La tumba de los cisnes - Capítulo 11

Capítulo 11

Sin embargo, mientras aún estaba viva, la maestra de Rose le había enviado cartas en las que le transmitía fragmentos de los conocimientos que había obtenido. Aunque aquello constituyera un hurto clandestino de los secretos de la familia Lohengrin, para Rothbart resultó ser un golpe de fortuna. Una vez que se enteró de esto, Rothbart buscó de inmediato a Rose.

Un hombre sumamente atractivo que aparecía de la nada. El peligroso poder mágico que emanaba.

Rose había visto a muchos caballeros apuestos y populares en la alta sociedad, pero frente a Rothbart, su mente se quedó en blanco. En lugar del vigor apasionado o la frescura nacida de la torpeza que solían llevar consigo los caballeros jóvenes, él poseía una madurez curtida y refinamiento.

Pero lo que lo hacía más atractivo era la naturaleza retorcida en su interior. La traición de su esposa lo había arrastrado hacia la desconfianza.

Dicen que las heridas sanan con el tiempo, pero si te pasas hurgando en la costra, no sirve de nada. Dueño de un temperamento que rumiaba una y otra vez, revisitaba repetidamente el asunto de su esposa, lastimándose a sí mismo una y otra vez. Como si deseara no olvidar jamás el dolor de esa herida.

Lo que quedaba de él era arrogancia, desconfianza y malicia fuertemente ligadas a la persistencia, y esas emociones se convertían en una llama que lo consumía desde dentro.

Desde el momento en que Rose vio a Rothbart por primera vez, cayó rendida ante él, y supo por instinto que la información que poseía era la soga para mantenerse a su lado. Rose le rogó a Rothbart que la llevara con él.

—Es solo el método lo que necesito saber, así que ¿por qué exactamente tendría que llevarte conmigo?

—Por supuesto, como demonio que es, usted podría ejecutar magia negra si tan solo tuviera el método. Pero el hechizo de invocación del cisne del que me habló mi maestra era información incompleta, y se debe rellenar allí donde carece de contenido. Además, lo que usted desea es la reinvocación de una persona específica, por lo que el ritual debe ajustarse. Y ese proceso no se puede realizar únicamente con poder mágico...

—......

—Así que, por favor, lléveme con usted. Puede sonar arrogante que lo diga yo misma, pero en este asunto, no encontrará a ninguna maga negra más adecuada que yo.

Rothbart aceptó su propuesta.

Aunque la magia negra era sutilmente repudiada, no constituía un blanco de discriminación o castigo. Sin embargo, la invocación a gran escala que ofreciera innumerables sacrificios, tales como la invocación de cisnes o el ofrecimiento de humanos como sacrificio, estaba prohibida por la ley del reino. Por esta razón, Rose se ocultó bajo la fachada de una institutriz y permaneció en la propiedad de los Lohengrin.

Durante nada menos que cinco años a partir de entonces, Rose continuó con sus experimentos de magia negra para traer de vuelta a la marquesa.

Los cientos de cadáveres de cisnes descubiertos cada año cerca de la propiedad de los Lohengrin eran también las secuelas de la magia negra para invocar a la marquesa.

—Bueno, el momento es oportuno. De todos modos, estaba a punto de mandarte a llamar.

Ante las palabras pronunciadas con calma por Rothbart, el corazón de Rose dio un vuelco. Era un hombre que no le daba espacio a nadie a su lado y, sin embargo, a ella le permitía tantas comodidades como fuera posible. Ella era la única a la que trataba de ese modo. A diferencia de otras mujeres con las que ni siquiera cruzaba palabra, Rothbart a menudo pasaba tiempo a solas con Rose de esta manera. Por supuesto, solo era para discutir sobre la invocación, pero Rose era innegablemente la mujer más cercana a Rothbart, y la dulzura de ese hecho la embriagaba.

Pero desde su regreso de la capital, sus encuentros privados siempre la habían inquietado.

Confiaba en sus habilidades como maga negra. No tenía dudas de que completaría la invocación pronto. De hecho, ya había tenido éxito en restaurar el hechizo de invocación de cisnes en sí mismo.

Pero la reinvocación de una persona específica era otro cantar.

A medida que los fracasos se acumulaban durante años, la certeza de Rose se erosionó gradualmente.

Pero la determinación de Rothbart nunca flaqueó. Sin vacilar, ordenó que continuaran los experimentos. Al observarlo, Rose se descubrió a sí misma cada vez más satisfecha con el fracaso continuo.

«Sí. Esto es mejor. Si el experimento tiene éxito, eventualmente seré desechada. Incluso podrían matarme, como a mi maestra, para preservar el secreto. Pero si los experimentos siguen fallando... entonces tal vez pueda quedarme a su lado de por vida. Él nunca renunciará a este experimento».

Rose también sabía que Rothbart no la quería como mujer. Pero no importaba. Si la mujer cisne con el rostro del continente oriental no regresaba, entonces, al menos, ella podría quedarse con el caparazón de Rothbart.

Albergando esa secreta esperanza, Rose recibió el impacto de las atronadoras palabras de Rothbart.

—A partir de este año, los experimentos... ¿quedan suspendidos?

—Sí. Puedes marcharte de la propiedad o, si deseas continuar como institutriz, puedes hacerlo. Pero los experimentos se terminaron. Me aseguraré de que tu salario como institutriz sea pagado debidamente.

La actitud de Rothbart era seca y simple, a diferencia de alguien que deja ir una obsesión a la que se había aferrado durante años.

Rose no podía creerlo. ¿Que Rothbart renunciara a los experimentos, a la marquesa? Ella siempre había esperado en secreto que él dejara ir a la marquesa, pero este no era el resultado que había deseado. Desesperada, se aferró a Rothbart.

—¿Es porque he fracasado una y otra vez, mi señor? Pero, por favor, deme solo un poco más de tiempo. Las reacciones mágicas a los experimentos se están volviendo más fuertes, así que pronto, muy pronto, habrá resultados.

—No. No es necesario.

Ante su actitud resolutiva, Rose exclamó antes de darse cuenta:

—¡Por qué demonios...!

—¿Acaso tengo que tomarme la molestia de explicarte mis intenciones?

Los ojos rojos de Rothbart la miraron de arriba abajo de forma escalofriante. Había cometido un error. Temiendo haber provocado el desagrado de Rothbart, Rose tembló y bajó la cabeza rápidamente.

—P-pero soy su leal sirvienta, ¿no es así?... Por favor, no me deje de lado de esta manera...

—Te dije que puedes continuar como institutriz. Pero parece ser que eso por sí solo no te basta. ¿Por qué? ¿Acaso la educación del heredero del marqués es una tarea demasiado insignificante para ti?

—N-no.

Con Rothbart hablando en ese tono, ella no se atrevió a agregar nada más. Si lo molestaba más, de seguro sería expulsada, incapaz incluso de mantener su puesto de institutriz. Rose no tuvo más opción que morderse el labio con fuerza y abandonar el despacho, prácticamente echada de allí.

Trató de comprender la repentina situación. ¿De verdad el marqués había renunciado a la marquesa?

¿O había encontrado un reemplazo para Rose?

Rose sabía bien que Rothbart pasaba la mayor parte del año en la capital para obtener más conocimientos sobre magia negra. La sociedad de magos negros era cerrada, e incluso para un mago negro no resultaba fácil conseguir información, pero eso no aplicaba para Rothbart en su condición de demonio.

Por supuesto, a diferencia de la gente común, los magos negros tenían cierta resistencia a la magia, por lo que el lavado de cerebro demoníaco no funcionaba con facilidad. Sin embargo, la sola existencia de un demonio fascinaba a quienes poseían magia, y estos intentaban complacer a Rothbart sonsacando toda la información que conocían.

Gracias a los conocimientos que Rothbart obtenía de esta manera, las habilidades de magia negra de Rose también habían mejorado enormemente, pero mirándolo por el otro lado, él podría haber instruido a otro mago negro mediante el mismo método. Especialmente ahora que el método de invocación de cisnes había sido restaurado...

Tal vez en este último viaje a la capital había encontrado a alguien con más talento que ella. Al pensar eso, Rose ardió de furia.

«Cuánto he construido para llegar hasta aquí. Incluso si viene otro mago negro a reemplazarme, soy yo quien mejor conoce esta magia. ¡Todavía hay una oportunidad!».

Con semejante despecho, Rose se mordió los labios hasta hacerlos sangrar mientras regresaba a su habitación. En el camino, se topó por casualidad con un sirviente del continente oriental. Era Sehyun.

Incluso con las desgastadas ropas de mozo de cuadra, su aspecto pulcro y su sonrisa fácil bastaban para atraer al sexo opuesto, pero las miradas lascivas que seguía lanzando a hurtadillas, con el rostro encendido, lo arruinaban todo. Rose mostró su disgusto abiertamente en el rostro al pasar a su lado.

«Sucio mozo de cuadra... Dicen que es el hermano de esa sirvienta, y actúa exactamente igual. Vulgar, una porquería».

Rose detestaba a los del continente oriental. Nunca le habían hecho daño, pero el pensamiento de la marquesa, que tenía el mismo rostro que ellos, la hacía enfurecer.

Especialmente odiaba a las sirvientas.

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