La tumba de los cisnes - Capítulo 12
Rothbart podría negarlo, pero siempre les dedicaba una mirada extra a las mujeres del continente oriental. Como si intentara extraer algo de sus rostros.
Y Rose no era la única que había notado ese trato especial por parte del marqués. Debido a que Rothbart solía mostrarse indiferente con los demás y severo en su comportamiento, esa única mirada de más destacaba todavía más. Muchas sirvientas orientales intentaron cruzar la línea, con la esperanza de convertirse en un sustituto de la marquesa, y al final terminaron siendo expulsadas con deshonra.
Cada vez que Rose presenciaba tales escenas, se burlaba de ellas tildándolas de tontas que no conocían su lugar, pero en lo más profundo de su ser, se sentía ansiosa de que Rothbart pudiera elegir a una de ellas.
Por eso, cada vez que veía a sirvientas orientales o a criadas bonitas, las atormentaba como para desahogar su furia. Incapaces de soportar los abusos de Rose, todas las sirvientas abandonaban la mansión antes de que pasaran tres meses, y solo entonces Rose podía sentirse tranquila.
«Pero esa maldita zorra...».
Rose pensó en Anna. Qué muchacha tan venenosa era. Por más que Rose la pisoteara, ella solo bajaba sus largas y tupidas pestañas y fingía no escuchar. Actuaba como si estuviera en apuros, fingía vergüenza y recurría a cada truco astuto. Había aguantado de ese modo durante meses y, al final, seguía en la mansión incluso ahora que Rothbart había regresado.
Y hace unos días, al amanecer...
Los pasos de Rose se detuvieron de golpe mientras caminaba a zancadas por el pasillo. Recordó lo que había visto al amanecer del día en que regresó Rothbart.
El marqués, al llegar a la mansión, se encerró directamente en la habitación de la marquesa. No era nada inusual, pero ella jamás podía sentirse tranquila al respecto. Para descargar su ira, había ido a buscar a esa sirvienta oriental.
Sin embargo, la criada no aparecía por ningún lado. Impulsada por una impaciencia inexplicable, Rose terminó deambulando por su habitación hasta el amanecer sin pegar un ojo.
En ese momento, a través de la ventana, vio a la sirvienta apresurándose por el pasillo. Con su cabello negro como la tinta y sus rasgos exóticos, destacaba incluso en la oscuridad.
No se la había visto en todo el día y ahora, a estas horas, ¿a dónde diablos podría estar yendo?
Los ojos de Rose la siguieron hasta el lugar de donde había aparecido. Era en dirección a la habitación de la marquesa.
No podía ser... Imaginaciones extrañas llenaron su cabeza. Pero sacudió la cabeza rápidamente y desechó sus temores. No. Nada podía haber pasado. Cuán sagrada era esa habitación para él...
Aun cuando intentaba convencerse a sí misma, no lograba librar a su corazón de ese vívido presentimiento. Rose quería conocer los detalles y varias veces consideró preguntarle a Rothbart qué había sucedido ese día, pero al final guardó silencio.
Sabía bien que él detestaba que lo molestaran con preguntas personales, y no quería llamar la atención del marqués sobre la sirvienta si no había pasado nada, solo para crear problemas.
En su lugar, había interrogado a la sirvienta. Pero debido a la interferencia de Svanhild, no logró obtener ninguna información, y cuando acudió a Rothbart, escuchó las impactantes palabras de que los experimentos quedaban suspendidos.
Mientras Rose permanecía sola en el pasillo, las sombras se deslizaron sobre su rostro con el sol poniente.
Hasta ahora, había resistido pensando que al menos ella era útil para Rothbart. «Yo soy diferente de las otras mujeres. Mi señor no me abandonará...».Pero ahora había caído de ese lugar especial. Solo era una institutriz. No era diferente de aquellas sirvientas orientales que habían sido expulsadas. Ella también era alguien que podía ser dejada de lado en cualquier momento...
El pensamiento le erizó la piel. En la penumbra, su rostro se distorsionó. Rose se quedó allí parada durante mucho tiempo, rumiando los pensamientos que surgían en su interior.
«De cerca realmente es hermosa. Incluso su lado altivo resulta tentador».
Sehyun tragó saliva mientras observaba la espalda de Rose alejarse. Se había sentido molesto con el mayordomo por abrumarlo constantemente con tareas fastidiosas, pero pensar que eso lo llevaría a cruzarse con Rose de esta manera.
Su novia Anna también era bonita, pero solo para los estándares de una estudiante universitaria promedio. En comparación con ella, Rose bien podría equipararse a una actriz de Hollywood o a una modelo.
Por fuera, Sehyun parecía un joven diligente y respetable, pero en realidad estaba lejos de ser limpio.
En la orientación de la universidad, notó que Anna era la más bonita entre los estudiantes de primer ingreso y le echó el ojo. Presionó silenciosamente a los demás para aislarla, pero a Anna no le importó y asistió a clases sola.
Se preguntaba cómo podría hacer que esa chica testaruda dependiera de él, y justo en ese momento, la madre de Anna falleció. Sehyun no dejó pasar la oportunidad.
«Si podía hacerla mía con solo un día o dos de esfuerzo, salía bastante barato».
Al final, Sehyun se convirtió en el novio de Anna, pero eso fue todo. Anna era bastante conservadora en lo que respecta a las relaciones entre hombres y mujeres, y rara vez le daba alguna oportunidad. Lo más lejos que permitió fue un beso, e incluso eso ocurrió solo una vez porque Sehyun le había insistido demasiado.
Pero Sehyun esperó pacientemente. Después de todo, no faltaban mujeres para hacerse cargo de sus necesidades más bajas, y conquistar a Anna se había convertido en una especie de juego para él. Planeaba trabajar en ella paso a paso.
«Ahora actúa como si fuera la preciada hija de una familia rica, pero solo espera. ¡Terminará colgada de mi pierna, llorando porque no tiene a nadie más que a mí!».
Sin embargo, de repente fueron transportados a otro mundo. Pensó que ella se aferraría aún más a él por miedo, pero en cambio, se volvió todavía más cautelosa.
Así que Sehyun se impacientó.
Insatisfecho con ser tratado como un extranjero marginado, deseaba desesperadamente regresar a su mundo original, pero al no tener forma de saber cómo, seguía siendo un sueño lejano. Y por eso, los ojos de Sehyun comenzaron a divagar.
Otras sirvientas estaban bastante bien, pero la mujer más atractiva de la mansión era, sin duda, la institutriz, Rose. Antes de regresar a su mundo, ¿no sería agradable divertirse un poco con ella? Si lograba conseguir eso, tal vez la humillación y las dificultades que había sufrido desde que llegó a este mundo podrían recordarse como nada más que un recuerdo.
«Si Anna se entera, será problemático...».
Pero siempre podría decir que fue inevitable, que lo había hecho para reunir información. Anna lo entendería. Además, de todos modos, no estaban realmente atados como pareja.
Y la gente de la mansión creía que Anna y Sehyun eran hermanos. Cada vez que se reunían en secreto para compartir información, el ser hermanos era más fácil de justificar como afecto fraternal. En cambio, si se supiera que eran amantes, podría verse fácilmente como que andaban a escondidas.
Por lo tanto, no había ningún problema en absoluto con que él intentara ganarse a Rose. Racionalizándolo de esa manera, Sehyun se rió entre dientes. En su cabeza, ya estaba enredado con Rose, ambos retorciéndose de placer.


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