¿Por qué
luce tan calmado?».
A pesar de
que su corazón latía a toda prisa, Ariel ni siquiera parpadeó. Desde fuera,
nadie sabría que estaba al borde de perder la razón. Merrien giró la cabeza con
brusquedad, sintiendo que era la única que se ponía nerviosa. Estaba a punto de
sacar a colación algo serio para evitar la incomodidad.
—Ariel. Yo
también quiero que te cures por completo. Pero... ¡mmfh!
No pudo
terminar la frase. De repente, los labios de Ariel cubrieron los suyos.
Los ojos de
Merrien se abrieron tanto como fue posible. Con una mano todavía apoyada en el
corazón de él, se quedó completamente congelada. De alguna manera, él se había
acercado, inclinando un poco la cabeza y con los ojos cerrados.
Bum. Bum.
Bum.
El corazón de
Merrien latió con violencia. Sin ningún esfuerzo adicional, la luz blanca que
fluía desde su mano extendida hacia el corazón de él se volvió más y más
grande. La luz, que había crecido casi tanto como el torso de una persona, se
convirtió en una enorme esfera antes de adentrarse rápido en el cuerpo de
Ariel. El destello de luz que le siguió fue casi cegador.
—¿Qué... qué
fue eso? —se apartó apresurada.
Ambos tenían
los rostros encendidos, pero lo que resultaba más desconcertante era el tamaño
sin precedentes de la luz. Esto parecía inesperado incluso para Ariel. Abrió
bien los ojos y miró hacia su propio corazón. Presintiendo algo inusual, se
tocó el pecho antes de hablar despacio:
—¿No me duele
en absoluto?
—¿Qué? ¿De
verdad?
—Sí.
Su voz no
contenía ni un rastro de picardía. La mente de Merrien trabajó a toda
velocidad. ¿Acaso el poder sagrado podía infundirse con solo tocar los labios?
¿Y pensar que mejoraría su estado de manera tan notoria?
«Un
momento, entonces...».
Giró rápido
la mirada hacia el aire vacío.
[+500]
[Cantidad
de curación 8500/10000]
—¡¡¡!!!—
La cantidad
de curación había aumentado 500 puntos al instante. El efecto era definitivo.
Lo que significaba que... si realizaba la misma curación solo tres veces más,
podría llenar la barra de curación y sanar a Ariel por completo. Y eso
significaba que el día de su regreso realmente no estaba lejano.
—...La barra
de curación está casi llena —murmuró de forma inconsciente mientras miraba
hacia el espacio vacío. Sus manos cayeron lánguidas sobre las sábanas de la
cama.
—¿Qué tan
llena está?
—Eso de
recién la llenó un montón. Tal vez unas tres veces más y... se habrá terminado.
Su voz sonaba
exhausta, casi delirante. Aun así, no especificó el sujeto. Tu curación
estará completa y nuestra vida pacífica juntos terminará. El último ápice
de razón al que se aferraba empujó esas palabras tan sombrías de vuelta al
fondo de su garganta.
Ariel
meramente se encogió de hombros. Su voz llegó sin un toque de preocupación:
—Eso es
bueno.
—¿Qué?
¿Este era
momento para bromas? Ella no estaba sacando a relucir los aspectos más tristes
a propósito. Su tristeza se transformó rápido en enfado. Una voz molesta se le
escapó de forma automática:
—Oye, ¡mmfh!
Pero antes de
que pudiera siquiera mirar a Ariel con el ceño fruncido, el rostro de él se
aproximó de nuevo. Intentó apartarlo golpeando su pecho, pero él no se movió ni
un milímetro. La curación claramente había funcionado. Su cuerpo, que ya era
firme antes, se había vuelto aún más duro, haciendo que a ella le doliera la
mano por el impacto.
Y por si eso
fuera poco...
—¡...!
Pronto, algo
suave invadió la boca de Merrien. La fuerza se drenó de las manos con las que
lo había estado empujando. A medida que Ariel exploraba su boca y su mente,
ella ya no pudo pensar en nada más.
Finalmente,
Merrien se rindió y contempló sus ojos cerrados. Incluso sus pestañas eran
largas y hermosas. Frustrantemente, no había un solo aspecto poco atractivo en
él. Su piel pálida, que alguna vez lució tan enferma que se le marcaban las
venas, ahora tenía un color saludable. La primera impresión de que estaba
completamente demente ahora era solo uno de muchos buenos recuerdos.
Sí, no
importaría si no hubiera una solución. Con tal de que estés curado...
Simplemente regresaremos a nuestras vidas originales. Eso era todo. Volver
a la realidad, donde había estado celebrando que por fin había conseguido un
trabajo. Cuando llegara ese momento, tendría que enterrar esta etapa en su
corazón, recordándola como un sueño largo y muy hermoso.
Lo triste era
que no habría forma de recordar a Ariel. No podía estar segura de que quedara
algún registro de él en el libro. Si tan solo hubiera una sola línea escrita
sobre él. Si tan solo la hubiera, leería esas palabras impresas decenas,
cientos de veces, hasta que el papel se desmoronara por los años.
Pero Merrien
estaba de acuerdo con esto, incluso si solo era un sueño. Envolvió el cuello de
Ariel con sus brazos y se entregó despacio. Como si hubiera estado esperando
esto, Ariel la estrechó con fuerza contra él. Sus alientos cálidos se
mezclaron.
¿Cuánto
tiempo había pasado? Sus labios, que habían permanecido juntos durante un largo
rato, finalmente se separaron.
—Ah...
—exhaló Merrien con dificultad.
Su cabeza,
que había caído lánguida hacia abajo, fue levantada por la mano de Ariel. En
los claros ojos azules que se encontraron con los suyos, exigiendo su continua
atención, Merrien se vio reflejada por completo, aunque la mirada de él parecía
difusa.
Su otra mano
flotó en el aire. Estuvo a punto de colocarla en algún lugar, pero vaciló.
Luego, con sumo cuidado, acarició el brazo de Merrien. Ella no pudo evitar
sonreír ante el sutil temblor que se sentía desde las yemas de sus dedos.
Sin
embargo...
[+500]
[Cantidad
de curación 9000/10000]
[Resta el
10% de la cantidad de curación.]
Cuando las
letras rojas obstruyeron por completo su visión como una advertencia, su cuerpo
se tensó por reflejo. El texto de precaución parpadeó ante sus ojos varias
veces antes de desaparecer a un rincón invisible de su campo visual. Pronto, se
encontró con los ojos de Ariel, que habían estado completamente ocultos detrás
del texto.
Él bajó la
mano sin vacilar.
—No haré nada
que te desagrade.
Su voz era
bastante seria y decidida. Ella solo se había tensado debido a la barra de
curación, pero para él debió parecerle que se había detenido al mirarlo. Pero
no era eso...
La atmósfera
peculiar se disipó en un instante, incluso el aire caliente que había llenado
la habitación.
—...Sí,
gracias.
Pero no
quería sacar el tema de la barra de curación justo ahora. Merrien sonrió con
timidez y giró la cabeza hacia un lado.
******
Diciendo que
se sentía mareada y que necesitaba descansar, Merrien salió de la habitación de
Ariel.
Cric.
Tras cerrar
la puerta, percibió numerosas presencias. El mayordomo y los sirvientes, que
habían estado ausentes durante un buen rato, esperaban justo afuera. Incluso la
espiaban con rostros llenos de expectación.
—... ¿Por
qué?
¿Pero cómo
iba a saberlo ella? Merrien tenía una expresión de completo desconcierto.
—No es nada.
Jem, jem.
El mayordomo,
que le había estado lanzando la mirada más brillante de todas, se aclaró la
garganta y les hizo un ademán a los sirvientes con la mano. Los sirvientes,
profundamente decepcionados, se dispersaron para retomar sus tareas. Al
desparramarse en todas direcciones, los alrededores se quedaron vacíos de
repente.
—Santa, salió
antes de lo esperado.
Mientras
tanto, el mayordomo permaneció allí hasta el final, sin ocultar su desilusión.
Un fuerte suspiro resonó entre los sirvientes que ya se habían alejado. Merrien
puso los ojos en blanco.
«No me
digas que esta gente...».
Solo entonces
cayó en la cuenta de aquella peculiar situación.
«¿En qué
demonios estaban pensando?».
El rostro se
le encendió de calor y se acomodó el cabello de los lados de forma innecesaria.
¡Definitivamente, no había ni una sola persona cuerda en la mansión Hartez!
Aunque ahora
solo el mayordomo estaba frente a ella, Merrien se le acercó y susurró,
temerosa de que alguien pudiera escucharla:
—¿En qué
estaba pensando, mayordomo?
Al mismo
tiempo, sus ojos se movían de un lado a otro, vigilando los alrededores. El
mayordomo pareció vacilar antes de confesar con honestidad:
—... ¿En la
escena cumbre de Las circunstancias secretas del duque, tal vez?
A pesar de su
tono confiado, desvió la mirada de Merrien por la fuerza. Esto confirmó lo que
ella sospechaba. Esa escena era demasiado vergonzosa como para mencionarla en
voz alta.

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